Economía. Los empresarios enjuician el discurso del presidente. 
 Suárez, entre el desencanto y la euforia     
 
 Ya.    22/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

22-V-1980

Economía

Los empresarios enjuician el discurso del presidente Suárez, entre el desencanto

y la euforia

Antonio Garrigues: «La parte económica la leyó con especial frialdad, distancia

y en abstracto.» Alberto Monreal: «Lo que ha dicho es compartido por el grupo

político que representa.» Félix Mansilla: «Es la primera vez que deja la

ambigüedad.» Enrique Miret: «Los españoles esperaban otra cosa.» Pedro Schwartz:

«Me ha decepcionado en lo referenta a la inflación.»

Según una encuesta realizada por YA entre empresarios y dirigentes de servicios

de estudios económicos, el discurso del presidente Suárez, el pasado martes, en

el Congreso camina entre el desencanto y la euforia. Se dice que por primera vez

ha dejado la ambigüedad en el tema económico, pero también se señala que lo

relativo a la economía lo leyó con frialdad, distanciamiento y como si hubiera

estado hablando de algo «abstracto», sin la vibración humana necesaria para

llegar a la opinión pública.

Antonio Garrigues Walker, Alberto Monreal, Félix Mansilla, Enrique Miret

Magdalena y Pedro Schwartz componen este cuadro de opiniones en torno al largo

discurso del presidente del Gobierno.

Antonio Garrigues Walter

La opinión del presidente de la Asociación para el Progreso de la Dirección

(APD), es esta:

—Sobre los aspectos económicos del discurso no se pueden decir muchas cosas

nuevas. Esa parte, en concreto, la leyó con especial frialdad, con especial

distancia, como si se tratara de analiza fenómenos abstractos. El presidente

debería abandonar pronto esa tendencia, que no logro entender quién se la

impone, a lenguajes metálicos que resultan impenetrables para la opinión pública

porque no tienen vibración humana. Merece destacarse, en todo caso, su

compromiso con el programa económico y la defensa de la imagen del empresario,

con el defecto de que la hacía un poco forzado, como si no tuviera otro remedio

que hacerlo. Del resto del discurso me gustó más la exposición del tema de la

inseguridad ciudadana que la de los planteamientos autonómicos, en los que las

ideas políticas siguen siendo poco sólidas, aunque la estructura teórica sea

correcta.

Alberto Monreal Luque

El presidente de Tabacalera expresa así su opinión:

—He seguido por la prensa escrita el debate parlamentario, pero entiendo que la

intervención del presidente Suárez ha sido profunda y detallada. Ha asumido la

responsabilidad de las decisiones del Gobierno, pero ha advertido que las

decisiones no se han tomado por un solo grupo, sino que han sido compartidas. Ha

anunciado una nueva política general, y que prestará mayor atención a las

peticiones empresariales. De cualquier forma, todavía no ha terminado el debate

y hay.que esperar a las resoluciones de la Cámara.

Félix Mansilla

Félix Mansilla, empresario del ramo de Seguros, enjuicia así el discurso:

—El presidente del Gobierno ha tenido unos planteamientos mucho más claros y

rotundos. Ha sido un acierto que diga públicamente que los beneficios de hoy son

los puestos de trabajo de mañana y las inversiones de pasado mañana. Creo que ha

sido el mejor discurso de Suárez en el tema económico. El más en concordancia

con las políticas de los partidos políticos europeos en el poder. Un discurso

mucho más desarrollado y con el que ha perdido la ambigüedad de otras ocasiones.

Por supuesto, mucho más valiente en el tema económico. Mi impresión general es

satisfactoria.

Sin embargo, creo que falta decisión en cuanto a la aplicación de los principios

económicos: dar soluciones concretas y a corto plazo. Faltan las medidas que

desarrollen esos principios y que los instrumenten en la realidad. En

definitiva, que se cumpla el programa económico del Gobierno.

Enrique Miret Magdalena

Miret Magdalena, antiguo presidente de COPYME y hombre vinculado al mundo

empresarial, opina así:

—No están las cosas en el país para dejarnos llevar por reacciones personales,

hay que mirar a la gravedad de la situación antes que a nuestras ideas y

apreciar la profunda crisis política, económica, cultural y social que vivimos.

Y es preciso convencerse de que esta crisis no tiene sólo como causa la crisis

mundial, la europea, ni la del petróleo: es una crisis de estructura, porque

nuestro país no ha tomado en su Gobierno todavía el verdadero pulso de la

democracia, que es el de la libertad dentro de un orden, claro.

En este momento no existe este orden porque el Gobierno carece de suficiente

decisión para ejercer la autoridad necesaria, ni bastante consenso popular, a

juzgar por las encuestas realizadas, pues ya no basta sólo el parlamentario. Por

eso, se necesita un replanteamiento a fondo, y un solo partido no puede gobernar

en esta difícil y grave situación. Es preciso que UCD se convenza de que se

requiere un más amplio abanico consensual, y producir una confianza más extensa,

viendo en el Gobierno un plantel de personas independientes que merezcan la

confianza de amplios sectores políticos, así como la del ciudadano medio, de

modo que éste pueda adquirir la esperanza que ha perdido, incluso más todavía

después del bienintencionado discurso del presidente.

Este nuevo Gobierno es el único que podría llevar a cabo un plan a fondo que

abordase la crisis de acuerdo con módulos europeos claros, y no con esta

pasividad que nos hunde cada vez más, o con esos procedimientos mixtos, que a

nivel económico no garantizan la libertad de mercado ni de iniciativa, ni se

pueden reestructurar rentablemente las empresas, ni se apoya suficientemente a

la pequeña y mediana empresa, que constituye la fuerza económica más grande del

país. De este modo, en dos años se podría empezar a resolver el paro juvenil al

estar más desahogadas las empresas y con perspectivas más seguras.

El presidente, con su informe a las Cortes, ha hecho un esfuerzo por presentar

una imagen positiva de la labor de su Gobierno; pero no es esto lo que esperaban

los españoles: lo pasado, pasado está. Es preciso mirar sólo al porvenir, al

difícil porvenir que tenemos, hablando claro de él a todos los españoles y

dando, además, soluciones europeístas, basadas en una auténtica economía libre y

social de mercado como la que levantó a Alemania después de la guerra mundial;

un plan antiterrorista a nivel de lo que realizó y resolvió la socialdemocracia

alemana; una descentralización autonómica que forje un futuro pacífico; un

ahorro drástico del gasto público, que actualmente agota a los españoles con sus

impuestos y sus cargas; una reestructuración a fondo de la Seguridad Social,

dando más a la iniciativa privada y organizándolo en pequeños núcleos; una

política internacional más coherente, más clara y más vertida comercial-mente a

América latina.

Pedro Schwartz

Pedro Schwartz, presidente del Instituto de Estudios de Mercado, piensa lo

siguiente:

—Me ha decepcionado el discurso del presidente en un punto de vital importancia:

la lucha-contra la inflación parece no ser ya el objetivo prioritario de la

política económica del Gobierno. Como creo que la pérdida continua del poder

adquisitivo del dinero es la causa principal del descenso de la inversión y del

crecimiento del paro, pienso que, por lo que se deduce del discurso, las

prioridades del Gobierno no son las correctas.

Sería injusto criticar sólo al presidente, pues la actitud de todos los líderes

a los que he escuchado me parece basada en dos errores fundamentales: primero,

ellos han diagnosticado bien la crisis económica de España, cuando no la

entienden; y segundo, que sobre la base de su diagnóstico equivocado saben qué

medidas enérgicas e inmediatas obrarían el milagro. La superación de la crisis

pasa por la victoria sobre la inflación y será un proceso muy duro y doloroso.

 

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