Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El ángel de los números     
 
 Hoja del Lunes.    11/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Los episodios nacionales

Bueno, pues ya tenemos nuevos ministros, aunque algunos sean los mismos. Son

ministros sin chaqué, sin discursos de toma de posesión y, muchos de ellos, sin

afiliación política. De la liturgia del juramente ha desaparecido eso de los

Principios Fundamentales, y además han jurado de pie, que ya verán ustedes como

hay alguno de los de la caverna que dice que han preferido jurar de pie a

abjurar de rodillas. A esos que todavía no tienen partido habrá que esperar a

ver qué hacen para averiguarles el sexo político, tarea que no siempre resulta

fácil, porque para averiguar el sexo de un político se necesita más pericia que

para sexuar pollos, y luego resulta que el que parecía un socialdemócrata era un

"travestí" del capitalismo insaciable y cruel.

Algunos de los ministros nuevos, como les han dado ministerios recién inventados

en la reforma administrativa (o mejor dicho, en la remodelación de la

Administración Central, como nos ha enseñado el señor Graullera, que ya

empezamos con eso de los eufemismos), están ahora buscando una chabola donde

meterse, como si fueran emigrantes recién llegados de Jaén, y se pelean por ver

quién se mete en Alcalá, 44, o en" el paseo del Prado, 18, o en los aledaños de

la Moncloa, que quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija, como

explica muy bien don Joaquín en "La bolsa de los refranes".

Ninguno de ellos ha sido ministro de Franco, con la excepción da don Pío

Cabanillas, pero hay que tener en cuenta que don Pío Cabanillas es un gallego

especialista en desenganches, porque las ve venir desde lejos, y tuvo la

precaución de que lo echaran del Gobierno de1. Arias porque empezó a abrir

tantas cosas, con aquello de la apertura, que la política de entonces tuvo miedo

de agarrar una pulmonía. Barrera de Irimo se fue con él, pero eso no se lo ha

agradecido nadie, que ya se sabe que éste es un país de insolidarios y quien se

solidariza se queda de cuadra. Después, don Pío Cabanillas tuvo otra segunda

precaución, que fue la de desengancharse de don José María de Areilza, para

poder entregarle a don Adolfo Suárez en bandeja el Partido Popular. Y antes aún

tuvo la cautela de desengancharse de don Manuel Fraga y lo dejó solo ante el

peligro de las urnas. Loa demás ministros del nuevo Gobierno no pasaron, con

Franco, de directores generales o de subsecretarios, que es, hasta ahora, un

grado soportable de "contaminación".

Como hasta que todos encuentren casa propia esto va a parecer un Gobierno de

realquilados, don Pío Cabanillas se ha ido corriendo al antiguo Ministerio de

Información y Turismo (aquel en donde estuvo con Fraga cuando a Fraga le

llamaban ministro de información de sí mismo), y le ha cambiado el nombre del

frontispicio por el de Cultura y Bienestar para que no se lo quiten los que

están buscando casa y jugando a las cuatro esquinas. Por fin, en este país, la

cultura tiene un Ministerio, que a lo mejor los españoles nos acostumbramos de

una vez a ir a la ópera, a escuchar a Bach, a no decir que Picasso es un

pintamonas, a entender a Bertolt Brécht y a tener un libro en las manos, en vez

de tener en las manos el hacha de "la guerra o la tea del incendiario o la

garrota del tío Honorio. Como además de ser ministro de la Cultura don Pío

Cabanillas también va a ser ministro del Deporte, ya ha dicho que el español

tiene que dejar de ser solamente un hincha, como esos que pasaron por Burgos, y,

a lo mejor, nos pone a montar en bicicleta, como hizo López Rodó en Holanda, o a

jugar al golf, como hacía don Carlos Arias en El Escorial, o a subir a la red,

como hace Adolfo Suárez, o a pescar truchas, como hizo Fraga cuando perdió las

elecciones. A Nacho Camuñas -le puede comprar una moto para que sea el Ángel

Nieto del Gobierno y pueda ser el chico de los recados entre la Moncloa y la

carrera de San Jerónimo, como dice Paco Umbral.

—Oye, Nacho, que vayas y que le digas a Hernández Gil que a ver si puede

retrasar el pleno hasta mañana, que Leopoldo todavía no se ha aprendido de

memoria el discurso para contestarle a Felipe.

—Que dice Hernández Gil que bueno; pero que Leopoldo no hable mucho, porque va a

ser peor.

—Oye, Nacho, que vayas a las Cortes y digas que las abran por fin el 22, y que

Felipe se aguante, que ya está bien de que presuma tanto de republicanote.

—Que dicen que bueno, pero que a lo peor los del PSOE arman la marimorena desde

el primer día.

—Oye, Nacho, que vayas al Senado y digas que les pongan a los senadores

azucarillos, que es lo que quiere Camilo Cela, y que si no se los ponen, como es

tan mal hablado, nos va a poner él a todos como a la Catira.

—Que dicen que bueno, que pondrán azucarillos, pero que ya sabes que hubo una

vez

que sus señorías se tiraron los vasos de los azucarillos a la cabeza, y después

se tiraron las bandejas, y por fin terminaron por sacudirse con los bastones.

—Pues que les sirvan los azucarillos, pero que los senadores dejen los bastones,

si es que los llevan, en el guardarropa.

Al poco tiempo de nombrar el Gobierno se rompió el chisme ese de La Mudarra y

nos quedamos todos a media luz, como en el ´último cuplé. Los de las cuevas de

Altamira se aprovecharon en seguida de la coincidencia y explicaron que eso

quería decir que "apaga y vamonos". Pero la luz volvió en menos de una hora, que

casi no dio tiempo a nada, y no como en Nueva York, que les dio tiempo para

dejar preñadas a todas las Bettys que no llevaban la pildora en el bolso, y

ahora ya podemos otra vez seguir gastando energía eléctrica y de la otra, aunque

no nos lo podamos permitir ni yo, ni usted, ni España.

—Ah, Nacho, se me olvidaba. Que vayas a las Cortes y digas que sí, que dejen

entrar sin corbata a los diputados socialistas.

—Pero es que mi padre, cuando daba clase en la Escuela de Arquitectura, echaba

del aula a los alumnos que iban sin corbata. Y a lo mejor me dice mi padre que

para eso no me puso él todo aquel tinglado de "Guadiana".

—Estos son otros tiempos, que estamos con lo del cambio. Y además yo no te he

hecho ministro para que me discutas, sino para que lleves bien los recados. Y

tampoco se trata de que los diputados se hagan arquitectos. De lo que se trata

es de hacer la Constitución y de ver cómo salimos de ese lío de la especulación

del suelo. Y a ver si piensas en casarte, que ya va siendo hora, y además te van

a brear con la reforma de la contribución sobre la renta.

Ha dado la hora de la economía. Nos lo ha dicho el profesor Fuentes Quintana por

la "tele". El profesor Fuentes Quintana es como el San Jorge del nuevo Gobierno.

Lo han mandado a matar al dragón. El dragón es una bestia de mucho cuidado y de

padre y muy señor mío. Y además tiene muchas cabezas. Las cabezas que más le

preocupan a Fuentes Quintana son las de la inflación, el paro y la ´reforma

fiscal. Una vez que conocemos los números del escrutinio, ahora nos tenemos que

preocupar de los números de la economía; Ya saben ustedes que eso de la economía

no va bien. Una nación es como una familia, y estamos viviendo como una familia

que se gasta más de lo que gana. Si seguimos así terminaremos con los ahorros, y

no vamos a encontrar un banco internacional que nos preste un dólar. Encima, los

árabes van a subir otra vez el petróleo, y nosotros seguimos gastando más

gasolina que los ricos de Europa. Por otra parte, todos queremos más, y más, y

más, y mucho más, que es una canción que empezó a cantarse hace muchos años y

que venimos cantando desde entonces, y los de los nuevos sindicatos dicen que

nada de pacto social, que eso sirve para que paguen el pato los obreros, y no

vamos a traer la democracia para apretarnos el cinturón y para que sigan

viviendo bien los de siempre.

O sea que la coyuntura no es nada favorable, que es lo que dicen los economistas

cuando uno se mete en un lío de ordago y las cosas van casi como en Sofico. Aquí

hace falta un milagro, pero como el folklore religioso está en decadencia, que

hasta monseñor Yanes ha dicho que nada de entrar en taragoza a lomos de muía

blanca, en vez de sacar en rogativa a San Pancracio, hemos hecho vicepresidente

del Gobierno a don Enrique Fuentes Quintana para que arregle el desaguisado

económico. Lo que pasa es que el desaguisado económico, como no pasemos todos

por el aro, no lo puede arreglar ni Fuentes Quintana ni San Pancracio. Vamos a

ver qué medidas toma el Gobierno y qué es lo que nos piden a los españolitos, a

los españolitos del yate, y a los españolitos del seiscientos, y a los

españolitos que quedan de a pie. Yo imagino al profesor Fuentes Quintana en

estos momentos como al ángel de los números del poema de Rafael Alberti,

volando, en la pizarra, sobre el 1 y el 2, sobre el 3, sobre el 4. Que San Jorge

te asista, querido vicepresidente. Que el ángel de los números te lleve la mano.

Y que el país te siga, a ver si cambia el paisaje sombrío de la economía. El

país y el paisanaje. Es decir, todas las exóticas, insolidarias, variopintas y a

veces feroces especies que componemos la fauna ibérica, desde el urogallo

banquero a la ardilla sindical, como diría Rodríguez de la Fuente.

Señores: en el flamante reloj de la política ha sonado la hora de la economía.

Sobre nuestras confiadas cabezas de despilfarradores vuela el ángel de los

números.

Jaime CAMPMANY

 

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