Autor: Cabellos, Carmelo . 
   Todos al ataque     
 
 Diario 16.    29/05/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Todos al ataque

Todos al ataque. Esta pareció ser ayer la consigna universal que se lanzaron

tanto el primer partido de la oposición como el Gobierno, en el debate de

censura a este último. Un ataque del que volvía a salir ganadores la democracia

y el parlamentarismo. El PSOE salió jugando al ataque y el Gobierno al

contraataque. De momento, empate; mañana puede llegar el resultado final si no

es necesaria la prórroga.

Los elementos puestos en juego en la sesión de ayer fueron la provocación

irresistible de Alfonso Guerra, el contraataque tan lúcido como imprevisible del

ministro Arias-Salgado, el «espontáneo» Carrillo haciendo un nuevo alarde de

oportunismo hábil y el cierre final de sesión por parte del candidato González,

con un discurso pesado, largo, con contenido y de no fácil discernimiento y

asimilación.

Dos eran, y siguen siendo aún, las cuestiones en litigio: la censura al Gobierno

y el análisis del programa socialista. Tan sólo la primera tuvo un planteamiento

y acotación, al menos, por parte de los dos protagonistas fundamentales —el PSOE

y el Gobierno—, quedando la segunda planteada para debatirse esta tarde en

profundidad.

Hubo empate

En la cuestión de la censura, se puede decir que, cuando menos, hubo empate

entre los litigantes. Guerra desplegó su carga irónica y agresiva, a la vez que

hizo de manager-presentador de su candidato —«Suárez no resiste a Felipe

González», afirmó— y anunció que para el apoyo de su propuesta habían buscado

ayuda «hasta los umbrales de UCD, pues si ésta ha de romperse no será por

nuestro esfuerzo, sino por el de Adolfo Suárez», apuntilló.

Carmelo Cabellos

La tesis planteada por el dirigente socialista para descalificar al Gobierno y

proponer su caída se

basó en la presunción de corrupción de la Administración y especial y

particularmente la de TVE, tema en el que concentró hasta la saciedad sus

esfuerzos. A ello añadió una larga lista de, incumplimientos gubernamentales,

incluido lo que calificó de «conversión autonómica» de Suárez y su posterior

«bandazo uniformista».

La sorpresa de la sesión fue que a Guerra le salió un rival que no esperaba: el

ministro de la Presidencia, Rafael Arias-Salgado. Es más, incluso le había

provocado previamente por el hecho de ser hermano del director general de RTVE.

La réplica del ministro inauguró un comportamiento absolutamente inusual en el

Gobierno: un contraataque feroz y documentado que llegó a conseguir lo

imposible: poner nervioso al socialista Guerra.

El contraataque de Arias

Arias-Salgado, además de calificar la intervención del socialista de

«incapacidad argumental» y «supina ignorancia», planteó varias acusaciones al

PSOE: haber vulnerado los acuerdos sobre el Estatuto gallego, querer dominar la

televisión y asimilar el peligro de una coalición con los comunistas.

Pero lo más grave fue la acusación de que el PSOE ha obtenido beneficios al

participar en licitaciones de entidades locales en las que domina, así como

impedir la construcción de viviendas por no conceder terrenos en sus

Ayuntamientos. El primer tema lo avaló el ministro enseñando un documento del

PSOE valenciano que ponía en evidencia la presunta corrupción administrativa.

A partir de este momento, todo.se volvió en destapar los trapos sucios que los

partidos se guardaron mutuamente en la luna de miel del pasado consenso. Entre

las polémicas de dimes y diretes, saltó la pro

vocada por Carrillo al desvelar que Suárez intentó, a final del 78, una

coalición de Gobierno con los comunistas.

Carrillo robó imagen

Carrillo saltó a la escena para rotar imagen a los dos protagonistas de la

jornada con un cinismo hábil y claramente oportunista, llegaron a intervenir el

propio Suárez y Abril para llegar a afirmar el primero que él y Carrillo siempre

serán adversarios políticos y que es impensable cualquier pacto de Gobierno con

los comunistas.

Incidente aparte, la parte siguiente de la sesión la consumió íntegra Felipe

González, con un largo discurso de más de dos horas, superando al de Suárez de

la pasada semana en longitud y embarullamiento. Los propios centristas afirman

al final que había superado a Suárez: Una ironía que ponía en evidencia que la

exposición seria de un programa no es precisamente una feria.

«Mare mágnum Felipe»

Pese a todo, el discurso-programa de Felipe González —que hoy será juzgado por

los grupos parlamentarios- tiene aspectos interesantes, aunque lo farragoso del

texto y la premiosidad de estas líneas impiden un examen a fondo.

El líder socialista centró su programa en cuatro grandes bloques: autonomías,

desempleo y crisis económica, política internacional, y seguridad y libertad. El

diseño autonómico fue un mare mágnum de difícil conjunción y quizá el aspecto

más interesante. En las demás cuestiones no hay un excesivo alejamiento de las

posiciones del Gobierno y sí algunas contradicciones que hoy pueden ponerse en

solfa.

Pero eso es adelantar acontecimientos. Lo que sea, será. Esta misma tarde.

 

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