Los asesores del presidente     
 
 ABC.    26/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LOS ASESORES DEL PRESIDENTE

Parece inminente el nombramiento de varios asesores del presidente Suárez. Tanto

que incluso se ha especulado con nombres y apellidos algunos muy conocidos y

apreciados dentro de su respectiva actividad , barajándose la fecha del Consejo

de Ministros en que se hará efectiva su designación y hasta la ubicación de sus

despachos, dentro del complejo residencial y de gobierno en que se ha convertido

la Moncloa.

Creyendo interpretar al país, más preocupado que otra cosa después de las

primeras medidas económicas, nos atrevemos a preguntar, usando la antigua

fórmula del «a quien corresponda», en qué van a consistir esas asesorías y cuál

va á ser el trabajo de esos asesores. Saber, en suma, el contenido de esos

cargos antes de que la orden correspondiente salga en el «Boletín Oficial del

Estado», es nuestro objetivo. Y como prueba de los peligros ´que comporta el no

saber, y por ello el imaginar, vayan a continuación unos cuantos botones de

muestra.

.¿Asesores, para qué? No quisiéramos suponer que se trata de una medida

compensatoria, de unos cargos creados a modo de .premios de consolación, \>a que

entre los futuros asesores los hay que hubieran podido ser ministros en el

actual Gabinete; es más, que hubieran debido ser ministros en el Gobierno, y que

quizá no lo han sido por las componendas y pactos parlamentarios.

Pero si no se trata de cargos de consolación lo que no estaría nada bien, en

plena inflación de cargos en los Ministerios, con la peseta más devaluada que

nunca y con el país abocado a aceptar sacrificios propios , ¿cuál será su papel?

¿Se tratará de aconsejar al presidente que acepte o rechace los proyectos de sus

ministros, acaso de encargarles más tareas, de imponerles más deberes desde la

Presidencia?

De una u otra forma, Jo que amenaza es la posible formación de camarillas, las

dualidades gratuitas y el incremento de la Complicación burocrática. Y tan sólo

favorecería a la formación de rumores y al posible desplazamiento de los centros

de poder desde sus actuales plataformas a una tierra más o menos in

cógnita.

Por otra parte, sólo recordar el juego dado por otros asesores, hasta el momento

los más famosos de !a historia contemporánea, los de Richard Nixon, harte erizar

los cabellos del país entero. Así, pues, lo más sensato parece no dar rienda

suelta a la fantasía. Suplir las suposiciones con información. ¿Para qué los

asesores?

 

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