Autor: López de la Torre, Salvador. 
 ABC en Bruselas. 
 Dificultades del Mercado Europeo de naranjas ante crecientes desajustes entre la oferta y la demanda de agrios  :   
 El comercio de los países competidores de nuestras naranjas está basado en una importante protección estatal. 
 ABC.    14/03/1969.  Página: 57-58. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

ABC. VIERNES 14 DE MARZO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 57.

ABC EN BRUSELAS

DIFICULTADES DEL MERCADO EUROPEO DE NARANJAS ANTE CRECIENTES DESAJUSTES ENTRE LA

OFERTA Y LA DEMANDA DE AGRIOS

El comercio de los países competidores de nuestras naranjas está basado en una

importante protección estatal

LA LUCHA POR LOS MERCADOS RECLAMARA UNA AYUDA A NUESTROS EXPORTADORES, QUE SE

BATEN ACTUALMENTE EN CONDICIONES DE INFERIORIDAD

Bruselas 13. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) El mercado común de

frutas y legumbres y, en especial, el comercio de naranjas de la Comunidad, con

sus grandes suministradores habituales—España, países norteafricanos, Israel—,

está sometido a una serie de tensiones que podemos considerar como inevitables y

que, desde luego- las reglamentaciones comunitarias se limitan a, recoger mucho

más que a corregir. La reforma del reglamento número 23, en 1964, fue la primera

manifestación se esta inestabilidad que ahora vuelve a amenazar la totalidad del

sistema de ventas que ha funcionado durante dos temporadas con resultados de muy

diverso signo. La "crisis grave" declarada en Italia por la falta de ventas de

naranjas, sobre todo las de clase inferior, que ni los propios italianos son

capaces de comprar, y la creciente competencia que los países productores se

hacen sobre el mercado europeo, cada día sometido a precios más altos, autoriza

a declarar con toda formalidad que existe una crisis del comercio de las

naranjas y que esta crisis desdichadamente se agravará con el tiempo de manera

progresiva y fatal.

Que esta verdad sea desagradable de escuchar no quiere decir que deje de

corresponder a ana realidad del mercado europeo de agrios, amenazado por la

superproducción arrolladura de los naranjos plantados anárquicamente en todos

los países mediterráneos, sin tener en cuenta la más modesta previsión sobre la

capacidad de compra de los países ricos europeos, tradicionales clientes de este

fruto suculento. Que los expertos hayan advertido desde hace muchos años que la

oferta de naranja venía creciendo de manera desmesurada y en continuo divorcio,

con la oferta no ha servido para convocar una conferencia de países productores,

donde una racional limitación de cultivos hubiese conjurado un peligro que por

desgracia parece ya difícil de evitar.

En estas condiciones los sobresaltos que producen las medidas proteccionistas

del Mercado Común, repetidas con carácter cíclico cada tantos años y que

probablemente tendrán una nueva edición en un futuro no. lejano, constituyen no

la causa, sino el efecto de este desorden comercial, sin otro remedio que un

ajuste general de las producciones y de los envíos entre todos los países

productores de la cuenca mediterránea, suministradores del Mercado Común en

cantidad limitada por la capacidad de compra del hombre europeo.

Por esta razón debemos los españoles plantearnos el problema con toda seriedad y

con la conciencia de que sólo un esfuerzo realizado en múltiples direcciones y

una verdadera campaña de salvación de nuestra amenazada naranja podrá situarnos

en condiciones de resistir los tiempos difíciles que se avecinan para un

comercio que representa» como alguien ha dicho, "nuestra mejor Industria

competitiva". Confiar en que una pequeña ventaja arrancada al Mercado Común para

rebajar del 40 por 100 de los derechos de la tarifa exterior común, o algunas

migajas cañadas en la reglamentación de transportes, resolverán los problemas

viene a ser la misma cosa que creer en la intervención de los Reyes Magos nara

traernos un mágico regalo de Epifanía en las bota de nuestros naranjeros.

Naturalmente, la ventaja del cuarenta por ciento será útil y nuestro combate

debe continuar en Bruselas para ampliarla; pero si nos limitamos a esto sólo el

problema habrá quedado prácticamente intacto y nuestros naranjeros, más tarde o

más temprano, deberán pagar las consecuencias, lo que en fin de cuentas será

grave para España entera. La rebaja del cuarenta por ciento de los aranceles

comunitarios, el día que efectivamente nos la apliquen, aunque todavía no la

tengamos en la mano, sólo será un alivio para una situación difícil que no podrá

nunca quedar resuelta de milagro gracias a los beneficios concedidos por el

Mercado Común si nosotros mismos somos incapaces de plantearnos, a escala

nacional, una serie de medidas que permitan a nuestros exportadores de naranjas

presentarse en la encarnizada competición que se anuncia en Europa en

condiciones por lo menos de igualdad con sus competidores.

Porque sucede que, en realidad, nuestros naranjeros están en condiciones de

inferioridad frente a los marroquíes, tunecinos, israelíes es no .ya en función

de la reglamentación comunitaria, sino dentro del marco legal que cada país

tiene interiormente previsto para ordenar el cultivo y el comercio de los

naranjos en sus respectivas legislaciones nacionales.

Y es precisamente en esta dirección donde parece imprescindible cumplir una

reforma que no depende más que de nosotros mismos y que nuestros naranjeros

reclaman con tanto derecho como perfecto conocimiento de lo que está pasando en

Europa. El Sindicato de Frutos y las frecuentes y siempre bien informadas

reuniones de la Junta Nacional de Agrios han elevado repetidas veces peticiones

que parecen enteramente razonables, vistas las cosas desde Bruselas y teniendo

en cuenta la realidad del mercado de las naranjas en Europa. • Muchos capítulos

puede tener esta pretendida reforma española .de nuestro comercio exportado, y

la movilización de todos ellos será necesaria para mantener la competencia de

nuestro fruto en un mercado de creciente dificultad. Desde el coeficiente de

desgravación fiscal hasta las mejoras de las tarifas de transportes, pasando por

el seguro contra las heladas o la financiación por el Estado de los gastos de

publicidad de los agrios en Europa, todas ellas parecen reclamaciones justas de

nuestros naranjeros por la .sencilla razón de que todos los países competidores

de la cuenca del Mediterráneo han adoptado ya una u otra de estas medidas, que

en el caso concreto de España, dada la variedad de nuestras calidades de

naranjas y el volumen de nuestros envíos a Europa, parece indispensable que sean

adoptadas en bloque y lo antes posible.

El mercado de naranjas en Europa es un mercado que marcha hacia la crisis por

razones estructurales que deben separarse de las medidas menores de orden

protector dictadas por el Mercado Común, a las que los españoles tenemos cierta

tendencia a considerar como únicas responsables de nuestras dificultades. de

venta. Por desgracia, las cosas son mucho más complicadas y los remedios deben

ser por. eso. mucho más profundos que conquistar aquí, en Bruselas, una ventaja

menor cuyo efecto benéfico se disolverá en poco tiempo. En Bruselas debemos

alcanzar la igualdad de trato de nuestras naranjas respecto a las de otros

países mediterráneos, y, dentro de ciertos límites, esta relativa igualdad podrá

conseguirse en un futuro no lejano. Pero, aunque parezca una paradoja, donde

nuestros naranjeros están en condiciones de inferioridad con sus competidores de

otros países mediterráneos es en las condiciones legales interiores de España,

que regulan nuestro comercio de agrios, necesitadas de una reforma que reclama

la realidad, cada día más difícil, del mercado europeo.—Salvador LÓPEZ DE LA

TORRE.

 

< Volver