Autor: Pajuelo, Alfonso. 
   Nadie clarificó los objetivos económicos de Suárez     
 
 Diario 16.    18/09/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PLENO DE LA CUESTIÓN DE CONFIANZA

Nadie clarificó los objetivos económicos de Suárez

Ni una clarificación de los objetivos económicos formulados por el presidente

Suárez, ni una definición más explícita de los medios que va a emplear el

Gobierno para conseguir esos objetivos consiguieron los intervinientes arrancar

del Ejecutivo, en la sesión plenaria de ayer. Las bazas siguen en la manga de

UCD.

Alfonso PAJUELO

Madrid — Resultaba difícil oponerse a un catálogo de objetivos que figura en la

mente de la mayoría, y asi se demostró en la segunda jornada del Pleno del

Congreso. Quizá la única alternativa que cabía era la presentación de un

desiderátum apocalíptico en fa sostenido, aprovechado por Manuel Fraga como

portavoz de Coalición Democrática. Suárez, desde el asiento, que hasta ahí

podíamos llegar, dio cumplida respuesta a los 41 folios de Fraga en tres

escuetas y concisas frases.

Durante el desarrollo de la sesión campeó por el hemiciclo la incógnita de quién

sería el encargado de obligar al Gobierno a concretar, en la medida de lo

posible, los puntos de la declaración de Suárez. Que explicara de una forma más

explícita de qué medios se valdría el Ejecutivo para conseguir esos objetivos y

que fueran más indicativos en su cuantificación.

Sin embargo, las espadas nunca llegaron a estar en alto.

Profesor-alumno

Únicamente el portavoz del grupo socialista vasco, Carlos Solchaga, incidió

tenuemente en estos aspectos, más como compensacion por la poco formal

pretensión de poner su alternativa que con la convicción y energía necesarias

para provocar una respuesta forzada del Gobierno.

Así lo entendió García Diez, ministro de Economía y Comercio, antiguo alumno del

profesor Solchaga, que se limitó a repetir lo expuesto el día anterior por su

presidente.

Juan Antonio, con las gafas impidiendo que se le cayera la nariz y su

característica tonalidad bondadosa, consiguió encrespar —sólo un poquitín— los

ánimos del interpelante, que debió aclarar, sin mucha convicción, que no era su

deseo presentar una alternativa, sino explicar que se pueden compatibilizar

muchas más cosas de las que pretende el Gobierno actuando con inteligencia.

Usando ese mismo instrumento, Solchaga insistió en que el déficit del sector

público podría aumentarse notablemente sin que pasara nada. ¿Y la capacidad del

sistema financiero para financiarlo?, le espetaba Juan Antonio. «Pues el sistema

financiero tiene capacidad para absorberlo, y si no que se reforme al alza el

límite de crecimiento de las disponibilidades líquidas», respondió Solchaga. ¿Y

la inflación, qué?, nos preguntábamos algunos.

Seriedad afirmativa

Miguel Roca, por la minoría catalana, dio un ejemplo de seriedad al defender con

dignidad su voto afirmativo a la cuestión de confianza. Roca hizo una de las

mejores defensas posibles de la declaración programática objeto del voto. Hasta

tal punto fue buena su intervención a favor que algunos diputados de UCD le

aplaudieron con gran aparato de gestos y aspavientos de Gaby Cisneros recordando

a sus compañeros que Roca era de otro partido.

El representante catalán se permitió, incluso, aportar algunos olvidos de

Suárez, como son la consideración del desarrollo tecnológico como sector de

futuro y condición indispensable para la mejora de nuestra competitividad

exterior, favorecer la financiación de las pequeñas y medianas empresas,

promocionar los mercados financieros secundarios y flexibilizar la carga fiscal.

Sin furia y sin apasionamiento acusó al Gobierno de la injustificable falta de

carecer de imaginación. A pesar de esta nota negativa, el banco azul no se movió

para contestar.

No fue así con Rojas Marcos, cuya intervención dio origen a la lectura de

amplios manuscritos que ´tenían todo el aspecto de estar preparados con

anterioridad. Ni en su intervención ni en las posteriores del ministro de

Agricultura, Lamo, y del de Administración Territorial, Villa, brillaba la

virtud de la naturalidad y la de la improvisación propio de un debate de este

tipo.

Al final, todos contentos y felices. Rojas dijo al principio de su parlamento

que en ese momento —sólo en ese momento— su intención era votar contra Suárez.

Fichero de calamidades

La intervención de Fraga, con abundantes citas llenas de ironía y sapiencia, fue

recibido inicialmente con

ciertas sonrisas. Inmediatamente las caras cambiaron su gesto. Fraga lo veía

mal, muy mal, fatal. Gámir sonreía agazapado en la entrada del hemiciclo.

Fraga continuó leyendo su fichero de calamidades que aquejan a nuestro país y a

los desastres que nos ocurrirán sino les encuentran soluciones. Calificó el

programa de Suárez de «un intento más de aplazar las soluciones, de dejar que

los problemas se pudran». Gámir seguía observando, pero ahora desde el fondo del

hemiciclo en una semipenumbra que no permitía descubrir si continuaba sonriendo

o dejaba de tomar en serio los ataques de Fraga.

La sesión no dio mucho más de sí. Si se esperaba una aclaración de los objetivos

económicos formulados por Suárez, ésta no llegó. Como tampoco llegó una

definición más explícita de los medios que se van a usar para conseguir esos

objetivos ni más ligera cuantificación de alguno de ellos. Quizá el Gobierno

continúe aguardando sus mejores bazas para el PSOE y el PCE; todo es posible. La

solución mañana.

 

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