Autor: Urbano, Pilar. 
   Felipe, alarmado     
 
 ABC.    05/11/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

MIERCOLES 5-11 -80

Hilo directo

Felipe, alarmado

Traía dos serios «cabriolees» Felipe González, cuando se sentó a cenar en

Calycanto. Uno por sus gonzaleros que organizan reyertas subterráneas y escriben

artículos en periódicos «sin mi visto bueno», pidiendo, «ya, la coalición con

UCD». Y otro por el viaje «desierto» a Argel, «donde tanto el Gobierno de España

que envió dos funcionarios de Exteriores, sin decirme palabra cuando sabían con

antefacián que yo iba a ir..., como el Frente Polisario, al aceptar su

invitación para "conversar", jugaron conmigo con las cartas marcadas... Yo no

quise, aunque pude, ver a los pescadores apresados en el desierto. ¿"Pa" qué?

¿"Pa" darles la mano, decirles qué tal y volverme de vacío sin traérmelos? ¡No,

yo no soy la Cruz Roja Internacional...!»

Y traía también una seria preocupación «porque en este país ya se han encendido

varias, muchas, luces rojas de alarma: unos Presupuestos Generales del Estado

con una enmienda a la totalidad que si prospera obliga al Gobierno a una de

cuatro: o cambiar los Presupuestos sobre la marcha, o hacer crisis, o dimitir en

bloque..., o disolver las Cámaras; porque el tema es serio: luz roja del

terrorismo en creciente, luz roja de la rebelión de los policías..., luz roja de

una Prensa que hace apología del golpe de Estado o del terrorismo. Yo cerraría

tres periódicos ya, y me quedaría con la conciencia bien tranquila». Expresó

varias veces sus temores de que «un golpe cerrado, a la turca, acabase con la

democracia..., y sin sacar un solo tanque a la calle..., con un escuelo papel de

condiciones de Gobierno...». Dijo que «discutir sobre coalición sí o no, es como

discutir sobre galgos o podencos, ¡una estupidez! Aquí lo que hace falta es

discutir, en serio, cómo se saca adelante la democracia con un programa de

Gobierno... Por salvar las instituciones democráticas yo estoy dispuesto a

hacer... lo que sea..., (cualquier cosa), porque sin democracia yo no podría

vivir en este país. Aunque constato que hay quienes fueron ministros sin

democracia y con democracia siguen siéndolo...» (Se había quitado la chaqueta,

con permiso de las damas, y le había dicho al «cheff» que «mu bonito eso»

cuando le mostró el «soufló a la grand mardniere».) «Los socialistas no tienen

que pedir ni ofrecer una coalición de Gobierno. No es su papel.

Las reglas democráticas legitiman al que está en la Moncloa para que esté allí;

y es él quien tiene la responsabilidad de gobernar. Y si no puede o no sabe, ya

es hora de que se lo diga al pueblo y deje el sitio libre..., sin esperar a que

el. Rey tenga que hacerle ningún gesto; que es mejor que no los haga... Desde el

punto de vista de la legitimidad constitucional, Suárez se mantiene en el Poder

—y otros, a su lado, se aterran apasionadamente...—; pero desde el pensamiento

del ciudadanito de a pie... y del ciudadano que lleva gorra y estrellas, Suárez

está "perdió". Pero, con todo, es a él a quien le loca decir "la situación está

en luz roja; esto no aguanta más".» Se levanta de la mesa. Le telefonea desde

Euskadi Txiti Benegas: noticia cafienta de otros cuatro muertos de Zarauz.

Vuelve demudado. «Ni aunque estuviese en el Gobierno negociaria con ETA.. Contra

los salvajes que matan yo sería mucho más duro, ¡mucho más!, de lo que se está

siendo ahora... Y no esperaría a que me matasen cinco hombres de mi partido para

ir a los funerales. Yo fui cuando cayó el primero. Es inconcebible que Suárez no

vaya a dar la cara sobre el terreno.» Mucho más dijo Felipe. Queda, para

ustedes, en el teclado de mi máquina de escribir. Otro día, pues.—Pilar URBANO.

 

< Volver