Tarancón, en su carta cristiana. 
 "Ha habido una guerra de competencias" entre la Iglesia y el Estado  :   
 Esta situación, afirma, no se podía mantener. 
 Pueblo.    15/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Tarancón, en su "carta cristiana"

"HA HABIDO UNA GUERRA DE COMPETENCIAS

® Esta situación, afirma, no se podía mantener

MADRID. (PUEBLO.)—«La política tiene sus propias leyes, sus peculiares

exigencias. Ha de conseguir el bien temporal de los ciudadanos. No puede servir

de medio para defender la fe o para imponer la autoridad de la Iglesia», afirma

el arzobispo de Madrid, monseñor Tarancón, en la décima «carta cristiana»,

correspondiente a la serie «Los cristianos y la poli-tica», que cada sábado

viene publicando en la hoja semanal «Iglesia en Madrid».

El cardenal Tarancón, en su carta, que titula «La autonomía del orden político»,

insiste en su conocida tesis de la necesidad de separación entre la Iglesia y el

Estado, y afirma que «muchos españoles tienen la sensación de que la autoridad

política ha estado mediatizada por la Iglesia. Otros —dice— creen que la

autoridad eclesiástica ha estado coaccionada, no pocas veces, por la realidad

política. «Los "privilegios" de la Iglesia, de los que tanto, y tan ligeramente

se ha hablado durante los últimos años, eran considerados por todos como un

condicionamiento mutuo de las dos sociedades.»

«El clima conflictivo que ha reinado durante algún tiempo entre la Iglesia y el

Estado, entre la Conferencia Episcopal y el Gobierno —prosigue— ha sensibilizado

a todos los españoles sobre este problema: el de la autonomia e independencia de

las dos saciedades. Y tanto la iglesia como el Gobierno han querido precisar sus

respectivas competencias, mirándose con recelo, porque una y otro se creían que

existía una injerencia indebida: ha habido, no lo podemos negar, una guerra de

competencias.»

«El régimen que algunos han llamado de «cristiandad» y la realidad española, que

fundó su unidad princpalmente en el catolicismo —era lo que antes nos unía a

todos los hombres y pueblos de España, tan distintos entre si— ha hecho que esa

confusión entre los dos poderes o, al menos, la injerencia mutua, fuese una

realidad evidente durante muchos siglos en nuestra Patria».

Más adelante, Tarancón afirma que —sin renunciar a nada de lo pasado— esta

situación no se puede mantener por imperativo del Concilio y, si bien en un

Estado confesional, algunos concebían el poder político como medio para

potenciar la misión evangelizadora de la Iglesia, la autonomía de la comunidad

política no aparecía entonces claramente. Más adelante señala que ese modo de

proceder ayudó no poco a la división entre españoles, creando el mito de las dos

Españas y consiguió que reacciones «contestatarias» contra un orden político u

orden social se convirtiesen en conflictos graves contra la Iglesia y se crease

un «anticlericalismo feroz».

La carta termina diciendo que los cristianos han de defender en política la

auténtica libertad de la Iglesia para ejercer su misión; no debe servirse de la

política para defender su fe o conseguir privilegios para la Iglesia.

 

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