Soluciones a la crísis económica. 
 Hay que actuar para recuperar la actividad y crear puestos de trabajo     
 
 ABC.    17/09/1980.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 38. 

MIÉRCOLES 17-9-80

NACIONAL

ABC/ 5

Suárez pide el voto de confianza

Soluciones a la crisis económica

"Hay que actuar para recuperar la actividad y crear puestos de trabajo"

Un apartado importante del discurso presidencial, por su extensión e intensidad

en el análisis, es el relativo a la situación económica y al conjunto de

soluciones que el nuevo Gobierno ofrece para tratar de superar la crisis por la

que atraviesa aquélla.

Es imposible mantener una economía plagada de subvenciones, subsidios públicos y

precios políticos

El señor Suárez, después de referirse a la grave incidencia de los precios

petroleros, continuó:

El objetivo básico del Gobierno es situar paulatinamente la tasa de crecimiento

de la economía entre un 4 y un 5 por 100 al final de un período de tres años, lo

cual permitirá crear puestos de trabajo suficientes para invertir la tendencia

alcista de la tasa de paro.

Para alcanzarlos se precisa, en último término, elevar la cuota de inversión

deja economía —es decir—, aumentar el porcentaje del producto nacional que

destinamos a la acumulación de capital—; se «precisa» elevar sin agravar los

desequilbrios de la economía, es decir, sin llevar el déficit de la balanza de

pagos a cifras inmanejables —no financiadles—, y sin dar nuevas fuerzas a un

proceso inflacionista que tantos esfuerzos y sacrificios nos ha costado reducir

a la mitad en un período de tres años; y se «precisa» elevar la cuota de

inversión sin generar despiltarros, haciendo un gran esfuerzo para resolver, por

una parte, el problema energético que nos acosa, para solucionar, " por otra

parte, el problema de las industrias en crisis y para generar, en fin, nuevos

puestos de trabajo en sectores dinámicos y competitivos.

El Gobierno va a buscar, en el corto plazo, el aumento de la cuota de inversión

de la economía a través de un reforzamiento de la inversión pública y de un

impulso a la construcción de viviendas.»

Más adelante, el presidente expuso el siguiente plan de soluciones:

«El Gobierno cree necesario, por razones coyunturales y para apoyar una

recuperación de la inversión privada, reforzar en el próximo futuro la

intensidad de la inversión pública.»

«Y esto va a expresarse en tres líneas de esfuerzo: en «primer lugar», se va a

incrementar de modo importante, a partir del presupuesto de 1981, el volumen de

recursos públicos destinados a gastos de inversión; en «segundo lugar», se va a

reforzar la atención prestada al ritmo de ejecución de las inversiones

programadas, de modo que se eleve la tasa de realización de las mismas, y en

«tercer lugar», se van a intensificar el proceso de estudio y puesta a punto de

nuevos programas, de modo que se disponga de una amplía cartera de proyectos de

inversión pública que permita utilizar este instrumento de regulación de la

demanda en la confianza de que existen proyectos eficientes y bien estudiados.

Hay suficientes necesidades de capital social público como para estar seguros de

que, si los ¡programas están bien estudiados, la inversión pública puede

forzarse sin peligro de derrochar recursos.»

APOYO A LA CONSTRUCCIÓN DE VIVIENDAS

Paralelamente, el Gobierno se propone ultimar con rapidez una importante

operación de apoyo a la construcción de viviendas que permita movilizar un

volumen importante de recursos del sistema financiero en condiciones adecuadas

para los adquirentes de viviendas sociales y con un coste modesto en forma en

subvención con cargo a los recursos públicos.

La importancia que tiene el sector de vivienda en la regulación del mercado de

trabajo explica fácilmente el Interés del Gobierno por apoyar esta línea de

actividad en su esfuerzo por generar rápidamente puestos de trabajo.

«La única forma de proteger —precisó Suárez— la economía española de los

Impactos negativos derivados de la escasez del petróleo consiste en alertar la

producción nacional de energías alternativas, sustituir el petróleo en el

consumo y mejorar la eficacia energética del país, es decir, reducir el consumo

de energía necesario por unidad de producto.»

Y todo esto exige fuertes inmovilizaciones que han de desarrollarse

puntualmente, atendiendo, por una parle, al cumplimiento del

A corto plazo se va a reforzar la inversión pública e impulsar la construcción

de viviendas A largo plazo, el objetivo básico del Gobierno es crecer entre un 4

y un 5 por 100 anual Programa Energético Nacional y, por otra, a la amplia gama

de inversiones que van desde los transportes públicos hasta la sustitución del

petróleo en la industria.

También las llamadas industrias en crisis requieren inversiones importantes que

conduzcan a reestructuraciones empresariales y sectoriales que aseguren sus

posibilidades de competencia en condiciones de mercado, es decir, al margen de

un proteccionismo sin futuro.

Queda claro, desde luego, que no todos los sectores en dificultades pueden

considerarse calificados para recibir un apoyo público a su reconversión.

Y quede claro también que este apoyo público ha de ir acompañado de la

cooperación de los grupos socioeconómicos interesados y que la reconversión

será, a menudo, imposible, sin reducciones importantes de plantillas y cierres

de instalaciones.

Pero en los sectores calificados por motivos sociales y económicos, y supuesto

que exista la cooperación necesaria, el sector público prestará, a su

reestructuración, una ayuda eficaz, clara, pública y limitada en el tiempo

dentro de programas estudiados para poner remedio a unas situaciones que no

pueden prolongarse indefinidamente.

El Gobierno procederá a poner a punto, en las próximas semanas, los programas

selectivos de reestructuración, a los que atenderá con especial énfasis desde

1981.

Complementariamente a todo ello, debo indicar, que la agricultura, como especial

sector de nuestra economía,recibirá la atención precisa del Gobierno, que

acelerará los programas agrarios en curso y otorgará al sector una consideración

prioritaria en los programas de inversión pública.

DEMASIADA CARGA PARA EL SECTOR PUBLICO

«Desde finales de la década de los años sesenta, España se lanzó a un programa

de gastos sociales de amplios vuelos, cuya expresión más clara fue un

crecimiento muy rápido de la participación de la Seguridad Social en la renta

nacional, una intensa expansión de los gastos corrientes de las Administraciones

Públicas, un aumento importante de los costes, del trabajo y una tendencia a la

comprensión de la cuota de ahorro nacional.

Este proceso había hecho sentir sus efectos negativos sobre el crecimiento de la

economía a medio plazo, aun si no se hubiera registrado la crisis del petróleo;

pero esos efectos se han hecho más ostensibles al entrar la economía en una fase

de lento crecimiento.

El problema reside en que el rápido crecimiento resultante de los gastos

públicos corrientes ha llevado a la práctica desaparición del ahorro público, a

pesar del aumento registrado en la presión fiscal.

En consecuencia, el déficit del sector público ha mostrado una rápida tendencia

al crecimiento y sus necesidades de financiación han aumentado; y ello ha tenido

su causa en una evolución y una estructura del gasto público que implican el

mantenimiento de una economía de consumo y de transferencias.

Esta es una tendencia que es preciso atajar e invertir.Es preciso reconstituir

e! ahorro del sector público para que éste pueda contribuir adecuadamente a la

elevación de las cuotas de ahorro e inversión nacionales. Es preciso, en

definitiva, moderar con decisión el crecimiento de los gastos públicos

corrientes.

Se trata de una tarea difícil, oscura, ingrata y ajena al voluntarismo.

En parte, requiere resolver otros problemas, como los déficit de empresas que

generan subvenciones de explotación.

En parte, exige aceptar, la imposibilidad de mantener una economía plagada de

subvenciones, subsidios públicos y precios políticos.

En parte, requiere admitir las limitaciones que la situación de la economía

impone a las posibilidades de realizar crecientes gastos sociales y

redistributivos, porque las aspiraciones más justas han de tener un firme apoyo

en la realidad; si no, han de resultar frustradas y causantes de otros males no

deseados.

Pero la limitación del crecimiento de los gastos corrientes exige, sobre todo,

un gran esfuerzo de administración.»

REGENERACIÓN DEL AHORRO PUBLICO

«El Gobierno está decidido a realizar es esfuerzo de administración que requiere

sector público en todas sus facetas, per que es básico para contener el

crecimiento de los gastos corrientes, regenerar el ahorro público e Incrementar

la inversión sin provocar tensiones monetarias y financieras.

El Gobierno se propone conseguir que los gastos públicos corrientes no aumenten

en los próximos años a mayor ritmo que el producto nacional —aunque en el

Presupuesto para 1981 este criterio se verá superado con el tortísimo Impacto de

las pensiones derivadas de la guerra civil, votadas en fecha no lejana por esta

Cámara.

A este respecto, el Gobierno ha de anunciar doy su firme decisión de oponerse a

cuantas iniciativas parlamentarlas supongan nuevos crecimientos de los gastos

públicos corrientes para los que no se aprueben, paralelamente los recursos de

financiación corriente adicional necesarios.

También se trata, sin embargo, de reforzar la cuota de ahorro del sector

privado, tanto de las familias como de las empresas.

En cuanto a las empresas, su ahorro depende de su beneficio, y éste, que es

básico para el crecimiento económico y la generación de puestos de trabajo,

depende, por una parte, de la demanda, que vamos a tratar de reanimar, y, por

otra, de la evolución de los costes de producción.

De estos costes es preciso destacar los referentes al trabajo, no sólo por su

importancia relativa, sino también por su relevancia en relación con los

problemas del empleo.

Los fuertes aumentos de las contribuciones a la Seguridad Social y de los

salarios reales hasta 1976 determinaron una Importante elevación de los costes

del trabajo en la pasada década.

El fenómeno ha perdido considerablemente fuerza desde 1977, y esto hay que

subrayarlo; pero no se ha Invertido, y el hecho es que el nivel de los costes

del trabajo constituye hoy un obstáculo para la generación de empleo.

No piensa el Gobierno que una reducción de dichos costes en términos reales

actuaría como un estímulo automático de la creación de empleo.

El empleo hay que alentarlo mediante un aumento de la demanda de bienes y

servicios, y ya he indicado algunas de ¡as líneas básicas que vamos a seguir

para conseguir ese objetivo; pero debe quedar claro que los* aumentos de la

demanda tendrá un efecto positivo sobre el empleo tanto menor cuanto mayor sea

el coste real del trabajo.

SE IMPONE LA MODERACIÓN SALARIAL

El Gobierno se propone realizar un Importante esfuerzo en el terreno de la

demanda y el empleo; pero la contrapartida habrá de ser una moderación salarial

si ha de continuar la reducción de la inflación y quiere lograrse efectivamente

que esa mayor demanda tenga efectos importantes en el empleo.

En resumen, el Gobierno, sin abandonar sus objetivos de progresiva reducción de

la tasa de Inflación, va a realizar un esfuerzo de estímulo de la demanda

aumentando la cuota de inversión a través de la Inversión pública, los programas

de inversiones relacionados con la energía y la reestructuración de los sectores

en crisis y el apoyo a la construcción de viviendas.

Para no generar desequilibrios, esta política requiere un esfuerzo paralelo

orientado a aumentar la cuota de ahorro de la economía; y el Gobierno se propone

que el sector público contribuya a ello a través de una moderación de los gastos

públicos corrientes y de una consiguiente reconstitución del ahorro de las

Administraciones Públicas.»

 

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