El tercer gobierno de la Corona     
 
 Arriba.    05/07/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL TERCER GOBIERNO DE LA MONCLOA

EL Gobierno que acaba de formar el Presidente Suárez tiene, respecto de los

precedentes, diferencias sustantivas. Es el primer Gobierno democrático de la

nueva etapa política de España, reflejo de la voluntad mayoritaria expresada en

las recientes elecciones generales y contiene en sí corrientes políticas varias

que. aún unidas en el Centro Democrático, conservan suficiente personalidad como

para permitir un ponderado equilibrio ideológico, apto para el análisis de la

congruencia entre los cargos y las personalidades designadas para cada uno de

ellos.

Ofrece asimismo la novedad de que es un Gobierno con oposición, tanto en el

Parlamento como en la calle, lo que normaliza nuestra vida pública. No será una

oposición de mero formalismo —como bien se ha observado, no hay similitud alguna

entre el PRI mejicano y la Unión de Centro—, porque la integran más de un

centenar de diputados socialistas, así como otros a la derecha y a la izquierda

de los grandes partidos. La división del sufragio ha sido muy homogénea con la

que predomina en los principales países de Europa occidental.

Tampoco es ya un Gobierno de transición, como sus dos inmediatos precedentes,

gestores del cambio desde el autoritarismo a la democracia. Es un Gabinete para

«gobernar», esto es, para buscar y aplicar soluciones a los múltiples problemas

concretos del país.

Y se presenta con algunas innovaciones estructurales, largamente reclamadas por

el sentido común y la eficacia:

integración de los tres Ministerios militares en uno de Defensa, conforme es

práctica común en los países libres; creación de Ministerios tan necesarios como

Transportes y Comunicaciones, Sanidad y Cultura.

Con el auxilio de este Gabinete, Adolfo Suárez se enfrenta ahora a un poderoso

desafío, con un país abierto a la esperanza de que sea posible la definitiva

consolidación -del sistema democrático. Las cuatro grandes facetas de este-

desafío tienen nombres concretos: nueva Constitución, autonomías regionales,

crisis económica y elecciones municipales. Hay materia para el más ambicioso

programa de Gobierno. Y será el propio Gobierno quien habrá de informar al país

de lo que se propone pedirnos y de las metas que nos ofrece. Sabemos que, en

esta ocasión,´ la declaración programática del Gobierno no va tener el carácter

rutinario a que nos acostumbraron las últimas décadas, que va a definir la

trayectoria de un propósito comunitario. Será escuchada con atención y analizada

con rigor.

Los hombres elegidos por el Presidente para formar el nuevo equipo ´ministerial

habrán experimentado, sin duda, una nueva emoción: ya no son hombres convocados

para regir autocráticamente un país oficial ajeno a las realidades de a calle,

sino que van a gobernar el país real, con el derecho que les conceden Tos votos

y con la responsabilidad plena y sin paliativos que a todos exige la democracia.

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