Gobierno responsable y controlado     
 
 Diario 16.    08/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Gobierno responsable y controlado

Con dos meses de retraso el Gobierno parece haberse decidido a presentar ante

las Cortes un programa político. Ya es sorprendente que un Gobierno que se

considera a sí mismo legitimado por las urnas no haya comprendido hasta ahora

mismo la necesidad de obtener del Parlamento —expresión de esa soberanía popular

en que pretende legitimarse—• el visto bueno de su política. Una aprobación que

no puede limitarse, como se ha dicho, a un refrendo "de alguna forma", sino que

ha de concretarse en una votación que no deje lujar a dudas acerca del apoyo

parlamentario. Los hombres del Gobierno parecen moverse todavía en la

periclitada concepción dictatorial según la cual lo importante es el Ejecutivo.

Las Cortes quedaban limitadas a un papel de dóciles comparsas. Algunos siguen

viendo a las Cortes como un coro de voces discrepantes o como un desfogadero de

pasiones y frustraciones; pero piensan que gobernar, lo que se dice gobernar, ha

de seguir siendo misión de esos "sancta sancíorum" de poder que se mantienen,

por supuesto, al abrigo de la algarabía y los vaivenes parlamentarios.

Esta mentalidad explica también que en la Comisión de Reglamento del Congreso,

los diputados centristas hayan rechazado la regulación del voto de censura.

Posiblemente habrán argumentado que la inclusión o no del voto de censura es

"una -cuestión sustantiva propia de la Constitución que debe quedar al margen

del formalismo reglamentario. Pero, en todo caso, se refleja en este hecho la

actitud de supervaloración del Ejecutivo a costa del Parlamento. La idea de un

Gobierno sometido a los votos de las Cortes parece producir escalofríos y

angustias sin fin en los actuales gobernantes, como si no se hubieran curado de

la alergia al "parlamentarismo liberal" de sus años mozos.

Es de esperar que a nadie se le ocurra mantener que, puesto que todavía no hay

Constitución, siguen vigentes las Leyes Fundamentales del franquismo, según las

cuales el Gobierno sólo es responsable ante el Jefe del Estado. Con

independencia del momento jurídico-constitucional en que nos encontramos, es

evidente que la única posibilidad de construir una monarquía democrática es en

el marco del régimen parlamentario. Esto quiere decir que el Gobierno es

responsable ante las Cortes y está sometido a su control. Después del 15 de

junio no caben dudas: sólo el voto favorable del Parlamento puede legitimar al

Gobierno y su política. A votar, pues, y cuanto antes, previo debate de los

programas presentados.

Por otra parte, convendrá que las Cortes no se limiten, pese a su género

gramatical, a un papel pasivo y puramente receptivo frente al "machismo" del

Gobierno. Como representantes del pueblo, sensibles a .las vicisitudes de la

opinión pública, deben tomar la iniciativa y exigir del Gobierno que tome

decisiones y asuma sus responsabilidades en temas y sectores en que parece

decidido a seguir la vieja y gastada fórmula del "laissez faire".

Por ejemplo, ¿por qué no toman en las Cortes la iniciativa de presentar al

Gobierno un proyecto de amnistía que termine de una vez con la podrida situación

del País Vasco? Si el Gobierno no es capaz de acabar con el equívoco de los

extrañados que se pasean con toda libertad y de los últimos encarcelados vascos

utilizados como pretexto para martener un estado de agitación continua,

corresponde a las Cortes proponer las medidas que restablezcan definitivamente

las condiciones de la paz civil.

El Parlamento, además, debe controlar no sólo los casos concretos o que le

afecten, como el del diputado Blanco, sino la política general del Gobierno. Sin

control parlamentario no hay democracia sino otra cosa que ya nos sabemos.

 

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