Cuestión de confianza     
 
 ABC.    17/09/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

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OPINIÓN

MIÉRCOLES 17-9-80

Cuestión de confianza

Aunque el discurso del presidente Suárez no sea pieza oratoria brillante, aunque

quizás deliberadamente Jo haya planteado en términos de simple exposición

política, sin enardecimiento alguno, sin aristas críticas, contiene, sin

embargo, suficientes afirmaciones positivas y sirve con eficacia a su finalidad

principal: lograr una votación favorable en la cuestión de confianza.

Muy reciente aún su anterior discurso en el debate de la moción de censura, el

pasado mes de mayo, no existían tampoco motivos fundados para esperar sorpresas

en la línea política de UCD, que debe conservar su congruencia en lo

fundamental.

A cuatro grandes temas políticos se ha referido, en el comienzo de su discurso,

el presidente: crisis económica, Estado democrático y de las autonomías,

terrorismo y política internacional Estos dos últimos temas no figuran, luego,

en la relación de propósitos sobre los cuales se articula la declaración

gubernamental concreta que se ofrece a la Cámara para decidir ´la cuestión de

confianza. Es comprensible la doble omisión final. El tema del terrorismo- está,

de momento, suficientemente tratado y además no presenta ahora aspectos ante los

cual! es se susciten discrepancias sustanciales. El tema de la política

internacional no requiere tampoco ahora —y menos iniciada y pendiente la

Conferencia Internacional de Seguridad en Madrid— específica discusión.

Contiene, el discurso, afirmaciones muy interesantes, muy positivas, al tratar

del Estado democrático.

Todas las referentes al poder judicial, organización policial, estatuto de

libertades públicas... Pocas acciones como las destinadas a fortalecer el poder

judicial sirven con mayor eficacia al asentamiento de un auténtico sistema

democrático.

Ante los complejos problemas del Estado de las autonomías, el presidente Suárez

se ha pronunciado con claridad. Al menos, con la claridad máxima que, en su fase

actual, permite el tema. El propósito general anunciado es el desbloqueo del

proceso autonómico. Con más concreta alusión a este proceso en Andalucía y en

Galicia. Pero, en cualquier caso, ajustando siempre los procesos autonómicos a

principios de Igualdad y de solidaridad interterritorial. No pocas de las

actuales tensiones, en este ámbito de las autonomías, deben aflojarse o

desaparecer si se da crédito al proyecto gubernamental.

Merece subrayarse, igualmente, la preocupación que se expresa por los aspectos

económicos que afectan, dentro del marco autonómico, a las Haciendas Locales, a

los Ayuntamientos y Corporaciones Provinciales, Forales e Insulares.

Preocupación que se extiende —con evidente buen sentido— a los órganos de la

Administración del Estado, cuyos servicios prosigan en las comunidades

autónomas.

Ante la crisis económica, se hace en el discurso y en la declaración final una

inexcusable estimación prioritaria del gravísimo problema del paro. Ahora bien,

no se ofrecen soluciones utópicas, sino pensadas con realismo. El propósito de

crear puestos de trabajo se ajustará a «los límites impuestos por la lucha

contra la inflación y por el desequilibrio de la balanza de pagos».

Se afirma, también, como palanca genérica de reactivación, el aumento de la

inversión pública. Dentro, desde luego, del marco de la economía de mercado: y,

desde luego, con no pocas referencias a la decisión firme de reducir gastos

públicos y de oponerse a nuevos crecimientos de éstos si no se aprueban, al

mismo tiempo, los recursos de financiación necesarios.

Se espera —según la teoría de soluciones que se apuntan— que la Aversión pública

tire de la inversión privada. Y se mencionan acciones concretas en la

construcción de viviendas, en la reconversión industrial, en el desarrollo

agrario, en los transportes.

Muy positivas, e idóneas para estimular sectores importantes, son las

afirmaciones de ejecución puntual del Plan Energético Nacional —«lo mismo en sus

aspectos convencionales que nucleares»— de liberalización de los tipos de

interés, de menor intervencionismo... Y sobre todo, las ideas de moderación

salarial y de establecimiento de un sistema de relaciones laborales «más próximo

al de los países entre los que vivimos».

La declaración política para la confianza presenta, en definitiva, un caudal de

iniciativas, de propósitos, de medidas posibles, que merece apoyo. La crisis no

se puede resolver, en ninguno de sus aspectos, milagrosamente, • de un día para

otro. Podrá discutirse si la declaración pudo haber sido más completa o más

esperanzadora. Pero pensando con los pies bien asentados en la tierra, en la

realidad, es difícil que se ofrezcan soluciones mejores, ni de mayor

posibilidad, en el debate de la cuestión de confianza. Incluso puede repetirse

la Historia —incluso en la calidad de los discursos— de la moción de censura.

Con fría estimación de las cosas, no es conveniente, bajo ningún punto de vista,

que la situación desemboque en la inestabilidad que produciría la derrota del

Gobierno en la cuestión de confianza. Lo mejor, aunque la oposición pro-pugne lo

contrario, es que se mantenga hasta su límite normal, hasta 1983 el partido de

UCD en el Gobierno. Gobernando con acierto, por supuesto. Y ganando una

"credibilidad que muchos ponen en tela de juicio.

 

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