Autor: Francés de Mateo, María José. 
 Escaño Cero. 
 Felipe, super star...     
 
 El Imparcial.    22/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

4/NACIONAL

Escaño

CERO Por MARIA JOSE FRANCÉS

Felipe, «super star»...

Ala fuerza. Porque dicen que hoy Felipe González es el candidato a la

presidencia del Gobierno gracias a las presiones del sector crítico, que impuso

su decisión en la última reunión del grupo. Dicen que no estaba preparado para

ello, ni lo deseaba, que la situación es demasiado grave y no resulta un plato

de gusto hacerse con el poder en estos momentos. Un poco pálico sí que estaba

Felipe después de soltar su bomba en el Congreso. Una bomba de última hora,

envuelta hasta el final en el papel de plata de un discurso vago, que en ningún

momento salió de la crítica para aportar soluciones. Un discurso casi

gubernamental, vamos a ser claros, aunque, todo hay que decirlo, expresado

llanamente, con palabras comprensibles para cualquiera y con esa facilidad de

palabra que caracteriza al andaluz, que sale a la tribuna con unos papeles que

olvida inmediatamente y se enciende al hablar. Un verdadero parlamentario, como

dijo más tarde Adolfo Suárez.

DICEN que fue Pérez-Llorca el único ministro convencido desde el primer momento

de que habría moción de censura. Y que convenció de ello a otros, aunque en el

fondo todos confiaban en que las cosas no llegarían a ese extremo. Contento

estaba José Pedro ayer, después de que sus previsiones se habían cumplido:

-Me parece normal -decía-, ¡anda, que como salga presidente Felipe, menudas

vacaciones me voy a tomar...!

Pero no hay miedo. En el fondo, y a pesar de las declaraciones de todos los

líderes -«dialogaremos»

(Fraga), «creo que votaremos a Felipe» (Carrillo), «yo fui el primero que votó

NO a Suárez en su investidura» (Piñar), «estudiaremos nuestro voto» (Rojas

Marcos)— corre por los pasillos del Congreso un único rumor: «Esto es sólo una

moción de censura testimonial» y un convencimiento unánime:

«Seguirá Suárez». Porque Suárez —se ha dicho también allí y a nivel de pasillo,

que es donde se dicen las verdades— está condenado a la presidencia mientras la

situación no se aclare.

PESE a lo cual una, que de alguna manera está metida en este juego —porque son

como niños y montan sus tinglados para convencer a los mayores, en este caso a

los ciudadanos de a pie—, interroga hábilmente a Peces-Barba, y a Pilar Brabo, y

a Fraga, y a Pinar, y a uno de los Solana (¡son tan parecidos!...), y a un

andalucista cuyo nombre no recuerda, y a varios diputados de la UCD. Y todos tan

serios, tan en su papel, responden de acuerdo a las normas establecidas: «Esto

es perfectamente constitucional», «había que tener en cuenta algo así», «el tema

es importante»... Y hasta se dirige a Felipe:

—En serio, señor González, ¿no siente usted un cierto «repelús» ante la

posibilidad de ser presidente del Gobierno?

Y el andaluz sonríe, con las ojeras más negras que las del presidente:

-No, porque tengo poca vocación y gracias a eso me preocupo menos...

CONQUE una se marcha a casa con la sensación del deber cumplido y pensando por

dentro «¡vaya un show!». Pero procura por el camino evitar a Abril Martorell,

que tiene sin duda el sentido trágico de la existencia y todavía le dura el

cabreo que agarró después del discurso de Felipe y que le llevó a una de las

intervenciones más incomprensibles, hilarantes y desafortunadas de su carrera

parlamentaria. Como Gila, pero en triste. Y una, de verdad, tras dos días de

debate, no está para que le cuenten otra vez lo del diálogo Norte-Sur.

 

< Volver