Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   El debate  :   
 (Segunda parte). 
 ABC.    24/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

4 / ABC

Pequeños relatos

El debate(Segunda parte)

Habla en en Congreso lo que ya no hay en ningún Parlamento europeo: entusiasmo.

No hubo al comienzo oradores conmovedores, ni apabullantes, ni crueles. Aquello

parecía, como alguien dijo, los coloquios del Club Siglo XXI, y los pasillos

resultaban menos atractivos que los almuerzos de Mona Jiménez. Rojas Marcos, muy

popular, exhibió un «nacionalismo nuevo». El vasco Bandrés expuso con

desfachatez un «nacionalismo-viejo». El navarro Aizpún estuvo desoladoramente

patético. Blas Piñar se manifestó respecto a la nación y al Estado, etimotógico

y conceptuoso. Carrillo anduvo a la deriva sin eurocomunismo y sin comunismo.

Fraga, como siempre, fue una tromba, pero esta Parlamento canaliza todos los

huracanes. Roces estaco gloriosamente baturro. El presidente del Gobierno había

leído un discurso abusivo y tedioso que López Rodó —el de entonces— hubiera

autorizado, con algunas precisiones; su factura dialéctica era de Castellana, 3,

cuando Castellana, 3r era la Presidencia del Gobierno, y no la de ahora, que es

un apartamento dependiente de la Presidencia. Había en el discurso del

presidente una revelación tremenda. Por fin, cuatro años después de iniciar el

recorrido hacia la democracia, el presidente sabia ya lo que era «el Estado de

las autonomías». Esto tenía excitado a Montesquieu, que se había metido entre

pecho y espalda las leyes de Platón. ¿Pero dónde estaba en España el ideólogo

que dijera cómo iba a ser el Estado de las autonomías, cuando ya había dos

concedidas, con sus presidentes, Gobiernos y Parlamentos? Nuestra Historia no

registra nada parecido.

Felipe Gonnzález, el líder de la oposición, estuvo, a lo largo de su discurso,

critico, porque éste era su deber, y correcto. Besteiro le habría felicitado.

Pero, de repente, inesperadamente, sorprendentemente, con naturalidad

senequista, anunciaba la moción de censura al Gobierno con arreglo al articulo

113 de la Constitución, que es la más restrictiva posibilidad de censura al

Gobierno que existe en las Constituciones democráticas. Era algo así como una

desesperada utopia moral. El señor d´Hont-primero —autor del sistema

proporcional— la realidad política y electoral española que no lleva al Parla-

mento una mayoría para gobernar, sino minorías en precario, y el articulo 113,

convierten la moción de censura de Felipe Gonzalez en un mero «testimonio

moral». El documento presentado a la mesa del Congreso era tremendo, y lo

registrará el Partido Socialista entre sus abales, y la Historia. Tras una

argumentación vigorosa y resuelta señala y considarando que está

suificientemente probada la incapacidad del presidente Suárez y su Gobierno,..»

El debate, como puede advertirse, había entrado, nada más comenzar, en su fase

final.—FOUCHE.

 

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