Autor: Aradillas, Antonio. 
 El fundador del protestantismo. 
 Hacia la rehabilitación de Lutero     
 
 Pueblo.    07/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 39. 

El fundador del protestantismo

TEOFANES Egido, carmelita descalzo, licenciado en Teología y profesor de

Historia Moderna de la Universidad de Valladolid, es, por supuesto, católico,

celebra misa todos los días y no tiene la más´ remota intención de casarse, y

menos con una monja.......

Estas advertencias, un tanto extemporáneas, no resultarán ociosas, al proclamar

la noticia de que Teófanes Egido acaba de publicar en español el tomo primero de

la obra de Lutero, en cuya introducción explica científicamente muchas de sus

cosas, con lo que claramente incita a creer que la rehabilitación del padre del

protestantismo se hace indispensable y urgente ante el mundo católico, si es

que, a estas alturas, queremos ser de verdad personas serias y además católicas.

9 FIGURA MANIPULADA

A muchos españoles ni siquiera les suena Lutero. A otros muchos les suena tal

mal, que sólo su nombre les recuerda al demonio. Lutero ha estado y está

deliberadamente ignorado en España, para lo que se han valido de procedimientos

inquisitoriales, cuya urgencia perdura todavía.

La presentación que católicamente nos han ofrecido de Lutero resulta no sólo

acientífica, sino monstruosamente injusta, teniéndose necesidad de rehacerse lo

antes posible... No sé si llegaremos a canonizar algún día a Lutero, pero lo que

si sé es que los principios éticos mas elementales exigen que la figura del

fundador del protestantismo no se nos siga ofreciendo de aquí en adelante a los

españoles como hasta el presente.

—¿Qué tuvo Lutero de bueno?

—Yo diría que casi todo. Dispuso de una maravillosa voluntad y de una una

sensibilidad religiosa, que fue precisamente lo que je movió a plantear y a

urgir la reforma de la Iglesia. Fue un hombre de gran honradez. Y muy

espiritual: todo lo centraba en Cristo, procurando despotar ía verdadera

religion lie tantas devociones, peregrinaciones, procesiones, indulgencias...

que muchas de ellas habían conseguido ocultar espúreamente el verdadero rostro y

sentido cíe Cristo. Lutero se esforzó por conectar a] hombre ion todo lo de su

tiempo a través de Cristo: con lo que poseía y con lo que anhelaba.

Su obra y sus escritos resuman amor auténtico a Cristo con los que deberíamos

edificarnos espiritualmente todos los católicos, sólo con que supiéramos leer,

procurando prescindir de muchas cosas en ¡as que hemos sido adoctrinados como

ciertas en relación con el protestantismo y su fundador,

® FALLOS COMPRENSIBLES

—¿Qué hay de malo en Lutero?

—Yo diría que muy pocas cosas, y las que hay no son suyas propias, sino que

pertenecen al colectivo de los hombres y de las instituciones de su época,

aparte de los lógicos condicionamientos humanos de cada persona.

¿Que contaba en su haber con una fuerte dosis de soberbia? Más o menos, la misma

dosis con que contaban los teólogos católicos y las jerarquías eclesiásticas que

se le opusieron.

Las circunstancias le acorralaron en ocasiones de tal modo, que llegó adonde ni

quiso ni pretendió llegar nunca. A los hombres no se les puede juzgar a la

ligera, sobre todo si se sabe, como en el caso presente, ~que tienen una gran

talla en todo orden de cosas... Sus fallos fueron comprensibles.

Identificado con la sociedad feudal germana de entonces, es explicable hasta su

constante referencia a los príncipes y su intolerancia a aceptar otra religión

distinta de la que tuvieran los principes de los respectivos Estados. Desde esta

situación estrictamente medieval, no comprendió ni asimiló las corrientes

humanistas que en su tiempo ya se iniciaban con fuerza y que, por ejemplo,

definieron la Reforma de Calvino. Lutero, como casi todos, pontificó también

demasiado e idénticamente se convenció de que era un gran profeta, a cuya verdad

se entregó sin medida.

—¿Se le condenaría hoy católicamente a Lutero?

—No. Seria un hombre de prestigio en la Iglesia, y sus escritos la orientarían

con seguridad doctrinal, un tanto fronteriza, pero nada más. Dentro de la

Iglesia católica hay grandes teólogos en la actualidad, cuyo pensamiento se

acerca más al suyo que al tenido como tradicionalmento católico...

Una es lo que dijo Lutero y otra cosa es lo que sus rivales doctrinales dijeron

que dijo. De todas formas, sus primeros errores doctrinales hoy no se

considerarían como tales errores.

Me consta que se están haciendo gestiones para levantarle la excomunión,

haciendo constar, asimismo, que tal excomunión fue muy discutible...

© OTRA VERSIÓN

Sinceramente, comprendo que es de justicia que se nos digan ya estas cosas y se

nos ofrezca una versión de Lutero distinta de la que nos habían dado hasta

ahora. Pero, sinceramente, comprendo también el esfuerzo que han de realizar no

pocas personas para aceptar esta visión tan nueva y contrapuesta a la antigua.

—¿Por qué se le excomulgó a Lutero?

—Por pocas razones y por muchas sinrazones. Entre otras, porque sus errores

fueron redactados no por él mismo, sino por un dominico, rival de los agustinos,

hasta el punto que consta que algunos de tales errores no eran del propio

Lutero, sino de su tiempo —también de los católicos—, mezclándolos el dominico

sin objetividad. Lutero fue excomulgado también porque la excomunión entonces no

era sólo arma religiosa, sino política. Roma excomulgó al germano Lutero, que,

por germano, tenia que ser antirromano.

—Entre otras cosas, ¿qué aportaría hoy a la Iglesia Lutero?

—En la relación Iglesia-Estado, «una mutua inteligencia entre ambos poderes».

Una posición radical reformadora ante tanta estructura y superestructura

eclesiástica. Una lucha denodada y purificadora contra las manipulaciones de

Roma y su centralismo sacramentario, que favorecía a los mejores «pastores». En

cuánto al matrimonio, está convencido de su indisolubilidad y lo que lamenta es

que Rema lo disuelva a veces, cuando, según él, son la conciencia y la comunidad

los verdaderos arbitros en tal indisolubilidad.

—¿Lujurioso?

—No, por favor. Eso es una monstruosidad y facilona patraña. Los lujuriosos eran

aquellos clérigos y frailes que, en España, como en tantos otros países,

llegaran a organizar en tiempos de Cisneros procesiones —es decir,

manifestaciones— contra el cardenal reformador español, optando por emigrar a

Argel, en donde les resultaba fácil seguir conviviendo con sus barraganas.

Una cosa es lo que dijo Lulero y otra es lo que sus rivales doctrinales dicen

que dijo

Se hacen gestiones para levantarle la excomunión, que hoy es más que discutida

Catalina Bora, la esposa de Lucero

@ MATRIMONIO EJEMPLAR

—Su matrimonio con la monja Catalina Bora no respondió a motivaciones de

lujuria; fue un matrimonio ejemplar, que se responsabilizó después

comunitariamente dé sus hijos y de los hijos de sus hermanos, viviendo todos

juntos en un antiguo convento de agustinos.

Fue padre-patriare a de una familia ideal, educándola en la generosidad, en la

alegría, en el amor y en el humor. Su misma esposa difícilmente podía entender

la generosidad de un hombre —-el creador del idioma alemán— que pudo haberse

enriquecido hasta límites

insospechados con la publicación de sus múltiples escritos y que vivió y murió

pobre.

Lutero aceptó el oficio de escritor como una misión apostólica orientada a la

comunicación de la gracia. Por eso nunca percibió honorarios por sus originales,

• a pesar de las ofertas que recibía, aún de impresores católicos, que se

beneficiaban de una producción, a la que no daban abasto.

Se trataba de un mensaje liberador y. si el comercio era algo de por sí maldito,

sería intolerable el traficar con la gracia. El 28 de ´julio de 1545 le escribía

a su esposa: «A mi amable y querida mujer Cata1ina Luther de Bora, predicadora,

cervecera, jardinera y un montón de cosas más: Gracias y paz. Querida Kethe:

Pasado mañana saldré para Merseburg, porque el príncipe Jorge me lo ha pedido

con insistencia. Prefiero andar errante de un lugar a otro y comer el pan de los

mendigos, antes que mortificar los últimos días de mi vejez con los desórdenes

de Wittemberfi.»

Le decía a su hijo Juanito: «Veo con agrado qus estudias mucho, y rezas

fervorosamente. Sigue así, hijo mío. Cuando regrese a casa te llevaré un bonito

regalo de la feria.»

Por justicia, por historia, por teología y por sentido común, a Lutero habría

que rehabilitarlo en España, y la edición de su obra preparada por Teófanes

Egido contribuirá poderosamente a este fin, de la mano de la fidelidad a los

textos y a la vida:

Uno de los graves pecados de cualquier colectividad es manipular el recuerdo de

los hombres y de las instituciones en su desprestigio y con la intención de

hundirlos en lodazales ,de miseria, para así hacer más atrayente la, imagen de

aquellas otras personas e instituciones contrapuestas.

Se trata de procedimientos ilegítimos que, tarde o temprano, se vuelven en

contra de tales manipuladores. Lo correcto es estudiar la historia

desapasionadamente y presentar los documentos con toda limpieza, y esto es lo

que ha hecho con Lutero Teófanes Egido...

Y ahora que sea el lector, con su mayoría de edad mental, quien excomulgue o

salve, sin necesidad de tener que recurrir a valoraciones y a procedimientos

pasados, en los que difícilmente se podía discernir hasta dónde llegaba la

verdadera re1igión y hasta dónde la política.

De todas formas, el hallazgo de Lutero le supuso a su época, y también un día

puede suponerle a la actual, un aura fresca en la atmósfera obsesionada por el

pecado y la condenación. «Cristo no es un Moisés, un carcelero o un verdugo; es

un mediador que nos reconcilia a nosotros, pobres pecadores, con Dios.»

Antonio ARADLLAS

DISPUSO DE UNA FINA SENSIBILIDAD RELIGIOSA QUE FUE PRECISAMEN- TE LO QUE LE

MOVIO A REFORMAR LA IGLESIA

HOY NO SE LE CONDENARIA Y HASTA SERIA UN HOMBRE DE PRESTIGIO EN LA IGLESIA

CATOLICA.

 

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