Carta del cardenal Enrique y Tarancón. 
 "El cristiano no puede dar su nombre a partidos que defiendan el totalitarismo"  :   
 "En el orden político, la libertad de los hombre debe estar siempre condicionada por el bien común". 
 ABC.    09/01/1977.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC DOMINGO I. DE ENERO DE 1971.

la glesia en el mundo de hoy

CARTA DEL CARDENAL ENRIQUE Y TARANCON «EL CRISTIANO NO PUEDE DAR SU

NOMBRE A PARTIDOS QUE DEFIENDAN EL TOTALITARISMO»

«En el orden político, la libertad de los hombres debe estar siempre

condicionada por el bien común»

Bajo el título de «Los totalitarismos», el cardenal Tarancón publica esta semana

en «Iglesia en Madrid» su habitual carta cristiana, que en esta ocasión es la

novena dedicada al tema general de «Los cristianos 7 la política».

El texto íntegro de la carta de esta semana es el siguiente:

El hombre tiende, casi instintivamente, a imponer sus-propios criterios porque

cree que son los mejores. Es fácil sentirse en posesión de la verdad, de toda la

verdad, y creer que hacemos un servicio a los demás coaccionándoles para que la

acepten. Al fin y al cabo, decimos, la verdad es un bien supremo y nos parece

justo emplear toda clase de medios para difundirla, para defenderla, para

Imponerla a los otros.

Nosotros, los católicos, que estamos en posesión de la verdad religiosa, hemos

cedido, no pocas veces, a esa intención. Creíamos que el mayor bien que podíamos

hacer a los hombres y a los pueblos era obligarles a que aceptasen el mensaje,de

Dios Salvador.

No nos dábamos cuenta de que Dios —el Omnipotente—• no otara de esa manera. El

hizo al hombre libre, responsable de su propio destino, y respeta siempre esa

libertad. No quiere servidores a la fuerza, sino que exige la aceptación do los

hombrea para que los dones´que reparte gratuitamente fructifiquen en cada uno,-

BUSCAR LA VERDAD RELIGIOSA.— El decreto del Concillo sobre libertad religiosa

aclaró definitivamente esta verdad. Tocto los hombres tienen el deber ineludible

de buscar la verdad religiosa, que está en el cristianismo. Pero a nadie se le

debe imponer esa verdad. Y la autoridad eáta obligada a procurar y defender la

11-bartad religiosa de todos los ciudadanos, en su ordenamiento jurídico.-

La razón última y radical por la que no es lícita esa imposición es porque se

opone a la naturaleza humana tal como ha sido creada por Dios. Es inhumana. Y

•lo inhumano no puede ser cristiano.

Es verdad que en el orden político, en el que el bien común es el objetivo

supremo, U libertad de los hombres estará siempre condicionada por ese objetivo.

Y puede darse el caso de que por razones de bien común se restrinja

temporalmente el ejercido de los derechos», propios del hombre. Un régimen

autoritario puede ser, en algunas circunstancias concretas, la única solución

viable para un pueblo. Pero un régimen totalitario o dictatorial, además de

sumamente peligroso, será siempre un mal, aunque, en alguna ocasión, pueda ser

un mal necesario, como una operación quirúrgica.

LO INHUMANO NO PUEDE SER CRISTIANO.—El Concilio dice que «es Inhumano que la

autoridad política caiga en formas totalitarias o en formas dictatoriales que

lesionen gravemente los derechos de la persona o de los grupos sociales». Y ya

he dicho que lo inhumano no puede ser cristiano.

El cristiano, por lo tanto, no puede dar su nombre a partidos que defiendan el

totalitarismo, en cualquiera de BUS aspectos. como normando ..convivencia.

..Como tampoco puede «listara»-ea, íoBi.que^ pre-

conicen la violencia para apoderarse deí poder: el fruto de la violencia es,

casi ineludiblemente, la dictadura totalitaria.

Es lástima —¿demás de inexplicable en una sociedad que se preciaba de ser

cristiana— que la polarización extremista de las posturas políticas —y lo que

era peor, político-religiosas— haya hecho posible la frase de dos. Españas

incapaces de convivir en paz. Y que una y otra se organizasen y actuasen para

vencer a los adversarlos, no para Integrarles en una tarea común.

Seria una verdadera pena que no aprendiésemos ahora las lecciones de la Historia

—que tantas veces ha estado teñida de sangre de españoles en contiendas

Intestinas y en verdaderas guerras civiles— y volviésemos a plantear el futuro

con afanes exclusivistas y.totalitarios.

POR UNA SOCIEDAD MAS JUSTA.— Gracias a Dios, ha cambiado notablemente el talante

de la nueva generación y creo que es éste el momento oportuno —providencial—

para que ensayemos otro clima y otro género de convivencia política y social.

Siempre, claro está, que acertemos a olvidar lo pasado y, sin ánimos de

revancha, trabajemos todos por una sede» dad más comprensiva; más dialogante,

mas justa, más libre: definitivamente, has huí mana.

Los totalitarismos nunca solucionan definitivamente los problemas de la convfc

vencía. SI aca^o, los aplazan, para que reaparezcan después con mayor

virulencia, Los totalitarismos, de cualquier clase qué sean. Inducen a

reacciones violentas • y é actitudes agresivas, incompatibles con la paz y con

la seguridad pública.

Todos los cristianos hemos de convencernos de que la mejor manera de llega» a

una política auténticamente humana e* fomentar el sentido Interior de justicia,

de comprensión, de solidaridad, de respeto 4 los demás, de libertad y de paz.

 

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