Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
 Ante la segura derota d la moción de censura. 
 No hay alternativa a Adolfo Suárez     
 
 ABC.    30/05/1980.  Página: 1,5. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

ABC

MADRID, VIERNES 30 DE MAYO

DE 1980 - NUM. 23.127

VEINTICINCO PESETAS Ante la segura derrota de la moción de censura

No hay alternativa a Adolfo Suárez

El anuncio del sentido del voto ante la moción de censura al Gobierno presentada

por el PSOE, realizada por los distintos portavoces de los grupos parlamentarios

terminó con las escasas dudas que podían abrigarse sobre el resultado del

debate. No hay alternativa a Adolfo Suárez. Felipe González, con el apoyo

exclusivo del Partido Comunista y de algunos miembros del Grupo Mixto, habrá de

esperar a mejor ocasión para intentar llegar a la Presidencia del Gobierno. Esta

madrugada, después de más de diez horas de sesión, se aplazó el debate hasta

esta tarde; se espera que esta noche puedan celebrarse las votaciones.

MADRID (Herminio Pérez Fernández). A las ocho y cuarto de la tarde de ayer,

cuando el señor Carrillo iniciaba su intervención, para anunciar el apoyo de los

comunistas a la moción de censura de los socialistas contra el Gobierno, el

momento de la votación final se veía todavía muy distante. Sin embargo, la

realidad as que para entonces el resultado estaba ya «cantado». Lo que iba a

suceder era bien sabido: los socialistas no se saldrían con la suya, porque la

moción de censura no iba a alcanzar los 176 votos necesarios para la mayoría

absoluta. Pero el Gobierno tampoco salía muy bien parado del trance, al quedar

únicamente respaldado por los votos de los diputados de UCD. Es verdad que, con

ocasión de la solemne sesión de investidura, el Gobierno sólo pudo contar con la

adhesión de Coalición Democrática (nueve votos), Andalucis-tas (cinco) y dos del

Grupo Mixto. Pero en esta ocasión hasta eses han perdido.

Conocidos estos datos ya antes de iniciarse la sesión de ayer, está claro que e¡

debate perdió una gran parte de tensión por lo que se refiere a la incógnita, ya

que no era tal, del resultado último, aunque mantuvo, en muchos momentos, la

altura de una discusión parlamentaria en la que, no una, sino muchas veces, se

han tocado y se han abordado los temas más candentes y los problemas más

acuciantes que ,hoy abruman al pais.

La sesión fue realmente marathoniana. A las tres menos unos minutos, el

presidente del Gobierno, señor Suárez, y todos los ministros estaban ya en sus

escaños del «banco azul»; también la mayoría de los diputados fueron puntuales,

y muchos senadores, que, como en los días anteriores, ocuparon las últimas filas

del hemiciclo. Las tribunas de invitados aparecían igualmente abarrotadas de

público, lo que significaba que el interés despertado´ por este Pleno se ha

mantenido hasta el último momento.

El clima, sin embargo, era muy diferente en la Cámara. El partido del Gobierno,

que al parecer, se considera satisfecho simplemente con que la moción de censura

no llegara a prosperar, se mostraba distendido y tranquilo, sin importarle

demasiado la nueva serie de críticas y de ataques, más o menos virulentos, que

todavía iba a tener que soportar.

Abrió el turno el andalucista señor Rojas Marcos, que dedicó por igual sus

críticas al Gobierno y a los socialistas. Atacó duramente la figura de la moción

de censura. No comprendía —dijo— por qué si decía «no» a la moción de censura,

estaba diciendo «sí» al Gobierno de Suárez, cuando él no quería ni lo uno ni lo

otro. Afirmó que el PSOE no había estado acertado al presentar la moción de

censura en el momento en que lo hizo, porque con ello impidió que tos grupos

parlamentarios que entonces iban a anunciar sus intervenciones pudieran elevar

propuestas de resolución. Resumió su postura y de su grupo en una frase:

«Sí a la moción de censura y no a la investidura de Felipe González.» Esto, que

calificó de "voto ortopédico», significaba, en realidad, su abstención.

El señor Rojas Marcos, que es un orador suelto y ágil, con gran capacidad de

reacción, habló en un momento de su intervención de los «compañeros

socialistas», y como en los escaños de la oposición se pro-, dujeran algunas

risas, se apresuró a exclamar: «¡Si no quieren que os llamemos compañeros, no se

lo llamamos!» Afirmó que Alfonso Guerra había tenido que hacer el papel de «malo

de la película» para tapar «el programa insípido y neocapitalista del secretario

general de su partido». Para él, fuera cual fuera el resultado de la moción, «el

presidente Suárez es un árbol caído al que ha tumbado Andalucía».

Una vez más, el señor Roca Junyent, de la Minoría Catalana, volvió a demostrar

su ponderación, su serenidad y su equilibrio, con una exposición llena de

aportaciones positivas que, sin embargo, no necesitó consumir la totalidad del

tiempo que tenía concedido. Al terminar recibió algunos aplausos, vacilantes,

del sector gubernamental.

El Gobierno afronta la moción de censura

LA GRAN AMENIDAD DE FRAGA.—Y llegó el primer momento culminante del debate

Fraga: Un alivio en la dilatada sesión plenaria de ayer

Por la amenidad de sus intervenciones de la tarde de ayer, con la intervención

de don Manuel Fraga. Iribarne, en nombre de Coalición Democrática. Con razón

había dicho el día antes, comentando el largo discurso del líder socialistas:

«¿Pero cómo se puede estar hablando durante dos horas, sin contar ni siquiera un

chiste?»El señor Fraga, que, además de su gran inteligencia, posee el don de la

amenidad, habló larga-mente; pero su intervención se hizo corta-Salpicada de

citas, de anécdotas de ingeniosas ocurrencia, provocó muchas veces la hilaridad

del auditorio. «La política es una cosa tan fea, que a las mamás las con-vierte

en suegras», dijo poco después de comenzar. Con un símil muy de nuestros

tiempos, señaló que el dilema planteado al Congreso por la moción de censura

suponía tanto como querer quitar el volante a un conductor malo, para cedérselo

a otro que quiere llevarnos a donde la mayoría no queremos ir, y todo ello

cuesta abajo y sin frenos.

Refiriéndose a la moderación que debe presidir estos debates, Fraga recordó

aquel revolucionario que, en lugar .de pedir la muerte para los obispos pedia

«que matan a los "señores" obispos, porque, atendiendo a sus anhelos de vida

eterna debemos proporcionarles un tránsito rápido«. Aludiendo a la intervención

de don Alfonso Guerra, habló de la «declaración de Guerra»... Pero estos

aspectos anecdóticos no impidieron al señor Fraga atacar duramente a li y

troyanos, como cuando replicó al señor González Márquez: «Ser miembro de ka

familia Franco no puede ser una presunción de culpabilidad»

Aseguró que la mayoría del PSOE siempre será una mayoría inestable, porque

depende-ría del voto comunista, lo cual sería peor que las «poco acreditadas

mayorías a la carta». Y esto no significa descalificar a los comunistas —afirmó—

, sino al contrario: calificar-los, llamando a las cosas por su nombre.

Refiriéndose al señor Carrillo y a sus invocaciones a lo divino, pidió «que los

defensores del opio del pueblo dejen al cristianismo en paz».

Para el señor Fraga este debate ha sido positivo: «No hemos perdido el tiempo»,

afirmó. A la vista de lo contemplado estos días en el Congreso, la opinión de

los españoles—dijo— debe modificar su dirección.

Y aprovechó el momento para dirigir un llamamiento al 40 por 100 de españolas

que se abstienen en las elecciones y al 20 por 100 de los que dan su voto por

miedo. Para el señor Fraga el fracaso de la moción de censura no puede ser el

fin única de este debate, sino que el Gobierno debe considerarse obligado a

plantear, seguidamente el voto de confianza, para que queda claro el respaldo

real con que cuenta en la Cámara«porque sin un Gobierno fuerte —afirmó—no

puede haber libertad. Dics y España fueron las invocaciones con que se cerró la

intervención del señor Fraga.

El señor Abril Martorell, vicepresidente segundo del Gobierno, demostró una vez

más su valor. Porque salir a hablar detrás del to-rrente de vitalidad dialéctica

que es Fraga Iribarne constituye una decisión cuando menos intrépida. Pero salió

para subrayar los aspectos positivos de la labor desarrollada por el Gobierno.

A las cinco y media de la tarde ocupaba nuevamente el podio de los oradores el

líder socialista don Felipe González. Comenzó por resaltar el clima de

cordialidad y de crítica serena y respetuosa predominante ayer en la Cámara. Así

fue en efecto. Toco transcurrió tranquilo y sereno hasta que, tras una

interrupción de media hora. —para que se reuniera la Junta de Portavoces.—,

correspondió intervenir al señor Sagaseta, del Grupo Mixto, que ayer tuvo una

doble actuación, pues comenzó por leer un comunicado del señor Bandrés

anunciando su apoyo a la moción de censura —el señor Bandrés, se dijo en los

pasillos se encontraba ayer defendiendo a miembros de ETA, que estaban siendo

juzgados— para leer, acto seguido, su propio anuncio de apoyo a la moción socia-

lista, reiterando sus habituales alusiones a la UCD como partido del gran

capital de la oligarquía financiera estrechamente ligada al imperialismo

norteamericano"...

 

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