El discurso del Presidente     
 
 ABC.    21/05/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

2/ABC OPINIÓN

MIÉRCOLES 21-5-80

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE

El discurso de! presidente Suárez, justificadamente dilatado en esta ocasión,

aunque en alguna parte descienda a pormenores no necesarios quizá en una

exposición política general, es, por encima de todo, un discurso muy serio, bien

argumentado y cuya trascendencia no será medida en su dimensión verdadera, a

nuestro inicio, por Quienes prescinden de penetrar, levando entre líneas, al

menos dos designios que, sin ser objetivos principales, contiene.

Es el primero de ellos recordar de forma tácita o sobreentendida, a los partidos

de la oposición, concretamente al~ PSOE y al PCE, que la política gubernamental

o es, no ha sido, una política decidida únicamente por e! partido de UCD, sino

una política sometida al consenso. Es decir, una política «compartida», cuyos

errores —en el triángulo de los problemas fundamentales: autonomías, economía,

terrorismo y orden público— puede asumir,y asume con ejemplar gallardía, el

Gobierno, pero que resultan, en definitiva, también errores de los partidos de

la oposición.

Aunque no tuviese otras razones —que se explican, por cierto, en el discurso— el

presidente para justificar con absoluta dignidad la gestión del Gobierno, le

bastaría ésta para salvar la política seguida hasta ahora con un argumento que

deshace, de entrada, cualquier virulencia improcedente en el debate. ¿Oué otra

cosa significan, si no, las apelaciones del presidente a la «colaboración de

todos» —incluidos en primer lugar los partidos políticos y las organizaciones

sindicales— para la definitiva institucionalización de la democracia y de las

libertades», para la solución de la «profunda crisis económica», para luchar

contra «el terrorismo y la delincuencia», para l transformación de la estructura

estatal? ¿Qué otra cosa significan, decimos, que no sea la necesidad de una

actitud razonable de la oposición para que estas finalidades puedan lograrse? El

Gobierno, ha dicho el presidente Suárez, asume todas tas responsabilidades que

le corresponden, absolutamente todas. «Pero ni una más.» ¿Por qué? Porque tal y

como se ha desarrollado la política española, la concreta politica gubernamental

tiene, además, otros muy importantes responsables que no son precisamente de

UCD.

Hacia UCD, hacia las entretelas o los bastidores de su propio partido, pensemos

que quizá apunte la otra preocupación tácita, entre líneas, del presidente

Suárez.Va a superar seguramente el gran debate. Y entonces; ¿a qué quedarán

reducidas las disidencias de quienes, obtenidos sus votos bajo el paraguas de

UCD, se han apresurada a difundir, directa o indirectamente, profecías de

desintegración del partido o de agotamiento político de su cabeza?

Aunque resulte muy difícil, aunque sea tarea imposible sintetizar e¡ discurso

del presidente Suárez, de toda Ja exposición se deduce, a lo que nos parece, un

propósito de extraordinario interés; la política del Gobierno de UCD va a

cambiar. No para desviarse, ni siquiera un ápice, de las formulaciones y

realizaciones democráticas, pero si para cancelr, o para intentar cancelar,

debilidades y concesiones que no favorecen a la democracia.

Tienen especial importancia en el discurso presidencial las reiteradas

afirmaciones sobre el imperio de la Ley. Energía y firmeza —rigor, en suma— en

el marco estricto de las leyes serán las coordenadas invariables a las que el

Gobierno ajuste su acción para erradicar la plaga del terrorismo y el fenómeno

de

la delincuencia.» Y siguen, en la misma linea de importancia, todas ls

consideraciones y definiciones —al fin claras y contundentes— que ha dedicado el

presidente a las autonomías, al Estado de las autonomías.

Asunto clave —que ocupará estas columnas en próximos comentarios— para el cual

no parece existir más solución viable que la expuesta por el señor Suárez. Y -

cuando decimos viable pensamos en la absoluta necesidad de respetar el principio

de unidad nacional que proclama la Constitución y también en el insoportable

coste económico que engendraría para los propios ciudadanos de las autonomías y

de la comunidad nacional una precipitación injustificable en el proceso

autonómico, con el peligro añadido, inadmisible, de claras tendencias

independentistas. »La construcción del Estado de las autonomías —dice el

presidente— no puede plantearse como una pugna dialéctica de las comunidades

frente al Estado.»

Discurso serio, congruente, desafiador incluso, pues que el desafío es otra

cualidad política y es obligatorio en el juego parlamentario cuando se afronta

una rendición de cuentas, ha sido el discurso del presidente Suárez.

El presidente, criticado no sin razón por sus silencios y sus ausencias

parlamentarias, ha cumplido bien, con eficacia política —porque no sería justo

ni propio de este tiempo de penuria retórica demandar otras galanuras

oratorias—, su papel.Ha sabido defender a su Gobierno. Ha defendido a su

partido. Y ha lanzado, en el Congreso, Si desafío de unas soluciones posibles,

de una posible continuación del proceso democrático, que no van a superar —con

soluciones mejores ni más reales— los partidos de la oposición.

Ninguno de ellos ha propuesto, por ahora, una censura. Ninguno de ellos está en

condiciones de sustituir al Gobierno ni de desplazar del Poder ejecutivo a UCD

con un programa político mejor. Si estuviésemos más acostumbrados a( auténtico

juego democrático, a la natural pugna parlamentaria, no habría sido tan

magnificado este debate, aun habida cuenta de que son, en verdad, muy graves las

actuales circunstancias en España.

 

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