Autor: Lobato, Luis Lucio. 
 Mundo Obrero, ¿sí o no? (II). 
 No hay prensa neutral     
 
 Mundo Obrero.    31/05/1980.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Tribuna

MUNDO OBRERO, ¿sí o no? (II)

No hay prensa neutral

LUIS LUCIO LOBATO

Hay quien dice, simplificando, que una prueba de independencia de lo que se da

en llamar la «gran prensa» es que antaño todo eran aplausos a Suárez y hoy todo

son criticas, sin caer en la cuenta de que en el propio partido del presidente

ucedeo se da el mismo fenómeno que en la prensa, y seguramente es anterior. Por

simplificador que pueda ser, este ejemplo nos sirve para seguir la traza que nos

lleve a la demostración que intentamos hacer. ¿A qué obedece su clamor critico,

irisado en varios matices, hacia la gestión de Suárez? Pues a que los silencios

que la disciplina de partido obliga a guardar a las diferentes «familias» (asi

de pacato) de UCD, que sofocan la voz de cada una de ellas, empuja a todas,

insumisas, a ser escuchadas en la vía pública por medio de los periódicos,

formalmente apartidistas y descomprometidas, como única forma de presionar al

presidente: antes de la crisis, para que la abriera, y una vez resuelta, porque

pocas de esas «familias» han quedado satisfechas. La insatisfacción y el

desasosiego subirán un punto más, sin duda, tras el zarandeo de la moción de

censura, actualmente en debate, cualquiera que sea el desenlace que ésta tenga.

En el mejor de los casos infligirá una derrota moral al señor Suárez, y las

diferentes «familias» que éste tutela, obligadas al silencio, encontrarán en los

comentaristas y editoriales de los periódicos el aliviadero que ponga en

circulación los agravios de cada uno contra el férreo patrón de la Moncha.

A través de la posición política de cada periódico se expresa la de un partido,

la de una «familia» o la de un grupo de presión cuyos intereses deduciremos que

están bien protegidos, que lo están insuficientemente o han dejado detestarlo en

la última remodelación ministerial, según veamos que defiende o critique con

menos o más comedimiento la gestión política de los gobernantes de turno.

En política no hay periódicos neutrales. Todos tienen su propia posición, su

propia linea, es decir, su propio partido.

Todo el mundo sabe, por ejemplo, que a algunos diarios de Madrid y Barcelona, de

Valencia y Sevilla, por ejemplo, y no digamos a la más joven prensa vasca, se

les puede poner sin riesgo alguno de error un rótulo de obediencia partidista

muy determinada. Y algo parecido cabe decir incluso de aquella cuya linea no se

corresponde simétricamente con la de un grupo dado.

Tan deliberada ausencia de señas de identidad se explica por dos razones

esenciales: primera, porque la llamada gran prensa es en realidad un todo que

expresa y se identifica con los intereses del gran capital.

No es, como no lo es tampoco esté, un bloque monolítico de opinión, sino que al

conjunto de sus publicaciones describe una gama de matices que se corresponde

con la que se observa en la propia oligarquía. La segunda razón es porque para

hacer operativos los ineludibles tránsitos de una situación a otra, a fin de que

el sistema no perezca con ninguna de ellas, la gran prensa, con su porosidad

política, su permeabilidad a los cambios, hace posible que por medios

camaleónicos se adecúen los viejos «movimientos» a los nuevos partidos,

facilitando que las personalidades más idóneas de los regímenes quemados

recompongan los nuevos instrumentos y tracen los nuevos rumbos de un Estado con

idéntico sustrato ideológico.

Nada, pues, de fracaso de la prensa de partido ni de éxito de la independiente.

El problema se presta a otros análisis y consideraciones, desde luego, pero hoy

tenemos que dejarlo ahí porque los rasgos de fondo están trazados.

Es verdad, sin embargo, que hay periódicos de partido que fracasan: ¡os que el

sistema tolera, pero a los cuales combate; los que dan crédito al pluralismo

político, pero a cuya voz hay que poner sordina; los que dan al régimen

credibilidad democrática, pero a los que hay que confiar a un marco puramente

testimonial; los que acatan la legalidad y él orden constitucional, pero los

vigilan celosamente y denuncian sus transgresiones por quienes ocupan el poder;

los que basándose en las posibilidades de la democracia, que recoge la propia

Constitución, se proponen transformar el sistema profundizando las libertades y

acercando el poder al pueblo; los que poseen otro proyecto de vida y de

sociedad. Es decir, fracasan o hasta han fracasado ¡os portavoces de los

partidos de izquierda, los de los trabajadores, en la más amplia, hoy vastísima,

acepción del término. Fracasan porque contra estos partidos, y singularmente

contra su altavoz, que es el periódico, se urden toda clase de cercos y

boicoteos, solapados o abiertos, que impiden la llegada al periódico de los

recursos améranos, cuantiosísimos, que se precisan para que subsista. El cerco

principal es el que tejen los monopolios alrededor de sus páginas descartando

toda publicidad en las mismas, y el boicoteo más notable el de la ocultación o

el disimulo en la mayor parte de los puntos donde se vende.

También por este lado encontraríamos otras causas complementarias que

intervienen- en el fenómeno, pero que son, por decirlo asi; reflejas. Entré las

más destacables descuella la configuración del hábito de lectura de los

compradores de prensa, renuentes a cambiar por otro el título que adquieren

todos los días.

 

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