Autor: Pajuelo, Alfonso. 
   El presidente fue el Consejo a pedir la fe     
 
 Diario 16.    19/09/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

19-septiembre-80

NACIONAL

EL PLENO DE LA CUESTIÓN DE CONFIANZA

El presidente fue al Congreso a pedir la fe

Si cabía alguna duda sobre la pretensión de Adolfo Suárez al presentar la

cuestión de confianza, la recta final de los debates ha confirmado "claramente

que el presidente el Ejecutivo y de UCD ha venido a la Cámara de. los Diputados,

con televisión incluida, a pedir no la confianza sino la fe.

Alfonso PAJUELO

Y digo fe porque se demuestra confianza sobre algo que nos la inspira a través

de datos conocidos que nos permiten calibrar si la merece o no. En este caso,

Suárez ha solicitado a los españoles confianza en algo que desconocen, es decir,

ha pedido fe.

Las propuestas económicas contenidas en el discurso del presidente, que abrió

los debates, no concretan nada. Excepto unos cuantos objetivos que toda la

Cámara ha mostrado compartir en el devenir de los debates.

Sin embargo, la cuestión básica para poder conceder confianza es saber cómo se

van a conseguir esos objetivos, en definitiva, si existen elementos razonables

que indiquen que las pretensiones tienen buenos caminos trazados. Lo que no

puede hacerse es implorar a San Sector Público para que se convierta en punta de

lanza y yugo de tiro del carro de la inversión privada.

La sesión de ayer fue más clarificadora que la anterior y el nivel parlamentario

sensiblemente superior. El desarrollo del debate será, en último término, quien

motivaré a los españoles para que otorguen su fe.

Lluch, el animador

Lluch, de Socialistas de Cataluña, logró espolear al banco azul y varios

escaños. Su intervención animó la sesión y le dio un interés que no decaería

hasta el final. El diputado catalán criticó la declaración por lo que de castigo

a los salarios significa y por la alusión a la intervención del Gobierno en la

negociación salarial. El vicepresidente segundo, Leopoldo Calvo-Sotelo, en

principio reservado para contestar a Carrillo, tuvo que adelantar su actividad.

Aseguró a Lluch que el Gobierno no interferirá en la negociación colectiva,

aunque consideró que es obligación del Ejecutivo facilitar a las partes en

negociación los datos del contexto económico español. Suárez aclaró

posteriormente que de mediatizar, nada.

Lluch, que calificó el programa de «propio de una derecha dura para un Gobierno

sin un hombre duro que lo lleve a buen fin», hizo una pequeña broma que puso a

prueba el sentido del humor del Gobierno. Se refirió al banco que ocupa éste en

el hemiciclo separando sus palabras, es decir, banco por un lado y azul por

otro, aludiendo a la procedencia o al pasado de los miembros del Gobierno. A

Fernández Ordóñez le hizo gracia.

A Martín Villa no le hizo tanta y recordó que el sólo poseía 165 acciones de un

banco, «no como un líder del partido del señor Lluch que tiene amplios intereses

bancarios» (clara alusión a Raventós). Lluch, ni corto ni perezoso, respondió:

«Bueno, pues yo no.»

Optimista García Diez

García Diez aclaró que la intervención del Gobierno es lograr que la inversión

pública crezca un 30 por 100 en términos monetarios, el máximo —reconoció— que

permite nuestra estructura administrativa. Optimista.

La intervención del líder comunista, Santiago Carrillo, dio lugar a que

descubriéramos una nueva faceta de García Añoveros: es el español que mejor

conjuga el verbo equivocar. Cada cual puede interpretarlo como quiera, incluso

Paco Ordóñez.

Por cierto, en un momento de la intervención de Tamames, éste se refirió a la

reforma fiscal en dura crítica, lo que produjo el siguiente diálogo,

interpretado por la lógica de los gestos: Leopoldo: Paco, contéstale tú, que la

reforma fue obra tuya.

Paco: ¿Yo?, no, no. Que responda (señalando con el dedo a Jaime García Añoveros)

el ministro encargado.

Jaime: Nada. El español que mejor conjuga el verbo equivocar no dijo nada, sólo

miraba. Luego contestó Tamames. El ingenio de Tamames llegó más lejos al

precisar que si los recursos necesarios para aumentar la inversión pública iban

a salir del tabaco (un 1 por 100 del PIB equivale a 180.000 millones de

pesetas), el cigarro se va a poner a precio de porro, «y eso "dijo es una

provocación..., señorías».

Duelo de líderes

El duelo dialéctico entre Suárez y Felipe mereció realmente la pena. Ciñéndonos

a las cuestiones económicas planteadas, Felipe consiguió, tras dos turnos de

réplica, que Suárez se definiera en tres cuestiones: el Plan Energético Nacional

sigue vigente, el plan económico del Gobierno necesita los ajustes necesarios

tras la segunda crisis del petróleo y el Plan de Actuación Urgente en Andalucía

será cumplido siempre que encaje en las magnitudes económicas fijadas por el

Ejecutivo. No es poco, pero tampoco es mucho.

Una cosa sí que es muy clara: las diferentes ideas sobre la inversión pública.

Suárez propone inversiones públicas selectivas fundamentalmente en dos sectores,

mientras Felipe propuso, en su momentos, hasta quince puntos distintos de

destino.

Aunque no lo mencionaron, hay una distinción de fondo que ahonda más en la

divergencia. Me refiero al déficit del sector público. El Partido Socialista

basa una parte de esa inversión en el aumento del déficit público, olvidándose o

no tratando en profundidad el problema de su financiación.

Suárez se basa en un control de los gastos corrientes que libere recursos sin

necesidad de aumentar el déficit, olvidándose de que la labor necesita buenas

dosis de fe, en este caso la del Gobierno.

A lo largo de la sesión hubo una coincidencia entre todos los partidos que

intervinieron. Todos dijeron que la mala situación económica española no sólo

era culpa del petróleo, sino también de la inoperancia de los programas del

Gobierno y del propio Gobierno. Los miembros del Gobierno recordaron los logros

conseguidos en tos últimos tres años de Gobierno.

 

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