Autor: Júcar, Raul. 
   El Gobierno, derrotado desde la razón     
 
 Mundo Obrero.    31/05/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Al vuelo

RAÚL JUCAR

El Gobierno,derrotado desde la razón

El presidente Suárez fue derrotado ayer desde la razón, como dijo el señor

Peces-Barba. Adolfo Suárez fue derrotado en votos populares. Apoyaron la moción

socialista ocho, millones setenta y cuatro mil españoles. Se abstuvieron un

millón novecientos mil ciudadanos y sólo apoyaron al Gobierno los seis millones

doscientos sesenta y ocho mil votos que representan los diputados de UCD. Mejor

dicho, que representaban en las últimas elecciones generales. En las democracias

aderezadas por las fuerzas de la burguesía, un diputado de izquierda necesita

más votos que un diputado de derechas. Un diputado se hace en la Castilla

agraria con miles de votos menos que un diputado en las regiones industriales,

donde tiene hegemonía la izquierda.

El debate de la moción de censura ha demostrado que el Gobierno de Suárez carece

de soluciones contra el paro, contra el terrorismo, sobre las autonomías, etc.,

y que sólo cuenta con el apoyo de la propia UCD.

El candidato apoyado por las fuerzas de izquierda, Felipe González, ha ganado

desde ¡a razón. Ha ganado desde los votos populares y ha reunido en su torno a

tres de los grupos parlamentarios que representan la parte más activa y

progresiva de la sociedad.

Pero un debate parlamentario no es sólo un «match» entre vencedores y vencidos,

sino un examen del estado de una democracia. Todas las fuerzas del arca

constitucional, excepto las de UCD, han coincidido en que la democracia se

enfrenta con graves peligros.

Si, cómo dijo también el señor Peces-Barba, Felipe González ha sido aprobado en

el debate parlamentario y se da a Adolfo Suárez como no presentado, el

presidente debe recapacitar sobre su futuro político. En las propias filas de

UCD surgen los delfines y tapados que ya se disputan el pesó de la púrpura.

Por todas estas razones, yo esperaba con gran interés la comparecencia del jefe

del Ejecutivo ante el Congreso de los Diputados. ¿Iba a ser el Nixon después del

Watergate? ¿El De Gaulle después del referéndum? ¿El Heat tras su derrocamiento

por los mineros? ¿O iba a ser uno de esos primeros ministros italianos que ceden

el puesto a sus segundos para ponerse otra vez a la cola del poder tras la caída

de un Gobierno?

Adolfo Suárez habló a la nación desde la modestia y la autocrítica y se apoyó

aún en esa mayoría endeble que le queda. Su permanencia en la Moncloa desde el

punto de vista constitucional es indiscutible y aún puede ser teóricamente el

inquilino hasta el año 1983. Pero yo creí en el alegato, un tanto melodramático

del presidente, una decisión de permanencia en el puesto, aunque vi también, y

hay que decirlo en justicia, una leve autocrítica y unos deseos de cambio

político. Era otra vez el Suárez de la transición política, volvía en sus

promesas al centro perdido, a invocar una política progresista y popular. «Vengo

—dijo el presidente— del pueblo llano y quiero servir al pueblo llano.»

Pienso que tras la amarga lección de ¡as dos históricas sesiones parlamentarias,

el presidente Suárez habrá comprendido que está solo ante el Congreso, y él

mismo está solo ante su propio partido. Se le niega el apoyo desde la derecha,

desde la izquierda y desde el propio centro. Le esperan, a lo largo del verano y

comienzo del otoño, toda suerte de adversidades. Tiene enemigos ya en todo el

arco constitucional y los barones democratacristianos quieren derrotarlo -en el

Congreso de UCD. Ha servido a una clase, para desengancharla de la dictadura, y

ahora esa clase, tras el periodo constituyente, ya busca otro delfín.

Yo pienso que la única salida de Suárez está condensada en su humano, cálido,

autocrítico, modesto y enérgico discurso: ganarse al pueblo llano, no apoyarse

en Otros intereses que los de la mayoría de la población, liberarse del lastre

de ¡a oligarquía que le tiene secuestrado, y tender un puente de plata a las

fuerzas de izquierda, a los sindicatos y a los partidos de clase. Porque a su

derecha sólo hay una minoría.

Ha de recuperar el centro, si no quiere volver a verse otra vez solo ante el

Congreso y ante su propio partido.

 

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