Autor: Aradillas, Antonio. 
 Más de quinientos sacerdotes en Madrid. 
 Discriminados  :   
 Por ser de otras diócesis y a pesar de ejercer su ministerio con todos los requisitos canónicos. 
 Pueblo.    31/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Más de quinientos sacerdotes en Madrid

DISCRIMINADOS

• Por see de otras diócesis y a pesar de ejercer su ministerio con todos los

requisitos canónicos

• En el Boletín del Arzobispado se dijo que ´los sacerdotes venidos de fuera de

Madrid podrán votar, pero no ser votados´ para el Consejo Presbiterial

CUALQUIER discriminación es siempre condenable. Pero cuando la

discriminación anida en determinadas instituciones definidas y

justificadas precisamente en función de la capacidad salvadora de los valores

más sustantivos de la persona humana, a la discriminación no se le puede

encontrar atenuante de ninguna clase.

En la Iglesia las discriminaciones alcanzarían el máximo de descalificación y de

desprestigio, si se demostrara su existencia con -seriedad y realismo. De todas

formas, se justificarían los esfuerzos que comporta lograr el convencimiento

lógico de que, aun por el pecado de sus hombres y de la misma institución, la

Iglesia nunca dejaría por eso de ser signo de redención de todo y de todos.

¿ORIUNDOS?

• Y una de las áreas eclesiales en las que, en la diócesis de Madrid, tienen

mayor dolor y vigencia las discriminaciones es en la de la relación entre la

jerarquía y los sacerdotes inmigrantes...

Estos, procedentes de otras diócesis o provincias españolas, por diversos

motivos —entre otros, por haber querido seguir a sus feligreses en la aventura

de la gran ciudad—, decidieron instalarse en ella, ejerciendo el ministerio

pastoral con todos los requisitos canónicos. Es justo que el pastor siga

bíblicamente a las ovejas. En estas circunstancias pueden encontrarse en Madrid

más de 500 sacerdotes.

• Y respetando la redacción de un documento que ha llegado a mis raíanos, -

transcribo lo siguiente:

•No importa que hayas estado bastantes años en tu diócesis de origen ejerciendo

el ministerio pastoral. Aquí, en Madrid, debes empezar pidiendo por favor que te

dejen trabajar, aunque haya parroquias inmensas. Para que te hagan titular de

una parroquia de suburbios han de transcurrir años. Para que te encuentres con

el «despido libré» y «parado», sobra cualquier excusa o queja de tu párroco o

algún invento aparecido sobre tu persona. No se te ocurra aspirar a ninguna

parroquia del centro, porque •eso está vedado a los sacerdotes que no terminaron

los estudios en el seminario de Madrid.»

En las últimas votaciones para el Consejo Presbiterial se decía textualmente en

el «Boletín Diocesano»:

«Los sacerdotes venidos de fuera de Madrid podrán votar, pero no ser votados, a

no ser que lleven aquí cinco años. Episcopalmente se nos llama, con cierto

desprecio, los oriundos o extradiocesanos, con sentido peyorativo...»

El grupo de sacerdotes que han conectado conmigo están convencidos de la verdad

de cuanto suscriben, lo que resulta ser auténticamente grave en la Iglesia, no

sólo por su realidad, sino porque ellos lo crean así. Y hasta me urgieron a que

lance la idea de la posibilidad de algo parecido a un sindicato sacerdotal en el

que encuentren modos e instrumentos eficaces para defender sus intereses, que

consideran legítimos por muy pastorales que sean.

Nadie puede descartar que también las arbitrariedades y los paniagüismos hagan

acto de presencia, actúen y hasta determinen algunas decisiones estrictamente

jerárquicas en las que el bien del Pueblo de Dios queda supeditado al de los

intereses de personas concretas. No es nuevo tener que reconocer que la

institución eclesiástica no siempre es ejemplar y modelo en el tratamiento

socio-laboral que ofrece a sus servídarios quizá por aquello de que «una cosa es

predicar y otra distinta dar trigo»...

YA SUPERADOS

• También en la Iglesia nos sobran en la actualidad discriminaciones, y una

de las que diocesanamente resulta ser más flagrante está ubicada en la

relación jerarquía v

sacerdotes diocesanos, oriundos o extradiocesanos, aunque algunos de ellos estén

ya incardinados en Madrid con todos los requisitos canónicos.

Las relaciones jerarquía-sacerdotes, parrocos-coadjutores, c1erigos

privilegiados-clérigos a secas ofrecen interesantes y desfasados elementos de

juicio para descalificar unos procedimientos domésticos-eclesiásticos ya

superados en las relaciones profesionales y sociolaborales en las esferas de la

convivencia civil.

Hay que hacer constar, además, que tal superación no sólo fue el premio al

esfuerzo identificador en la convivencia normal entre los ciudadanos, sino "la

consecuencia de todo un proceso de libertad e igualdad, al que paradójicamente

parecen resistirse institucionalmente los hombres de la Iglesia.

• Por citar otro ejemplo, sugeriré que el estatuto canónico, vigente no sólo

en el Código de Derecho Canónico, sino en la práctica, en la relación canónigos-

beneficiados, resulta ser hoy de un anacronismo discriminador difícilmente

comprensible para el hombre moderno, tanto si pertenece como si no pertenece a

la institución eclesiástica.

Los atuendos distintos, las distintas sacristías, las percepciones económicas

distintas y otros factores, hacen que la relación canónigos-beneficiados siga

siendo en la actualidad algo así como un residuo medieval que está conservando

la Iglesia por rutina, pereza o por los intereses de algunos...

• Ejemplarmente, la Iglesia necesita ponerse al día en el respeto socio-

laboral pastoral —«no sólo de pan vive el hombre», lo que

significa que también vive de pan— entre todos sus miembros,

sobre todo entre los que jerárquicamente son considerados y se consideran como

privilegiados.

Por lo que respecta concretamente al caso de los sacerdotes diocesanos-

extradiocesanos de Madrid, la igualdad real y canónica entre unos y otros se

hace ya urgente, porque el desasosiego entre éstos crece por momentos y no está

bien que se ofrezcan en la Iglesia antitestimonios como éstos...

Otro antitestimonio nos lo ofrecen clericalmente también, cuando descubrimos que

los religiosos que están al frente de determinadas parroquias madrileñas no

perciban sueldo alguno por parte del Estado ni de la diócesis...

• Y en torno a estos temas, ya está bien de que todavía se les sigan

imponiendo los párrocos a las parroquias, sin contar con los coadjutores

ni con los feligreses, y ya está bien que no pocas parroquias se tes

asignen a determinados sacerdotes, más que a título de oficio, a título de

beneficio, no como tarea y trabajo, sino como precio y premio a servicios

prestados.

Antonio ARADILLAS

 

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