Comunicado de la Comisión Permanente del Episcopado. 
 "La Iglesia no desea el poder político ni entra en el juego de los partidos"     
 
 Informaciones.    03/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

COMUNICADO DE LA COMISIÓN PERMANENTE DEL EPISCOPADO

«La Iglesia no desea el poder político ni entra en el juego de los partidos»

MADRID, 3 (INFORMACIONES)

LA Iglesia, no desea el poder politico y por consiguiente no entra en el juego

de los partidos. Los cristianos, en su calidad de ciudadanos, son libres para

optar por aquel partido político que, según su conciencia, es el que mejor

garantiza el bien de la persona humana; asimismo, los obispos, tos sacerdotes y

los religiosos no deben asumir funciones de militancia activa y de liderazgo. En

estos términos se expresa el documento hecho .público ayer por la Comisión

Permanente del Episcopado, al término de las reuniones de trabajo que ha

celebrado desde el lunes pasado en Madrid. El texto íntegro dice así:

En las actuales circunstancias políticas del país, cuando comparecen

públicamente los diferentes partidos y se prevé la celebración de unas próximas

elecciones, no pocos fieles piden a los obispos una orientación pastoral

Ya en otras ocasiones ta Asamblea Plenaria y la Comisión Episcopal de Apostolado

Social han expresado el pensamiento de la Iglesia en esta materia, con criterios

y orientaciones que siguen siendo válidos En linea con estos documentos.´ la

Comisión Permanente na reflexionado sobre la participación politíca de los

cristianos v el compromiso político le obispos, sacerdote? 7 relígiosos

IGLESIA Y PARTIDOS POLÍTICOS

La iglesia nc desea el poder político ni apoyar en él su acción pastoral Y por

consiguiente no entra en el juego de fos partidos políticos. Más aún. deseamos

que la iglesia, en cuanto tal. en conformidad con la doctrina conciliar y

teniendo en cuenta nuestra experiencia histórica, se mantenga´ en una actitud de

independencia respecto a los distintos partidos políticos.

CRISTIANOS t POLÍTICA

Los cristianos tienen obligación de participar en la política La preocupación

activa

v responsable por el bien común es también expresión necesaria de la fe » del

amor de aquellos que creen en Jesucristo.

Como tantas veces tiernos afirmado los cristianos, en su calidad de ciudadanos,

pon libres para optar por aquel partido político o por aquel programa que. según

su recta conciencia, es el que mejor garantiza el bien de la persona humana v de

la sociedad en la totalidad de sus exigen cías y de los derechos legítimos,

«entre los que debe enumerarse también el de podervenerar a Dios según la recta

norma de su conciencia, v profesar la religión en privado y en público* ´«Pacem

ln> Terris» 14).

Se ha de tener siempre en cuenta de otra parte, que

1. Nadie debe pretendei que su opción sea la única válida según el

Evangelio.

2. Los cristianos deberán excluir todo ´apoyo a aquellos partidos o

programas que sean incompatibles con la fe. como, por ejemplo, los que

pretenden construir un modelo de sociedad determinada en la que

suprimen los derechos fundamentales v las libertades del hombre: o en la que

el lucro sea el motor esencial . del progreso económico, la concurrencia

la ley suprema de ta economía 7 la propiedad privada de los medios de producción

un derecho absoluto cfr «Populorum Progressio», 26). Igualmente no deberán

colaborar con los que empleen la violencia; el odio y la mentira para conseguir

sus fines.

OBISPOS, SACERDOTES v RELIGIOSOS

Especial consideración nos merece la participación política de obispos,

sacerdotes y religiosos por razón de su ministerio y de ta misión especifica que

la Iglesia fes ha confiado. Como cualquier ciudadano tenemos pleno derecho a

asumir nuestras propias opciones. Y ello resulta indiscutible cuando se trata de

derechos v deberes como el del voto en unas elecciones libres.

Consideramos, sin embargo, que tanto los obispos como los sacerdotes y los

religiosos no deben asumir funciones de militancia activa y de liderazgo en los

partidos políticos o de representación política en -los organismos públicos. Y

esto es válido para las diferentes opciones. La madure? de los seglares, nuestra

función de ser signo válido de unidad y la libertad profética que muchos de

nuestros cristianos y el Evangelio mismo nos exigen en estos momentos, nos

obligan a obispo sacerdotes v religiosos a no aceptar cargos ni contraer

compromisos que entrañen una opción política determinada.

Si en circunstancias concretas y excepcionales el bien .de la comunidad exigiera

tales compromisos, se ha de obtener previamente el consentimiento del obispo,

consultado él Consejo Presbiteral y —sí el caso lo requiere— también la

Conferencia Episcopal cfr.. Sínodo de obispos de 1971).

MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL CAMPO POLÍTICO

Cuanto se ha dicho no significa que la Iglesia deba permanecer neutral en el

campo de lo político. La Iglesia, fiel a su fundador, está obligada ante todo a

recordar y promover la dimensión trascendente de la existencia humana que mira a

Dios como creador v salvador.

asimismo, la Iglesia, en la medida de sus posibilidades v utilizando siempre

medios informes con el Evangelio v de acuerdo con su misión pastora!, tiene que:

defender ios derechos humanos de todos los ciudadanos: apoyar a los más pobres,

débiles v marginados: promover integralmente el desarrollo de la persona humana:

ser conciencia critica de. la sociedad y de ´os propíos partidos políticos:

formar la conciencia cristiana, de los creyentes sobre la política: trabajar oor

la causa de la paz y de la justicia. ´y relativizar las ideologías.

Por último, la Iglesia ha de ser la comunidad fraterna en la que los fieles de

distintas ideologías políticas puedan anidarse a mantener su identidad

cristiana, a sostenerse en e! compromiso temporal que surge de su fe y a.

someter a critica profética desde el Evangelio las propias opciones políticas.

En "una palabra, la Iglesia ha de ser espacio de comunión, signo de unidad nara

el mundo, lugar en e] • que se intenta vivir en plenitud las notas del reino de

Dios: ñas y amor, verdad v justicia, libertad y santidad.

 

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