Pastoral de los obispos vallisoletanos. 
 "La iglesia no puede ser neutral ante el clamor de los que sufren"  :   
 "Necesitamos un cristianismo basado en una fe personal que se viva comunitariamente". 
 ABC.    05/01/1977.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIÉRCOLES 3 DE ENERO D E 1977.

la iglesia en el mundo de hoy

PASTORAL DE LOS OBISPOS VALLISOLETANOS

«LA IGLESIA NO PUEDE SER NEUTRAL ANTE EL CLAMOR DE LOS QUE SUFREN»

"Necesitamos un cristianismo basado en una fe personal que se viva

comunitariamente"

Valladolid, 4. (Europa Press.) Bajo el título «Ante una nueva etapa», los

obispos de.la provincia eclesiástica de Valladolid han publicado una carta

pastoral en la que afirman que «la Iglesia no puede ser neutral ante el clamor

de los que sufren y cuando entran en juego los valores evangélicos».

La pastoral está firmada por el arzobispo de Valladolid, monseñor Delicado

Baeza; y los obispos de Ciudad Rodrigo, monseñor Mansilla; de Salamanca,

monseñor Rublo; de Segovia, monseñor Palenzuela; de Zamora, monseñor Poveda, y

de Avila, monseñor Fernández García.

En la pastoral los prelados manifiestan sus satisfacciones por «la recuperada

libertad Interior de la Iglesia, después de varios siglos, para designar a sus

propios pastores, en un tiempo en que se desea vivamente el ejercicio del

ministerio pastoral de una manera cada vez más Ubre e Independiente».

Tras compartir los problemas que afectan a amplios sectores castellanos, los

prelados señalan que «la misión de la Iglesia no es primariamente ofrecer el pan

material, sino anunciar y hacer presente el "pan de vida", el que el Padre nos

da a los hombres. Cristo, el Señor, para que todos nos adhiramos a El por la fe

y vivamos fraternalmente, construyendo el mundd con los valores que Cristo

anunció con su vida y su palabra».

«En el ejercicio de su misión —agrega— la Iglesia española entra ahora en una,

nueva etapa. No es sólo la sociedad la que cambia en torno nuestro para vivir un

clima de libertades, de participación y de pluralismo mayores; todo ello

repercute también en la vida eclesial. porque son los mismos creyentes los

afectados por esas, nuevas condiciones sociales. Es un reto de nuestro tiempo,

pero que no hay que calificar necesariamente de una manera negativa, sobre todo,

a partir de la perspectiva del Vaticano II: saber leer los signos de los

tiempos, aprender las lecciones de la historia o dejarse -enriquecer por los

verdaderos progresos der mundo puede servirnos a todos para la. vida cristiana,

ya que, con el necesario discernimiento, se convierten en estimulo para

testimoniar el Evangelio de una manera más pura, Ubre y consecuente, por ser

quizá más indefensa y pobre.»

En este sentido, los obispos vallisoletanos dicen que «más que nunca,

necesitamos un cristianismo, no tanto de leyes y de costumbres externas que

suplan quizá la carencia del verdadero espíritu de fe, sino de experiencia de

una fe personal, siempre en camino hacia la madurez cristiana, que se vive cada

vez más comunitariamente, compartiendo los dones del espíritu v las

responsabilidades eclesiales, pero en comunidades abiertas a la misión».

Finalmente, hacen el siguiente llamamiento: «Deponed el temor, el desaliento y

la pasividad; superad las vacilaciones y tensiones que son fatiga y esterilidad;

trabajad por profundizar en vuestra fe y dad razón con valentía de vuestra,

esperanza en vuestros ambientes y en toda ocasión; contribuid-a que se formen

comunidades cristianas de toda índole, pero vivas y comprometidas en el

testimonio de la caridad, e Iritercomunidades entre sí por la oración y el deseo

comunes, el respeto, las búsquedas y la colaboración; tomad en serio la

construcción del mundo, la justicia y la fraternidad: mostrad que la fe

verdadera y viva purifica ambientes, estimula a cambiar estructuras Injustas y

es una fuerza que hace presente el reino.de Dios entre los hombres.»

«Haceos conscientes de que somos todos los que construimos la Iglesia, de que

manifestamos u ocultamos el reino y aun el mismo rostro de Dios con nuestras

obras, y de que, a pesar de las dificultades, es hermoso haber sido llamados

cada uno por su nombre para ir anunciando en todo lugar la Inmensidad del amor

del Padre, que se manifiesta en Jesús por la fuerza de su espíritu; lo más

hermoso: lo único que puede dar un sentido cumplido a la vida del hombre.»

 

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