"La Iglesia no puede aceptar ciertos cambios porque se siente vinculada al modo de obrar de Cristo"  :   
 Resumen de la declaración de la Sagrada Congregación sobre el sacerdocio femenino. 
 Ya.    29/01/1977.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

"LA IGLESIA NO PUEDE ACEPTAR CIERTOS CAMBIOS PORQUE SE SIENTE VINCULADA AL MODO

DE OBRAR DE CRISTO"

Resumen do la declaración de la Sagrada Congregación sobre el sacerdocio

femenino

• LA INICIATIVA DEL DOCUMENTO PARTIÓ DEL PAPA

• LA IGLESIA ES UN CUERPO CON DIVERSIDAD DE FUNCIONES

• PAPEL DE LA MUJER EN NUESTRA SOCIEDAD

• EL DOCUMENTO TD3NE UNA INTENCIÓN EXPLICATIVA

Reproducimos integramente el resumen distribuido por la Comisión Episcopal de

Medios de Comunicación Social sobre el documento en el que la Iglesia reafirma

su doctrina tradicional de exclusivizar el sacerdocio ministerial a los hambres.

Dicho documento hecho público, del que ya dimos ayer una sinopsis, ha sido hecho

público en la sala de prensa vaticana y lleva por título "Declaración sobre la

cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial".

Desde hace algunos años se viene tratando frecuentemente en 11-brog, revistas o

conferencias de congresos el problema de saber si la Iglesia católica podría

cambiar su disciplina y admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal. £1

problema ha sido suscitado, en efecto, por dos corrientes contemporáneas. Por

una parte, diversas comunidades, salidas de la reforma del siglo XVI, han

permitido desde hace un cierto tiempo que las mujeres ejerzan la cura pastoral

con los mismos, derechos que los hombres; peticiones en el mismo sentido se han

registrado dentro del anglicanismo.

Por otra parte, los trabajos del Año Internacional de la Mujer han polarizado la

atención sobre el puesto que las mujeres deberían ocupar en la sociedad e

Incluso en la vida pública, asi como sobre las formas de discriminación de (as

que lian podido ser víctimas y que deben desaparecer: estos propósitos vienen a

colorarse, en parte, en la linea de la doctrina da la Iglesia, en especial de

las recomendaciones del Concilio Vaticano II en la "Gaudium et spes", que

recordaba el Papa Pablo VI en su alocución, del 18 de abril de 1975, a los

miembros del Comité para el Año Internacional de la Mujer. ¿La Igualdad del

hombre y de la mujer no deberta manifestarse dentro de la misma Iglesia mediante

el acceso de las mujeres a responsabilidades pastorales y a la ordenación

sacerdotal? De muchos lados se ejerce también presión sobre la Iglesia para quo

intervenga, y para apoyar tales iniciativas se acude febrilmente.

• al Nuevo Testamento, a la historia de los tiempos apostólicos, a I» tradición

y a la. razón teológica, a la historia de las instituciones y de las costumbres,

a la sociología y a la psicología.

Por todo esto, la Congregación para la Doctrina de la Fe, en razón de su propia

función y por mandato del Sumo Pontífice—el cual ha intervenido ya personalmente

en las dos cartas dirigidas al doctor Coggan, arzobispo de» Canterbury—ha hecho

un estudio atento del problema y ha juzgado necesario recordar con esta

declaración que la Iglesia, por fidelidad a su Señor¡ no puede modificar la

praxis, observada sin interrupción desde los tiempos . apostólicos, tanto en

Oriente como en Occidente, de conferir exclusivamente a los hombres la

ordenación sacerdotal. Repetir esto podrá ser doloroso, pero era un deber

hacerlo con toda claridad y evitar así que se alimenten ilusiones. El documento

no se limita a confirmar simplemente la postura de la Iglesia, sino que la

explica, con lo cual aparecerá su valor positivo, ya que aclara algunos aspectos

del misterio de Cristo y de la Iglesia y podrá incluso ayudar a profundizar la

respectiva misión del hombre y de la mujer. Al enviar esta declaración a los

obispos] que son los primeros destinatarios, la Congregación para la Doctrina de

la Fe se permite recordarles que es a ellos a quienes incumbe la misión de darla

a conocer al pueblo, explicar su contenido con sentido pastoral y con. el

conocimiento que ellos tienen del ambienta en que ejercen su ministerio.

LA TRADICIÓN

1-Es un hecho que la tradición de la Iglesia ha sido estable en este punto a lo

largo de los siglos; tan estable que no ha sido necesario que intervenga una

decisión. solemne del Magisterio. La misma tradición ha sido fielmente

salvaguardada por las Iglesias de Oriente: su unanimidad en este punto es tanto

más notable en cuanto que su disciplina admite una gran diversidad en otras

cuestiones r en nuestros días estas mismas Iglesias rehusan asociarse a las

peticiones encaminadas a conseguir el acceso de las mujeres a la ordenación

sacerdotal.

Valor permanente de la actitud de Cristo y los apóstoles

2- Es cierto que más de una consideración antropológica, más de una disposición

disciplinar del pasado transparentan la influencia, en los padres de la

antigüedad o en los teólogos de la Edad Media, de un contexto socio-cultural que

no es el nuestro. Nadie, sin embargo, ha probado Jamás, y por otra parte sería

imposible hacerlo, que la no admisión de las mujeres a la ordenación sacerdotal

depende solamente de motivos sociológicos y culturales. Al contrario, casi todos

los testimonios de esta tradición lo explican en definitiva por la necesidad de

que la Iglesia siga fiel al tipo de ministerio querido por Jesucristo e

intencionalmente observado por los apóstoles.

LA ACTITUD DE CRISTO

3-Cristo asumió con respecto á las mujeres una actitud que contrastaba con la de

su ambiente, ño dudando en apartarse claramente de la ley de Moisés para afirmar

la igualdad de derechos y de • deberes del hombre y de la mujer respecto al

vínculo matrimonial. Un grupo de mujeres lo acompaña en su ministerio; son

mujeres las primeras que tuvieron el privilegio de ver a Jesús resucitado. Estas

constataciones ponen más de relieve el hecho de que Jesús no confiase a mujeres

la misión de los doce; los padres de la Iglesia han subrayado el hecho notable

de que María, asociada tan estrechamente al misterio da su hijo,. no haya sido

investida de tal ministerio.

LA PRACTICA DE LOS APOSTÓLES

4- La comunidad apostólica siguió fiel a la actitud de Jesús. Cuando los

Apóstoles, saliendo de las fronteras del mundo judío, tuvieron

que romper, a veces dolorosamente, con las prácticas mosaicas, no pensaron,

sin embargo, en conferir la ordenación a las mujeres, por más que las

asociasen a la tarea de la evangelización, como lo atestiguan los

Hechos de loe Apóstoles las Cartas de San Pablo.

VALOR PERMANENTE DE LA ACTITUD DE CRISTO Y LOS APÓSTOLES

5- Esta actitud de Jesús y de los Apóstoles ha sido considerada por la tradición

como normativa. Se ha sostenido, en nuestros días, que dicha actitud era

explicable por la influencia del ambiente y. de la época. Al contrario, el.

examen de los. Evangelios demuestra que Jesús ha roto con los prejuicios de su

tiempo, contraviniendo ampliamente las discriminaciones practicadas para con las

mujeres. ´A mayor razón este condicionamiento socio-cultural no fue obstáculo

para los Apóstoles en el ambiente griego, donde no existían tales

discriminaciones. Es verdad que en las cartas de San Pablo nos encontramos con

prescripciones y también consideraciones respeto a ´"» mujeres eme hoy día son

caducas; pero no deja de ser excesivo acusar al Apóstol de prejuicios hostiles a

ellas cuando se constata la .confianza que les testimonia; a San Pablo debemos

uno de los textos más vigoroso del Nuevo Testamento acerca de la Igualdad

fundamental entra el hombre y la mujer como hi.´ 4e Dios en Cristo.

PODER DE INTERVENCION DE LA IGLESIA

6- La Iglesia tiene, sin duda, en los sacramentos un cierto poder de

intervención para precisar el signo y las condiciones dé administración. Sin

embargo, este poder es limitado: la adaptación a las civilizaciones y a Jas

épocas no puede abolir, en los puntos esenciales, la referencia de los

sacramentos a los acontecimientos fundacionales del cristianismo y al mismo

Cristo, así como a la pedagogía y al simbolismo bíblicos: «e trata de opciones

históricas vinculantes, aunque, teóricamente hablando, se podrían imaginar

otras. Es la Iglesia la que, a través de la voz de su Magisterio, asegura el

discernimiento entre lo que puede cambiar y de lo que debe permanecer Inmutable.

Cuando ella cree, como en el caso.presente,, que no puede aceptar ciertos

cambios es porque sa siente vinculada • por el modo de obrar de Cristo.

EL SACERDOCIO A LA LUZ DE CRISTO

7-documento no se limita, pues, a recordar la norma de la Iglesia y ´su

fundamento: trata de aclararlo mostrando, por la analogía de la fe, la profunda

conveniencia del hecho de qu« éólo loe hombres sean llamados a la. ordenación

sacerdotal con la naturaleza del sacramento del orden y BU referencia específica

al misterio de Grieto. En efecto, en el ejercicio de los actos de su ministerio

que exigen el carácter sacerdotal (como la consagración d« la eucaristía y la

reconciliación de los pecadores), «1 sacerdote no obra en propia persona, sino

que ocupa el puesto de Cristo, hace sus veces, es el signo eficaz de Cristo, a

quien representa y quo obra por él. ¿Tendria el signo la semejanza natural con

lo que representa si el papel de Cristo fuera asumido por una mujer? Porque

Cristo fue y sigue siendo un hombre; en vano se intentarla minimizar este hecho,

que está ligado estrechamente a toda la revelación y particularmente a la

alianza: Cristo es el esposo da la Iglesia. Precisamente por eso, en los actos

esenciales de la alianza solamente el hombre puede asumir el papel .de Cristo,

ser signo de au presencia; esto no supone en él superioridad personal alguna,

sino solamente una diversidad d« hecho entre el hombre y la mujer en el plano de

las funciones y del servicio. Y si es verdad que él sacerdote representa también

a la Iglesia, lo es porque representa ante todo a Cristo mismo, cabeza y pastor

da la Iglesia,

EL SACERDOCIO EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA

8- Las controversias suscitadas en nuestros días a propósito de la ordenación de

las mujeres constituyen, pues, para loe cristianos una urgente invitación a

profundizar el sentido del episcopado y del presbiterado, a descubrir de nuevo

la situación original del sacerdote en la comunidad de. los bautizados. Más en

general todavía, hay que meditar en e-1 misterio de la Iglesia: es ésta una

sociedad distinta de lae otras, original en su naturaleza y en sus estructuras;

las ciencias humanas, por preciosa que sea su aportación en este campo, no

pueden abarcar la realidad sobrenatural. La Igualdad de derechos de la persona

humana, y más aún la igualdad del hombre y d« la mujer en la vida bautismal, tan

netamente afirmada por San Pablo, no confieren título personal alguno al

ministerio público en la Iglesia. El sacerdocio es´objeto de una vocación

determinada, totalmente gratuita, cuya autenticidad es asegurada por la Iglesia.

El cargo pastoral no es una simple función de guía, comparable a las formas de

autoridad que se dan en los Estados: es el Espíritu Santo, donado por la

ordenación sacerdotal, quien hace participar en el poder de gobierno del misino

Cristo.

La igualdad de los bautizados no significa identidad: la Iglesia es un cuerpo

diferenciado, en el que laa funciones son distintas y no deben ser confundidas;

éstas no dan lugar a la superioridad d* unos miembros sobre otros. El único

carisma superior que puede y debe ser apetecido ea la caridad. Los más grandes

on el reino da los cielos no son loa ministros, sino los santos.

Las controversias acerca de la ordenación hacen correr el riesgo de impedir a

las mujeres cristianas que tomón plena conciencia de la. grandeza de su misión:

su papel es capital hoy en día, tanto para la renovación y la humanización de la

sociedad, como ha recordado el Papa Pablo VI, como para descubrir de nuevo, por

parte de los creyentes, el verdadero rostro de la Iglesia.,

 

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