Cartas cristianas. 
 "El cristiano no puede dar su nombre a partidos totalitarios ni a los que preconizan la violencia"  :   
 Dice el cardenal Tarancón en "Iglesia en Madrid". 
 Ya.    09/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

CARTAS CRISTIANAS

"El crlsfiniío no puede dar su nombre a partidos totalitarios ni a los que

preconizan la violencia"

DICE ÉL CARDENAL TARANCON EN "IGLESIA EN MADRID"

El cardenal Tarancón publica en "Iglesia en Madrid" su novena tarta cristiana,

bajo el título "L¿m totalitarismos", dentro de I» ¡serie "Los cristianos y la

política". La carta dice así:

EL, hombre tiende, casi instintivamente, a imponer SUB propios criterios porque

cree >jue son los mejores. Es fácil sentirnos en posesión de la verdad, áe toas,

la vecüS-d, >" cresr qus ha semas un •servicio a .´.os demás coaccionándoles

para que la acepten, Al fin y a¡ cabo, decimos, ¡á verdad es un bien supremo y

nos parece justo emplear toda clase Je medios para difundirla, para defenderla,

para imponerla a ¡os otros.

Nosotros, los católicos, que estamos en posesión de - la verdad religiosa,_hemas

cedido, no pocas veces, a esa tentación. Creíamos que «1´tna.yor tvea qu&

podíamos hacer a. lo s~ hombres y a ios pueblos era obligarles a que aceptasen

el mensaje de Dios Salvador.

No nos dábamos cuenta de que Dios—el Omnipotente—no obra do esa manera.. El hizo

al hombre libre, responsable de eu propio destino, y respeta siempre ésa

libertad.. No quiere servidores a. 3a. fuerza, sino que exige la aceptacion.de

los hombres para que loa dones que reparte gratuitamente fructifiquen en cada

uno.

El decreto del Concilio sobre libertad religiosa aclaró definitivamente esta

verdad. Todos tos hombres tienen ei deber ineludible de buscar )a verdad

religiosa, que está en el cristianismo. Pero a nadie se le debe imponer esa

verdad. Y ía autoridad está obligada &• procurar y defender la libertad

religiosa de todos los ciudadanos en BU ordenamiento Jurídico.

La razón ultima y radica! por la que nc es licita esa imposición es porque.se

opone a la naturaleza-humana ta¡ como ha sido creada por Dios. Es inhumana. Y lo

inhumano no puede ser cristiano.

Es verdad que en el orden político, en el que el bien común es el objetivo

supremo, ¡a libertad de los hombres estará siempre condicionada por ese

objetivo. Y puede darse el caso cíe que "por razones de bien común se restrinja

temporalmente el ejercicio de loa derechos" propios del hombre. Un régimen

autoritario puede ser, en algunas circunstancias concretas, la única solución

viable para un pueblo. Pero un régimen-totalitario o dictatorial, además de

sumamente peligroso, será siempre un mal, aunque, en alguna ocasión, pueda ser

un mal. necesario, como una operación quirúrgica.

El Concilio dice que "es inhumano que ]a autoridad política caiga en formas

totalitarias o -en formas dictatoriales que lesionen gravemente loe derechos de

!a persona o &e los grupos sociales´´. Y ya he dicho que lo´ Jnhvmano no puede

ser cristiano.

El cristiano, por lo tanto, no puede dar su nombre a .partidos que defiendan el

totalitarismo, en cualquiera de sus aspectoe, como norma de convivencia.. Como

tampoco puede alistarse en ´los que preconicen la violencia para apoderarse del

poder: el fruto de la violencia es, casi´ ineludiblemente, la dictadura

totalitaria.

Es lástima—además de inexplicable en una sociedad que se preciaba de ser

cristiana—que la polarización extremista de las posturas políticas—y lo qua era

peer, político-religiosas—haya hecho posible la frase de dos Españas Incapaces

de convivir en paz. Y que una y otra ss organizasen y antuasen para vencer a loa

adversarios, no para integrarlos en una tarea común.

Sería una verdadera pena que no aprendiésemos ahora las lecciones de la

historia—que tantas veces ha estado teñida da sangre de españoles en contiendas

intestinas y en verdaderas -guerras civiles— y volviésemos a plantear el futuro

con afanes exclusivistas y totalitarios.

Gracias a Dios, ha cambiado notablemente el talante de la nueva generación y

creo que es éste el momento^ oportuno—providencial para que ensayemos otro clima

y otro género de convivencia política y social. Siempre, claro está, que

acertemos a olvidar lo pasado y, sin ánimos de revancha, trabajemos todos por

una sociedad más comprensíva, más dialogante, más justa, más libre;

definitivamente, más humana.

Líos totalitarismos nunca solucionan definitivamente los problemas de la

convivencia. SI acaso, los aplacan, para que reaparezcan después con mayor

virulencia. Los totalitarismos, de cualquier clase que sean, inducen a

reacciones violentas y a actitudes agresivas, incompatibles con la paz y con la

seguridad pública.

Todos ios cristianos hemos (Je convencernos de que la mejor manera de Ilegar a

una política auténticamente- humana es fomentar e\ sentido interior de Justicia,

de comprensión, de so1idarídad, de respeto a los demás, de libertad y da paz.

 

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