Reestructuración administrativa     
 
 Ya.    08/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Reestructuración administrativa

EN el "Boletín Oficial del Estado" se ha publicado el esperado decreto de

reestructuración de determinados órganos de la Administración Central del´

Estado. Más que una reforma es evidente que se trata de una reestructuración,

consistente en los retoques Imprescindibles de las competencias globales de los

departamentos ministeriales, tendente a que, en-su momento, puedan plantearse

ante los órganos representativos de la nación las líneas de una auténtica

reforma administrativa, que ahora no se contempla.

DOS son las finalidades a las que, en principio, Intenta responder el decreto.

Una, conseguir una mayor coordinación, racionalidad y eficacia administrativa,

siendo los ejemplos más característicos la creación del Ministerio de Defensa y

del Ministerio de Economía. Este último es resultada, por una parte, de la

necesidad de agrupar una serle de competencias actualmente dispersas en materia

dé ordenación y planificación económica; por otra parte, de la conveniencia de

singularizar las decisiones de política económica. La otra finalidad es acomodar

la estructura de la Administración Central del Estado a la aparición de nuevos

campos, que exigen un mayor relieve y un tratamiento más específico.

EN este sentido, la reestructuración administrativa hay que contemplarla

positivamente, pero sólo como un paso hacia adelante. Una verdadera reforma con

independencia de los trámites idóneos para su discusión y aprobación, qué

obligan a desechar la vía del decreto exige resolver esos aspectos que en esta

ocasión han motivado actitudes beligerantes de algunos cuerpos de la

Administración y que, tarde o temprano, tendrán que posponer sus Intereses a una

estructuración administrativa más profunda y, por consecuencia, más eficaz y

aceptable. Habrá, que esperar.

POR ahora, más dudosa es la reducción del gasto público de la reestructuración

que motiva este comentario, basada en el artículo 26 del decreto-ley de 8 de

octubre de 1976, que preveía la posibilidad de su realización con la finalidad

de restringir el gasto público, aparte, por supuesto, de incrementar la eficacia

administrativa. Esto último es posible, pero sinceramente pensamos que el

aspecto del gasto público va a ser difícilmente alcanzable. En síntesis, y no

podemos engañarnos, la -reestructuración administrativa era necesaria, incluso

en estos difíciles momentos económicos, pues su distanciamiento de las

verdaderas necesidades era palpable. Pero la reforma, lo que se dice la reforma,

se ha dejado para mejor ocasión, pues no hay que olvidar que su sentido no debe

sólo ser modificar la organización de la Administración Central, sino también la

periférica e institucional.

 

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