Acusación de corruptela a RTVE     
 
 Diario 16.    29/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Acusación de corruptela en RTVE

Madrid — Durante su defensa de la moción de censura Alfonso Guerra acusó al

Gobierno de cómplice en lo que a su juicio, es una situación corrupta en RTVE,

refiriéndose a muchos millones sin justificar.

Tras hablar de la necesidad de una reforma en profundidad de la Administración

Pública, «afectada del síndrome de parálisis», Alfonso Guerra se lanzó a más

duros y concretos ataques. Las víctimas fueron: Televisión Española y el

deporte. «El Gobierno no tiene credibilidad pues tolera y ampara la corrupción»,

afirmó Alfonso Guerra, para abordar dos casos muy concretos. Sobre Televisión

Española, señaló la auditoría del Ministerio de Hacienda y su ocultación por

parte del Gobierno; el crédito personal de más de 1.400 millones de pesetas

concedido por parte del Banco de España al anterior director general de dicho

organismo, Rafael Ansón, y. un cheque de 25 millones de pesetas, que habría

recibido Fernando Arias-Salgado y que no constaba en el registro de RTVE. Mostró

también un mandamiento de pago con cargo a programación, ordenado por Eugenio

Navas, director financiero de RTVE, para la liquidación de indemnizaciones

pendientes de industriales de la antigua Guinea Española, lo que calificó de

robos.

Los millones deportivos

Insistió Guerra en la corrupción imperante en Prado del Rey y pasó al mundo del

deporte para preguntarse por los muchos millones que no se ven, por los graves

obstáculos puestos para realizar las auditorías de cuentas en varias

federaciones, y se hizo esta pregunta: «¿Para qué pagar impuestos?»

Aclaró con ironía no intentaba desmoralizar a los contribuyentes, que para eso

está el Gobierno, que «está realizando una contrarreforma fiscal». Y señaló,

Alfonso Guerra, que es necesaria una gestión eficaz y transparente del gasto

público y que la política de retenciones del Ministerio de Hacienda era un

absoluto fracaso. Acuciado por la luz roja, que le indicaba que estaba fuera de

tiempo, el ponente socialista se lanzó a una rápida lectura sobre los problemas

autonómicos y de los Ayuntamientos, para terminar su intervención afirmando que

«Suárez no admite más democracia, la democracia no admite más a Suárez».

Eran las cinco y media de la tarde y Alfonso Guerra se había sobrepasado del

tiempo reglamentario en quince minutos.

 

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