Autor: Aradillas, Antonio. 
   ¿Robo sacrílego?     
 
 Pueblo.    11/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EN la -catedral de Murcia se ha perpetrado recientemente un robo que ha sido

calificado como sacrilego por todos los medios de comunicación social. Una

colección de joyas, de inapreciable valor histórico, artístico y por los mismos

materiales preciosos de que están compuestas, fueron sustraídas, y es posible

que su destino sea similar al desconocido destino que tuvieron las joyas

robadas a la Virgen del Pino, en Canarias, hace pronto un par de años. En uno

como en otro caso se han barajado cantidades de dinero eclesiásticamente

fabulosas, siendo difícil ofrecer datos que se aproximen con veracidad a la

realidad. La Iglesia y sus hombres no suelen ser expertos en estas

cuestiones, el pudor clerical es mucho y rehuye las valoraciones exactas, y al

arte, a la historia y a la devoción no es posible ponerle precio, y menos

cuando arte, historia y devoción son o pretenden ser religiosos... Entre las

variadas e interesantes consideraciones que suscita el hecho del robo de las

referidas joyas, en esta ocasión periodística quisiera subrayar las siguientes:

- Que conste que no es lo más significativo e importante el dato del cierto

abandono en que prácticamente se encuentran conservados estos tesoros, que

les fueron confiados a la Iglesia en virtud de unas motivaciones sagradas,

aunque no siempre doctrinalmente bien orientadas. Con los medios de seguridad

tan rudimentarios con que cuenta normalmente la Iglesia, no es posible

conservar hoy estos tesoros, y sólo el hecho de continuar guardándolos de esta

manera constituye una incitación a nuevos desvalijamientos, siendo infieles a la

devoción expresada por los donantes al haber entregado sus joyas por motivos

religiosos... - La inoperancia económico-financiera a que están sometidos

estos tesoros es flagrante y hasta pagana. Es falaz y absurda la rentabilidad

espiritual manifestada así por los hombres de la Iglesia: la contemplación de

las joyas por parte del pueblo de Dios le sirve a éste para su

edificación... La contemplación de unas joyas religiosas no puede

edificar hoy a nadie, y sí escandalizar a muchos: a todos aquellos que hayan

tomado conciencia con el dolor y con las carencias de tantas personas —

cristianas o no—, para quienes el dinero allí almacenado pudiera reportarles

un principio válido de redención integral...

- Y, desde esta óptica comprometidamente humana y cristiana, puede ocurrir que

algunos califiquen de sacrilego no el robo perpetrado, sino la posesión de estos

tesoros por parte de la Iglesia... Estos le fueron donados «a la Virgen, al

Señor o a los santos», con la finalidad de perdurabilidad y de lujo que, la

piedad hacía prevalecer en el entorno histórico de su tiempo sobre otros valores

mucho más profundamente religiosos, redescubiertos en la actualidad, como son la

caridad, la promoción integral del pueblo, sus viviendas, su cultura... No

interpretar hoy así la devoción de los fieles mediante la donación de sus joyas

a la Virgen y a los santos resultaría ahistórico y ateológico...

- Pero para todo esto hace falta intensificar y clarificar los procedimientos de

la educación de la fe que nos lleve a no consentir ni a aceptar, en nombre y en

representación de Dios, donaciones que no pueden destinarse un día al servicio

del hombre, en cuya vida vive Dios, en Cristo Jesús, los capítulos de la

salvación de todo y de todos. La retención por parte de la Iglesia de no pocas

de estas joyas pudiera llegar a ser considerada, a la luz de los nuevos logros

teológicos y actuales, tan sacrilega o más que el reciente y otros tantos robos

llamados sacrilegos...

Antonio ARADILLAS

 

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