Autor: Sánchez-Vicente López, Consuelo. 
   Los tribunales eclesiásticos en entredicho     
 
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Los tribunales eclesiásticos en entredicho

Estamos en el íntico caso en que la separación matrimonial es

competencia de los Tríbanahs Eclesiásticos y no de fas civiles

Según el padre Martín Patino, con estas medidas se pretende salvar Ar imagen le

los jueces de h corruptela que se dan en afolaos procesos Jtí separación y

nulidad

La cuestion es cómo admitir un donativo a un Tribuna/ qae ha de impartir

justicia eatre las partes contradictorias.

Algunos de los jactes del Arzobispado se haa manifestado oficialmente en

contra Je I* supresión do las costas

Don Javier Redó, cura de los de sotana y «...mi puerta está abierta para

todos...». Vicario de Justicie de la diócesis de Madrid, hizo pública no hace

muchos días una nota en la que se anunciaba que «el señor cardenal arzobispo,

tras madura reflexión con su Consajo Episcopal...* había decidido renunciar a

los ingresos que. por las llamadas costas judiciales» por el tratamiento de las

causas matrimoniales —separación y nulidad— venía percibiendo la Iglesia de la

diócesis de Madrid. «La medida es audaz; la verdad es que no sabemos de dónde va

a salir ahora ese dinero que servia para pagar las nóminas de tos 56 miembros de

la) Curia de Justicia (35 sacerdotes y 21 laicos), y no se vaya a creer usted

que eran sueldos astronómicos, no. El más alto, el de los jueces, es de 11.500

pesetas tan solo. Pero, claro, le dijimos esto al señor cardenal, y él. ante la

ola de descrédito que sufre la Iglesia por el tema este de los Tribunales (ya

sabe, hay gente interesada en echarle barro, todo por puro resentimiento o no se

sabe por qué), dijo que ya veríamos a ver, que saldríamos adelante como

pudiésemos.» Quien así habla es el ya presentado don Javier Redo. El modo de

«salir adelante» que se le ocurrió a larancón tue el ae «...invitar a los

clientes de los Tribunales, como a todos los fieles en general, a contribuir al

levantamiento de estas cargas...» mediante «donaciones y limosnas voluntarias».

PONER LA OTRA MEJILLA

—y entonces —continúa don Javier Redó— fíjese hasta dónde puede llegar la

insidia de algunas personas, y de algunos medios de comunicación, que en lugar

de ver en esta medida del señor cardenalarzobispo el espíritu pastoral y de

Iglesia que la impregna, han empezado a desquiciarlo todo hasta el punto de

llegar a afirmar públicamente que el establecimiento de las limosnas y

donaciones voIuntarias es un modo como otro de institucionalizar el soborno a

los Tribunales; porque, cómo ya. sabe usted, hay gente que dice que a los jueces

se les compra, que se les paga dinero bajo cuerda para inclinar la balanza de la

justicia hacia el lado del cónyuge que más pague. Y mire usted, qué me va a

decir de esto que yo no sepa, porque el tema to conozco mejor que usted. Los

jueces, como seres humanos que son, están sujetos, por supuesto, a las

debilidades y flaquezas de la carne, y alguna vez que ha sucedido algo anormal o

han incurrido en alguna falta, no tan graves como !as que se les achacan, se les

ha llamado al orden, pero no hay nada de todos esos grandes soborno? de que se

les acuso... Sí, usted me dirá, claro, que por qué no hemos contestado

públicamente a todas esas calumnias que se nos imputan (porque son calumnias

fruto de este tiempo de ataque y persecución a la Iglesia que vivimos, porque

esto hace quince años no pasaba); pero le voy a contar algo. En una ocasión se

lo dijimos esto al señor cardenal-arzobíspo y él nos dijo: >A mí me han

insultado públicamente y me han llamado asesino y aún estoy por contestar...» Y

es que, cloro, la línea pastoral del señor cardenal está muy de acuerdo con el

comportamiento de Jesucristo Nuestro Seño´ Es la cruz de nuestra Iglesia, el

poner la otra mejilla, es el Evangelio puro.

—Pero, don Javier, la gente habla de «sobornos» con pruebas en la mano, con

testimonio de personas que han pasado por esio;.; Tribunales...

—Son resentidos, personas que no han salido satisfechas de esta casa porque,

claro, la justicio no satisface, no puede satisfacer nunca a las dos partes

litigantes: a una se la declara «Inocentes, con todos los derechos, y a la otra,

«culpable*, con todos tos deberes, y claro..., ¿me entiende?... Ellos hablan de

trapos sucios en los Tribunales; pero, ¿se Imagina usted si yo empezase a tirar

de sumarios, de causas, y sacase los trapos sucios de ellos...? Saldrían cosas

alucinantes. Pero, claro, hay una ética, un moda de ser de la Iglesia que nos

Impide hacer esto, ni siquiera para defendemos de injustos ataques ni de falsos

testimonios. Además, mire usted, se habla con un desconocimiento... Vamos a ver,

¿cómo se puede hablar de que se soborna a los jueces si ellos no ven más dinero

que los 11.500 pesetas que les pagamos a final de mes..,? El dinero de las tasas

por costas del juicio pasa directamente de manos del procurador a la caite de

Bailen, y allí, en los tres Plazos Que el juez señala para pagar el total de las

costas, se ingresa en la Administración diocesana.

DENUNCIAS SIN RESPUESTA

pesar de ello se habla de «cheques nominales» que se ingresan directamente en la

cuenta de algunos jueces.

—Que existen, que yo los he visto —dice Ana María Pérez del Campo,

vicepresidente de la Asociación de Mujeres Separadas—, Igual que he visto y

tengo en mi poder cartas de señoras denunciando al cardenal Jaranean de abusos

de dinero y de otro tipo no habitual entre sacerdotes (por el hecho de ser

oficialmente célibes), denuncias que se han cursado al cardenal sobre jueces

concretos y casos concretos mediante notario y acuso de recibo (como la de la

señorita Isabel Martínez Soler, de la que nunca más se supo). Sus razones

tendrá, y de peso, seguramente, porque, en efecto, todos somos humanos. Cuando

el juez de Prensa e Imprenta del número 1 de Madrid secuestró, a petición de la

Iglesia, el libro del padre Antonio Aradillas, «Proceso a tos Tribunales

Eclesiásticos», fueron tales y tan grandes los delitos, que se pusieron sobre el

tapete solamente durante la instrucción de tos diligencias previas, que, a

petición del señor Redó, parte, denunciante, el juez decretó el sobreseimiento

de ta causa, porque de aquel proceso (que el autor del (ibro deseaba para

aclarar de una vez todo esto) alguien podía salir lleno de lodo de arriba abafo.

Se habla también de «abogados vetadas», de abogados que son honestos y abogados

que compran la decisión del Tribunal. Se habla de jueces honestos (con nombres)

y de jueces deshonestos {también con nombres).

—Rero, Ana María, monseñor Jaranean, en su decreto de Reforma de los Tribunales

Eclesiásticos de 1973, trataba de evitar todo esto de que estamos hablando, qsí

como de facilitar el acceso a estos Tribunales a unos precios menos gravosos.

—Por mucho que se reformen unas estructuras que tienen que hacer funcionar unas

personas que, en algunos casos, parecen estar corrompidas —no en todos,

afortunadamente—; mientras que lo único que no se cambien sean esas personas

precisamente, los cosas seguirán marchando Igual. Además, tos Tribunales siguen

haciendo caso- omiso del decreto de Reforma Jaranean, que, efectivamente, trata

de separar el dinero de la justicia. No se atienen al tiempo límite d» las

causas filado en el decreto, y siguen haciendo «justicia» bajo su criterio

personal.

En ningún caso se cumple el talante pastoral de la Reforma.

—¿Qué razones apoyan, pues, el famoso decreto que piensa dar Jaranean ahora de

«gratuidad y limosnas», por llamarle de algún modo? Si realmente es cierta la

imposibilidad de cambiar algo en los Tribunales sin escándalo, ¿a qué viene

ahora esto?

—Pienso que Intenta desvirtuar la campaña creciente contra los Tribunales

Eclesiásticos con (a fórmula mágica de «aquí no entra un duro oficial». ´Dicen

que perderán quince millones de pesetas, pero los que perderían de ser esto

cierto san más de treinta millones. ¿Se van a resignar a per derlas, no ya el

cardenad, sino quienes se benefician directamente de ellos? Es mosqueante que yo

no conozca casos de nulidad

para peón de albañil, y que, sin embargo, conozca muchos casos de nulidades

obtenidas por los más potentes económicamente.

La anunciada grataidad es, según los especialistas, anticanónica, y despierta

suspicacias

AL CESAR ´LO QUE ES DEL CESAR...

—AI oírte hablar así, alguien puede pensar que pretendéis las mujeres separadas

algo con todo esto. Pregunto: ¿qué pretendéis?

—Que ya que Tarancón es partidario públicamente de la separa* clon de poderes

Iglesia-Estado, lo cumpla, y para esto es absolutamente Imprescindible que la

Iglesia abandone parcelas que no son de su competencia, como ésta, o único caso

en el orbe católico; en que tos separaciones matrimoniales son competencia de

tos Tribunales, eclesiásticos y no de los civiles (en España, por el Concordato

del 53, se le atribuye a la Iglesia). Debe ceder a que las causas de separación

pasen* a la jurisdicción civil, ya que no afectan al vínculo matrimonial. La

Iglesia debe atender sólo tas causas de nulidad. Teniendo en cuenta la gravedad

que se deriva de una sentencia de separación en la que el cónyuge culpable

pierde a ios hitos y el derecho de alimentos, nos merece más garantió to

competencia profesional de los jueces civiles, porque ellos tienen una formación

jurídica más completa. Y no son célibes; por tanto, como tienen una vivencia

propia matrimonial, humanamente pueden entender mejor tos problemas conyugales.

Demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Con respecto a

tos nulidades, pedimos que los jueces acusados como corruptos abandonen de

inmediato su ejercicio de juez. Pedimos también que el sueldo miserable que se

les paga a estos jueces sea sustituido por un sueldo justo. Queremos que, si el

señor Redó piensa, como parece, que las cosas que hemos dicho sobre los

Tribunales «son de juzgado de guardia», haga uso de su derecho y nos denuncie.

Que se querelle y que demuestre que lo que decimos no es verdad.

Hay un hecho: que aproximadamente para mediados de) mes que viene, la diócesis

de Madrid va a reglamentar este asunto de la gratuidad. Y otro hecho: que a unos

les parece bien esta medida y a otros no. Los que piensan que está bien, hablan

de apostolado, talante de la Iglesia y justicia social. Los que piensan que es

negativa, hablan de sobornos, Irregularidades, tapujos y «escudos».

—En mi modesto entender —dice Ignacio Careago, prestigioso abogado

matrimonialista de Madrid—, desde el punto de vista puramente canonista incluso,

la justicia rio debe ser gratuita más que en aquellos casos en que el

solicitante carezca de medios total a parcialmente (cánones 1909 y 1914).

Naturalmente, costas deben ser ponderadas, como por cierto lo eran las que

establecía el decreto de Reforma Tarancón de 1973. En cambio, lo que no es

canónico en modo alguno., a juicio de los propios jueces, es la admisión de

«donaciones voluntarias», porque éstas solamente son admisibles en la

administración de sacramentos eclesiásticos, en donde no se da conflicto de

intereses, que es justamente to que sucede en el litigio conyugal! (que, verbi

gracia, al tener que declarar a uno de loa cónyuges «culpables» y a otro

«Inocente», ya hay conflicto).

JUECES: DIVISI0N DE OPONIONES

—¡¿Puede deducirse de lo que usted dice que todos los jueces no están dé acuerdo

con la supresión de las costas?

—No conviene generalizar. Algunos de tos jueces del Arzobispado, con muy buen

acuerdo, se han manifestado ya oficialmente a través de tas causas, en

tramitación en sentido adverso a la supresión de tas costas, las cuales afirman

que seguirán percibiendo, mientras no se dé un decreto expreso modificando lo

regulación de esta materia que ya estableció el decreto del año 73. Asi, por

ejemplo, tos titulares del número 1, 3 y 6, y algún otro. En cambio, por parte

de otros, se han producido ya decisiones oficiales poniendo en practica la

supresión anunciada no hace mucho por los medios de difusión y sin esperar a que

se produzca la modificación oficial del decreto antes citado. En esta línea de

ancipación o apresuramiento destaca el juez titular del número 7.

—¿Hay alguna razón que pueda justificar esta división de criterios entre tos

propios jueces?

—Pues mire, le puedo dar ta raprimer lugar, adversarios de la su de los jueces

que nombré en primer lugar, adversarios de la supresión de las costas: «la

materia de administración de justicio, y más de éstas conflictivas causas, es lo

suficientemente delicada como para que se tenga que evitar cualquier motivo de

sospecha de la parcialidad del juez, y no cabe duda que la admisión de

donaciones voluntarias sin fijación ni control de cantidad ni publicidad de ta

misma, crea un ambiente de franca sospecha con la que nosotros, jueces honestos,

no tenemos por qué cargar».

TRIBUNA! DE APELACIÓN PROPIO

En el primero de marzo de 1973 se inició la reordenación orgánica y procesal de

los Tribunales, decretada por Tarancón el 13 de enero del mismo año. Los

Tribunales, de cuatro, pasan a ser seis. El 1 de octubre del mismo año se

aumenta el número de jueces hasta ocho, sin que, hasta la fecha, se haya llegado

a los diez Tribunales previstos en el mencionado decreto por motivo, según don

Javier Redó, de «...falta de personal y de locales principalmente». A pesar de

esta falta de personal (cualquier sacerdote no puede ser juez, claro está) el

cardenal, con motivo de «agilizar las causas que pasan por el Tribunal de

apelación de (a Rota española», dependiente de la Nunciatura apostólica de Roma

(el 70 por 100 de las causas que allí llegan provienen de Madrid, ha pensado, a

Instancias de la comisión, que estudió la nueva ordenación da la Curia de

Justicia, la cual, «...reiteradamente ha insistido ante el cardenal sobre esta

con* ventencia...» (Javier Redó). Iniciar las gestiones para conseguir un

Tribunal de apelación propio para la diócesis Madrid-Alcalá dependiente de él

directamente.

—Para cubrir las ocho plazas de jueces de los actuales Tribunales —dice Ignacio

Careaga— tuvieron que recurrir al arbitrio de tomar las personas de los propios

miembros de la Curia, haciendo que los notarios y otros auxiliares de categoría

inferior —por falta de personal— ocupasen la plaza de juez. Sorprende, pues,

ahora que, faltando aún dos jueces por falta de personal» para llegar a los diez

previstos en los Tribunales actuales, el Arzobispado anuncie su intención de

constituir un Tribunal de apelación propio dependiente del Arzobispado. ¿Corno

van o cubrir tas plazas correspondientes a los jueces de ese Tribunal si al cabo

de tres años del decreto Reforma no se han podido cubrir las diez plazas

previstas? Otra dificultad que se plantea ante la elección efectivo de ese

Tribunal de apelación es que puedan llegar a ofrecerse, por parte del

Arzobispado, los requisitos que el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica

exige, tanto de personal como de instalación material, para la aprobación de

este tipo de Tribunales.

—Pero, ¿qué supondría un Tribunal de apelación propio, de´ pendiente de la misma

diócesis y persona que los Tribunales ordinarios?

—Pues supondría canalizar hacia otro tribunal las apelaciones de las causas

matrimoniales qué actualmente van al Tribunal de la Rota. Si se quiere dar algún

significado a esta desviación de las causas, no habría más remedio que matizar

la cuestión de la mayor independencia que el Tribunal de la Rota tiene hoy

respecto de las apelaciones por no depender del Arzobispado, sino del Nuncio.

Ahora mismo, Tarancón es el juez ordinario único (porque canónicamente el juez

es el obispo), pero no ejerce la justicia por sí mismo, sino de manera vicaria,

en tos jueces que nombra en tos Tribunales. Resulta chocante que un Tribunal de

apelación pueda depender jerárquicamente (al menos sus miembros) del mismo

obispo del cual depende el Tribunal inferior.

—¿El Derecho Canónico dice algo al respecto?

—Precisamente el Derecho Canónico establece que cuando excepcionalmente se

concede uno de estos Tribunales de apelación para todas las causas, sea de

diócesis vecina a la del Tribunal Inferior, con el claro propósito de que no

dependan del mismo obispo (canon 285). Por otra parte, no hay antecedentes

actuales de un Tribunal de este tipo, incluso se da la circunstancia de que un

Tribunal de apelación que había concedido para el Vicariato de Roma, ha

desaparecido, y de ese Vicariato se apela ahora a la Rota Romana.

AGIUZAR LAS CAUSAS

—Pero esto, ¿contribuiría o no a agilizar las causas que, según el

Arzobispado es el espíritu que anima ia petición?

—Si se busca sólo una mayor agilizacíón en la tramitación de las causas en

segunda instancia, bastaría con que se ampliase el número de jueces de que

actualmente se compone la Rota (que son siete). A parte de que, por mí propia

experiencia, compruebo que no es más dilatado el tiempo que emplea la Rota en

fallar las causas en apelación que el que en fos tribunales del arzobispado

transcurre para fallarlas en primera Instancia.

Abundando en el tema que nos ocupa traemos también aquí la opinión de Francisco

Dos Santos, periodista y especialista en la materia.

JUEZ Y PARTE

—Con la medida que va a adoptar la Archidlócesis de Madrid, ésta va a dejar de

percibir —según sus propios datos— de diez a quince millones de pesetas anuales.

¿Cómo puede la Iglesia reponer tan sensible pérdida? Según ella misma, mediante

las donaciones de ios fieles y de «los clientes» de los tribunales, al Igual que

se hizo al eliminarse la tasa de administración de sacramentos en 1965. Vayamos

por partes. Se dijo «clientes» de los tribunales. Pero ¿desde cuándo un tribunal

tiene cuentes? El cliente es un sujeto de mercado.

Resulta que en la Administración de sacramentos no hay intereses contrarios

entre partes.

Evidentemente, en los juicios por separación y nulidad canónicas, si los hay. se

suprime la tasa de administración de sacramentos y el cora acepta un donativo

por la administración del mismo. ¿Pero cómo se le puede dar un donativo a un

tribunal que ha de impartir justicia entre los intereses contradictorios de la

parte que dona y la que no lo hace? ¿Acaso deban donar los dos? ¿Se tratará,

pues, en este último caso de pujar por ver quién da más?

Según el padre Martín Patino, provicario de la Aremdiócesis, con esta medida se

pretende salvar la imagen de los tribunales eclesiásticos de la corruptela que

se da en algunos procesos de separación y nulidad, denunciada desde diferentes

niveles, para que en ningún caso se pueda decir que conseguir la separación o

nulidad es sólo cuestión de dinero. Si en verdad esa idea se perseguía, flaco

servicio se le va a hacer a la fama, tan sobada, de los tribunales

eclesiásticos.

PROTEGIENDO.... ¿(A QUIEN?

—El siguiente aspecto, sin desperdicio aparente, es tal cual: Según don Javier

Redó, vicario episcopal de Tribunales Eclesiásticos, dichos Tribunales no son

responsables de las imputaciones que se les hacen en e| sentido de ser cómplices

o encubridores de fabulosos negocios que hacen algunos abogados que expolian a

sus clientes. Explicó que los Tribunales ejercen la tutela sobre las partes a

que están obligados y que, en este sentido, cuando un cliente denuncia que «u

«bogado le exige pagar una minuta excesiva, el tribunal actúa en consecuencia y

defiende sus derechos. La realidad es bien otra. Denuncias se han hecho en este

sentido y ¿qué ha ocurrido?, que «protegiendo los derechos» de la parte —no se

sabe bien de cuál— se inhiben y remiten aj Colegio de Abogados. Luego los

Tribunales no son cómplices ni encubridores, pues véase cómo defienden los

intereses.

Y el tercer sabroso aspecto es no menos interesante: Siguiendo con el señor

Redó: la curia de justicia de Madrid es de las más Interesadas en la

implantación de nuevas formas de procedimiento para agilizar los procesos

matrimoniales, tema sobre el que el pasado mes de septiembre se reiteró la

petición a la Santa Sede. En este sentido, el cardenal ha iniciado gestiones

para lograr de la Santa Sede un tribunal de apelación en la propia Archidiócesis

(es decir, un tribunal de la casa, puesto que ya no tendría que pasar por la

Rota). Esto —claro— serviría para agilizar los procesos.

Pero veamos dónde estamos. Hasta ahora el Tribunal de La Rota enmendaba los

errores de Jos Tribunales ordinarios. Hasta el punto de haber condenado en

ocasiones a los jueces de tos Tribunales Eclesiásticos de| Arzobispado a pagar

las costas del juicio. Dense cuenta, un juez condenado por un juicio que él

llevó en sus manos. Pues bien, mucho nos tememos que con ese tribunal de

apelación «propio» todo quede en casa y se limite a refrendar, a ratificar, lo

dicho en el tribuna] ordinario. Deducción: nadie enmendará errores.

Consuelo SÁNCHEZ-VIGENTE

(Fotos Martínez)

 

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