Fulminante desmentido del presidente. 
 Carrillo sacó a relucir intentos de pactos de Suárez con el PCE     
 
 Diario 16.    29/05/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

NACIONAL

SUAREZ

Fulminante desmentido del presidente

Carrillo sacó a relucir intentos de pactos de Suárez con el PCE

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo volvieron a protagonizar un nuevo «mano a

manó» al informar el primero, ante el Pleno del Congreso, sobre los

ofrecimientos del presidente a los comunistas para la formación de un Gobierno

de mayorías en 1978. Suárez y Abril desmintieron a Carrillo y hubo caras serias.

Madrid - Santiago Carrillo, nada más subir a la tribuna, manifestó que no tenía

intención de participar en ese momento, pero que el Gobierno había establecido

una especie de soberanía limitada para el PCE, lo que le obligaba a hacer unas

precisiones. Y salieron a relucir más pactos y conversaciones secretas entre el

Gobierno y el PCE en 1978.

Mientras Suárez movía negativamente la cabeza y Fraga, Blas Piñar y gran número

de diputados escuchaban con atención, el secretario general del PCE afirmó que

en esa fecha, antes de la .disolución de las anteriores Cortes, el Gobierno

propuso a su partido un acuerdo de mayoría y recordó una cena en Castellana, 3.

A ella asistieron Abril Martorell, Calvo Ortega, y Pérez-Llorca, por parte del

Gobierno, y Jordi Solé Tura, Eugenio Triana y el propio Santiago Carrillo por

parte del PCE

«Piénsenlo ustedes bien»

«La cosa me pareció tan extraordinaria —afirmó ayer Carrillo— que dije a Abril

Martorell que lo pensara bien y me llamó a los dos días para decirme que sí, que

estaban dispuestos a un acuerdo de mayorías.» «Fui ala Moncloa -añadió— y

consulté con Suárez y me confirmó que estaba dispuesto a un acuerdo de mayoría

porque el PCE era un partido nacional y democrático.»

Santiago Carrillo afirmó que tras esa entrevista hubo una segunda reunión en la

que participaron por parte del Gobierno los mismos ministros, y por parte del

PCE Manuel Azcárate, Solé Tura, Ramón Tamames y el mismo Carrillo. Reunión en la

que comenzó a discutirse un posible acuerdo y que produjo, en palabras del líder

comunista ayer en el Congreso, «un intercambio de papeles».

«Le dije a Suárez —señaló Carrillo— que aceptaba comenzar las negociaciones

porque no me extrañaría que algún día algún partido negase al PCE la posibilidad

de entrar en una mayoría», lo que ayer sucedió en la Cámara.

Suárez siguió negando con la cabeza, y Santiago Carrillo terminó afirmando que

no era muy cristiano por su parte recordárselo al presidente del Gobierno, pero

que tenía muy buena memoria y que ésa era la realidad.

Abril Martorell, al quite

Tras los cinco minutos de intervención del secretario general del PCE, subió a

la tribuna de oradores Fernando Abril Martorell, para afirmar que «el señor

Carrillo confunde los deseos con la realidad y ha dado una buena muestra del

soporte ético que dirige su comportamiento. Cualquier medio es útil para el fin

que se propone».

Precisó el vicepresidente segunda del Gobierno que las conversaciones de 1978

tenían como preocupación fundamental la situación económica, y añadió que se

produjeron tras las reuniones con empresarios y sindicatos, en las que CC 00

solicitó la participación de los partidos políticos, para terminar afirmando que

«cuando las conversaciones derivaron hacia la OTAN las dimos por canceladas».

A las siete menos diez, el presidente Suárez intervino en el debate para

reconocer «la capacidad dialéctica del señor Carrillo, que ha dicho parte de la

verdad, pero no toda. Aquellas conversaciones eran para enfrentarse con la

situación económica».

«Me fue a visitar a mi —añadió Suárez— en busca de un acuerdo político. Yo le

dije que sí a los acuerdos económicos, pero el señor Carrillo buscaba saber si

se iban a disolver las Cortes y convocar elecciones.»

Carrillo se pone serio

Tres minutos después, Santiago Carrillo volvió a tomar la palabra y afirmó que

«Abril ha dicho algo fundamentalmente verdadero, que en aquella ocasión se

trataba de buscar un acuerdo con el Partido Comunista para sacar al Gobierno de

sus dificultades económicas y sociales».

El secretario general del PCE se apoyó en el estrado para señalar que quizá el

presidente Suárez, «con su astucia conocida, quería complicarnos s nosotros en

su política económica».

Añadió que el líder centrista confundía varias conversaciones, ya que «en

aquella época nos veíamos más a menudo. Ahora, tal y como él mismo dice,

prefiere equivocarse con sus propios errores y así le van las cosas».

Con la sonrisa en los labios, Suárez escuchaba atentamente a Santiago Carrillo,

sonrisa que se acentuó cuando el secretario general del PCE se refirió a los

americanos y a lo que en otoño de 1978 dijo de ellos el presidente del Gobierno:

«Las elecciones fueron temas de otra conversación —señaló Carrillo— y siento

mucho que la situación política de hoy le impida reconocer la verdad, terminó el

líder comunista, mientras señalaba con el dedo al presidente Suárez y éste

adoptaba un semblante serio y concentrado.

Enemigos políticos

Muy brevemente, el presidente Suárez afirmó que Carrillo y él siempre serían

enemigos políticos y que nunca pasó por su imaginación el formar una mayoría

entre los dos.

Recordó su defensa en televisión de la legalización del PCE y afirmó que «las

diferencias ideológicas son tan grandes, que existe el respeto, pero también el

rechazo más absoluto a cualquier pacto de Gobierno».

Esta afirmación levantó grandes aplausos entre los diputados de UCD mientras el

presidente regresaba al banco azul.

El último minuto

El presidente del Congreso, concedió un minuto para contestar a Santiago

Carrillo quien desde su escaño, también muy serio, reiteró todo lo dicho >y más

que puedo decir», para terminar dirigiéndose a Suárez con estas palabras: «No

diga su Señoría de este agua no beberé, no sea que tenga que hacerlo para

defender la democracia.»

A continuación, Landelino Lavilla levantó la sesión, con un descanso de diez

minutos, y el hemiciclo se quedó casi vacío con diputados y senadores en busca

del bar y los periodistas a la caza de un teléfono.

 

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