Maniobra en torno a la moción de censura     
 
 ABC.    25/05/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC

OPINION

DOMINGO 25-5-80

Maniobra en torno a la moción de censura

Recogen las agencias noticia de ciertos intentos negociadores del PSOE cerca de

determinados medios de UCD. Se nos informa a nosotros, por otra parte, de esos

mismos movimientos, aunque ampliados en su escala, y claramente, alarmantemente,

específicos en su propósito. Según las versiones de que nosotros disponemos, la

estrategia socialista define un esfuerzo político suficiente para lograr la

derrota parlamentaria del Gobierno ucedista, que sería sustituido por otro de

coalición destinado a preparar y convocar, en el curso de este mismo año,

elecciones generales a Cortes.

¿Es éste el mejor camino para consolidar, estabilizándola, nuestra democracia?

Por supuesto que la estabilidad del sistema democrático no es por principio la

inamovilidad del Ejecutivo, ni la demorada o poco menos que casi

institucionalizada permanencia de quien lo dirige por ser cabeza del partido

mayoritario. No, no sería éste el camino mejor para consolidar la democracia,

como sistema de organizar la vida pública, en el ánimo, en los hábitos y en la

conciencia de los españoles. Escribimos y sostenemos lo que antecede por las

siguientes razones:

Los límites establecidos constitucional-mente a las operaciones de remoción v

cambio de los Gobiernos, fuera de los plazos en que se debe desenvolver cada

legislatura, son límites estrechos, angostos si se quiere. Pero son límites en

cuyo establecimiento y definición medió el consenso, puesto que todas las

fuerzas comprometidas en el proceso constituyente entendieron, implícita o

explícitamente, que al menos en el período de consolidación de nuestras

libertades políticas, la estabilidad del entero sistema democrático habría de

pasar por ciertas continuidades esenciales en la dirección ¡política del Estado

que viniesen a desmentir, convincentemente, la gran acusación precedente de que

la ingobernabilidad de los españoles derivaba de la inestabilidad de los

Gobiernos en los sistemas de democracia parlamentaria.

De otro punto se debe reparar, en el visible cansancio, la indiscutible fatiga o

desánimo político que expresan esas ausencias de casi la mitad del electorado

español en las últimas consultas habidas, incluido el referéndum constitucional.

¿Cómo encajarían los españoles una operación de consenso inverso al que

posibilitó la Constitución, por más que hiciera´ imposible la definición clara

de ésta en muchas y muy graves materias? ¿Cuántos asumiríamos con paciencia el

espectáculo de una alianza de gentes del centro y de gentes de la derecha con el

principal partido de la izquierda para derribar un Gobierno que es de centro v

que la izquierda se empeña en calificar la derecha, y para formar otro de

mayoría socialista que colocara nuevamente a la nación ante las urnas? La

mayoría lo encajaría mal. Y de la mala acogida y peor digestión del imprevisto

postre electoral no habría de salir, con entera segundad, fortalecida la

democracia.

Ciñamos a sus justos términos la moción de censura, tan legítima y tan

brillantemente propuesta y razonada por el secretario general del PSOE. Valga

como lo que fue: aldabonazo puntual y toque de alerta a una política de Gobierno

que no acababa de asumir, lo que la nueva situación —de responsabilidad

singularizada, por fin del consenso— le exigía y exige. No puede valer la moción

de censura, pensamos nosotros, para precipitar una emigración moral de las más

de las fuerzas políticas desde las posiciones y situaciones en que fueron

votadas el, 1 de marzo. Y no puede valer si ese trasiego se hace para convocar,

al cabo de toda la operación, comicios nuevos. Serían éstos demasiados ya;

suficientes para la hartura.

 

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