Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Viñeta de Gil Robles     
 
 ABC.    17/09/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

•MIÉRCOLES 17-9-80

De ayer a hoy

Viñeta de Gil Robles

No quisiera que en estos anales, aunque defectuosos y escasos, faltara una

mención conmovida a Gil Robles. Su biografía ha sido una de las más abarcadoras

de la historia española. Seguramente sus recuerdos poli-ticos y el buen

entendimiento de ellos le hicieron, un observador perspicaz, certero. Tenia para

mí la cualidad casi misteriosa y digna de reverencia del superviviente, pero de

ningún modo era su propia sombra. Ramón Tamames ha dicho que su último artículo

de ABC, en el que tocaba el tema del presidencialismo, le pareció «muy

correcto». ¿Qué es ser muy correcto? Muy correctos son los burros, que nunca se

ríen en público y suelen estarse quietos donde los dejan. Gil Robles tenía un

sentido profundo de la actualidad, arrancaba siempre de la intra-historia. Su

crítica y sus proposiciones eran lúcidas, como sus avisos, porque conocía muy

bien los caminos que llevan a la tragedia.

Hablé con él por primera vez hace algún tiempo, en Prado del Rey, el día que

volaron la cafetería «California». Había acudido a «La Clave», de José Luis

Balbín, y en la sala de maquillaje encontré a Gil Robles y a Carrillo. Aquí sí

que tendría razón Tamames, porque Gil -Robles estaba muy correcto, lo mismo que

Carrillo, e Incluso que la maquilladora. Había entre los dos políticos una

tensión natural, por decirlo así, que evidentemente, no era yo quien podía

deshacer. Viendo una película de la revolución mexicana, la de Emiliano Zapata,

Balbín nos informó de la catástrofe. Tanto Gil Robles como Carrillo midieron

perfectamente la gravedad del acontecimiento, que Balbín fue el primero en hacer

público por televisión, cuando reanudamos el coloquio. Al dirigirnos al estudio,

Gil Robles se apoyó en mi brazo para bajar unas escaleras. Había tenido un

accidente semanas atrás y le flaqueban algo las piernas. Me dijo:

«Todo esto que pasa ya lo he vivido, y lo malo es que estoy viviéndolo otra

vez.» Estaba realmente angustiado.

El coloquio estuvo atravesado por aquella angustia, muy visible en Santiago

Carrillo, a quien le habían llegado rumores de que la sede del Partido Comunista

estaba siendo rodeada por los ultras. Viví un poco el síndrome agónico de los

años treinta.

José María Gil Robles ha muerto de una trombosis cerebral, y quizá también de

aquella misma angustia. En cualquier caso, nada le impidió ser un observador

penetrante. Y como los grandes políticos, como Azaña, por ejemplo, murió con la

pluma en la mano.— CANDIDO.

 

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