Autor: Castro Zafra, Antonio. 
   Iglesia española y política     
 
 Arriba.    05/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

IGLESIA ESPAÑOLA Y POLÍTICA

El fenómeno religioso de interés social ha sido reemplazado por el político, en

nuestro país. De forma que —según parece— se cierra ahora un período de

protagonismo eclesiástico, y comienza otro de protagonismo laico o político.

Tomemos como referencia aquellos fervores multitudinarios que jalonaron los años

cuarenta: la Virgen de Fátima peregrinaba por nuestro país, el Año Santo

Compostelaño desencadenaba peregrinaciones multitudinarias, y las ciudades se

sometían mansamente al acoso de las «santas misiones». Era un tiempo de

entusiasmo religioso colectivo.

Más tarde, el fenómeno religioso se fija en áreas concretas: las del celo

apostólico a nivel de grupo, o minorías, tipo Acción Católica. Hasta que rompe

en dos crisis. La primera, de contestación, por las diferentes actitudes ante

las situaciones de Injusticia social: los obispos contemporizan con las

autoridades civiles, y a niveles inferiores —laicos y cléricos— se producen

determinadas solidaridades con los débiles. La segunda crisis es de apatía y

desinterés religioso, y el grupo protagonista contagia con ella al entorno

social. (Cuando durante esa etapa se hace público un conflicto conyugal —hijos,

¿cuántos?— es sofocado drásticamente, excomulgando la pildora, complicando la

vida sacramental a los esposos que se resisten a dar como buena la respuesta

jerárquica —hijos, los que Dios quiera— y no hay otra salida que un muro. El

conflicto hubo de buscar, pues, soluciones extracatóücas.)

Todavía hubo un impulso exterior que pudo estimular la apertura de otro ciclo

religioso: la sorprendente aparición del Papa Juan. Pero la desconexión de la

jerarquía española con cuanto simbolizó aquel Papa fue absoluta. Una de las

obras del Papa Juan, el Concilio, fue abordado desde un contexto radicalizado

por los obispos españoles y sus teólogos, que viajaron a Roma para defender a la

Iglesia, y no para renovarla. En consecuencia, el Vaticano II sólo mereció una

cierta curiosidad. (Evidentemente, esa actitud ha cambiado sustancialmente desde

entonces.)

Perdido su protagonismo, la Iglesia española saluda al nuevo líder social, la

política, con esta toma de posiciones:

• Se declara independiente respecto a todos los partidos.

• Advierte a los cristianos para que participen, y no colaboren con partidos

«incompatibles con la fe».

• Aconseja a los clérigos que no adopten Iiderazgos partidistas.

En menos de dos décadas, la Iglesia española ha Ido de un extremo al otro, en

punto a toma de posiciones.

respecto a política. Ahora, en una actitud traumática, frena en seco y como

quien se quita de fumar repentinamente, se dispone a resistir las tentaciones

del futuro con los dientes apretados y crispados.

Bien, pero que la crispación no enturbie la claridad. La jerarquía española que,

por supuesto, quiere Instruir a sus fieles, les ayudaría más eficazmente si, a

la hora de explicar qué son partidos «incompatibles con la fe», renunciase a sus

habituales ambigüedades por miedo a herir, poniendo ejemplos más catequéticos. Y

esto:

— Porque los fieles esperan de sus obispos un dato religioso para juzgar, no

una definición sociológica; por ejemplo, partido «incompatible con la fe» es

aquel que rechaza la creencias en Dios, en sus programas, al situar al hombre

como fin único y último.

— Porque los obispos no saben —al parecer— que ninguno de los partidos que

ellos denuncian por sus programas —emplear violencia, negar libertades,

corrupción, etcétera— será registrado como tal partido en ningún país del mundo

democrático. (Según esto, todos los partidos registrados en nuestro país son

«compatibles» con la fe.)

Otro dato: públicamente se ha informado que varias docenas de sacerdotes tienen

carné del PCE. Ni una palabra autorizada saca al español de sus dudas: ¿Se puede

inscribir en el PCE y ser cristiano? ¿Es «compatible» con la fe el PCE o su

sucursal, Comisiones Obreras? Estos clamorosos silencios ya están produciendo

beneficios a la operación-respetabilidad lanzada por el PCE.

Los cristianos tienen incluso el derecho a exigir a sus obispos que les indiquen

qué les está permitido en materia política, desde una óptica de fe. La respuesta

pastoral debe ser clara, sin ambigüedades, y sin que, para entenderla

aproximativamente, haya que echar mano de manuales y enciclopedias e identificar

así a los partidos que excluyen nuestros obispos.

(Excelencias: los partidos que describen como «incompatibles con la fe» no

existen legalmente. ¡No existen!)

Honestamente, también cuando no se tiene el respaldo de la autoridad civil, ni

el privilegio del protagonismo y el aplauso social, también entonces la Iglesia

debe prescindir de evasivas a la hora de establecer la verdad. Sobre todo,

cuando esa verdad va a convertirse inmediatamente en criterio de selección.

Antonio CASTRO ZAFRA

Sábado 5 marzo 1977

 

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