Autor: López de la Torre, Salvador. 
   El comercio exterior de las naranjas españolas necesita una ayuda creciente para afrontar las dificultades del actual mercado europeo     
 
 ABC.    15/03/1969.  Página: 71. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL COMERCIO EXTERIOR DE LAS NARANJAS ESPAÑOLAS NECESITA UNA AYUDA CRECIENTE PARA

AFRONTAR LAS DIFICULTADES DEL ACTUAL MERCADO EUROPEO

La ayuda estatal que reciben nuestros competidores debe encontrar una fórmula

parecida en nuestra legislación exportadora

LAS NARANJAS´ PODRÍAN RECIBIR LAS VENTAJAS QUE AHORA MISMO SE CONCEDEN A OTROS

PRODUCTOS AGRÍCOLAS ESPAÑOLES, DADA LA DIFICULTAD CRECIENTE DE SU COMERCIO EN

EUROPA

Bruselas 14. (Crónica telefónica de nuestro redactor, enviado especial.) £1

mercado europeo de.naranjas es nuestro primer comprador y además un mercado de

difícil sustitución, dada la proximidad de sus centros de compra y la solidez y

riqueza de su producción económica, que asegura un pago en monedas fuertes o en

bienes de absoluta necesidad para nosotros. Pero es también un mercado donde

nuestros exportadores de naranjas tienen ya establecida una red eficacísima de

agentes. de venta y distribuidores, cuya ruina no podría ser lógicamente

equilibrada por la apertura de otros, mercados en compensación.

Decir que sólo podemos vender naranjas a los países del Mercado Común será

ciertamente una exageración, pero tratar con ligereza un comercio tradicional

bien asentado en realidades materiales, que tienen a veces casi un siglo de

existencia, parece sumamente peligroso, por no decir suicida. Las naranjas

españolas deben seguirse vendiendo .preferentemente en Europa, porque en Europa

estamos haciendo y seguiremos haciendo durante bastante tiempo el mejor negocio

posible. Es cierto que los envíos de naranjas hacia los países orientales

pueden.ser interesantes, con carácter complementario, pero convendría que antes

de embarcarnos en arriesgados descubrimientos examinásemos con un poco de

atención las posibilidades de pago en moneda convertible que tienen nuestros

hipotéticos clientes del mundo socialista. Que son muy escasas.

,

Ahora bien, nuestras naranjas están perfectamente capacitadas para sostener la

concurrencia creciente que se abre en Europa con la aparición de nuevos países

productores lanzados anárquicamente a la plantación del naranjo, a condición—

quede esto muy claro—de que somos capaces de adaptar nuestro comercio

exportador- a las duras condiciones donde deberá desenvolverse en los próximos

años. la. calidad de nuestras naranjas, la habilidad comercial de nuestros

exportadores, a los que nunca debemos privar de su bendita y siempre inteligente

iniciativa personal; la duración de nuestras variedades que cubren un calendario

más extenso que el de ningún otro país exportador, y la tradición bien merecida-

de los agrios españoles, constituyen un buen cimiento para preparar una lucha en

la que teóricamente debemos salir vencedores. Siempre que el estudio de la nueva

situación del mercado de naranjas europeo nos permita tomar las medidas

adecuadas para adaptar a la realidad contemporánea nuestros tradicionales

sistemas de comercio.

El primer problema que parece imprescindible plantearse es el de la ayuda que

reciben de una forma o de otra nuestros competidores, y que en el caso de España

no existe prácticamente hablando. Nuestros naranjeros deben soportar una presión

fiscal superior desde luego a la que regula el comercio de Estado de nuestros

concurrentes, y superior también,´lo cual merece una seria meditación, a la que

están recibiendo en nuestro propio país los exportadores de otros frutos con

envíos mucho más modestos y de menor incidencia sobre la economía exterior

española.

Parece natural que los sectores destinados a´ iniciar una aventura exportadora

reciban ciertas ventajas, al menos durante la primera fase de la operación, para

lanzarse en la gran empresa del comercio exterior; pero también resultaría

natural que aquellos otros sectores, cuya situación se hace más difícil por

factores ajenos a nuestra voluntad y que deben enfrentarse ahora con obstáculos

que no existían años atrás, reciban también una modificación en el tratamiento

que se les venía acordando en épocas más propicias.

Cualquiera que conozca el mercado europeo de las naranjas y haya repasado,

aunque sea ligeramente, los estudios que en Bruselas circulan sobre la cuestión,

estará de acuerdo en reconocer que las naranjas se encuentran exactamente en

este caso y que la tendencia será fatalmente cada vez más grave. La Comunidad

endurecerá sus reglamentos de manera progresiva o los aplicará con mayor

rigidez, como estamos viendo cada día en las reuniones de los ministros, y desde

luego nuestros competidores realizarán todos los esfuerzos imaginables para

ampliar sus ventas a costa de las nuestras. La guerra de las naranjas—la de

verdad, no las falsas alarmas de hace dos años—será una guerra de movimientos

donde estarán condenados de antemano los paralíticos.

Precisamente porque en esta guerra de movimientos la agilidad será absolutamente

necesaria, parece conveniente conservar la iniciativa y la independencia de

nuestros exportadores, reduciendo quizá su número total gracias a determinadas

ventajas que desemboquen sobre asociaciones libremente consentidas por ellos y

capaces de guardar Intacta esa imaginación comercial del exportador valenciano,

que constituye uno de los factores más sólidos de nuestro posible éxito. La

rígida ordenación estatal de nuestras ventas conduciría ciertamente a la ruma de

un comercio que envía .entre 14 y 15 variedades de naranjas diferentes a los

mercados europeos en épocas muy distintas del año y a través de hallazgos

individuales que nos permiten, como bien ha demostrado uno de nuestros más

sagaces exportadores, mantener ´ un beneficio sobre el tonelaje de naranjas

vendidas muy superior al que consiguen las pesadas máquinas administrativas de

Israel o de Marruecos, en cuyos círculos responsables empieza a considerarse la

necesidad de dotar de mayor flexibilidad a sus hasta ahora excesivamente-

estatizados sistemas comerciales. No vayamos, por favor, ahora a descubrir como

una panacea lo que otros consideran ya anticuado y que nunca dio mejor

rendimiento que nuestro sistema de ventas.

El problema está en combinar de la mejor manera posible la iniciativa individual

del exportador con una ayuda estatal que prodigan a manos llenas nuestros

competidores sobre sus propias naranjas, que en las nuevas condiciones de

concurrencia que se avecinan en Europa podrían hacernos perder los mercados que

hoy tenemos firmemente en mano. La primera de estas medidas sería la

modificación del coeficiente de desgravación fiscal para nuestros exportadores

de naranjas, destinados a encontrase frente a unos mercados que no tienen ningún

parecido con la plácida comodidad que reinaba en ellos durante los años pasados.

Lo que se trata es de que nuestra fiscalidad siga de cerca el movimiento de

nuestras

exportaciones de naranjas, aceptando las realidades de una mutación que pueda

proporcionarle al exportador español las armas que va necesitando para continuar

su lucha. Mientras los demás manejan modernas armas automáticas, no podemos

obligar a nuestros naranjeros a segúir empleando arcabuces.

Nuestras naranjas exportadas disfrutan en la actualidad de un 1,5 por 100 de

desgravación, mínimo referido al impuesto sobre el tráfico de empresas, lo cual

podía admitirse como razonable en épocas donde la venta de agrios españoles en

Europa se cumplía en condiciones de casi monopolio, o por lo menos con una

concurrencia sin comparación´ posible con la actual. En las actuales

circunstancias podría estudiarse la posibilidad de jugar con la devolución de

impuestos interiores, que ya maneja en determinados casos la siempre atenta

actividad de nuestro Ministerio de Comercio dentro de los sectores que reciben

la calificación de "ordenados" y que perciben hasta el 10 por 100 • de

desgravación en nombre de que el producto sufre ciertos grados de

transformación. Prácticamente podría admitirse que la clasificación minuciosa de

nuestras naranjas y la preparación de los envíos cada vez deben ser más cuidados

y apetitosos para un cliente cuya exigencia crece cuando se acentúa la

competencia.

En un caso la desgravación fiscal ha primado determinadas modalidades del

comercio exportador que la Administración española consideraba como inútiles,

empleando este procedimiento para estimularlas en buenísima hora, y abrir

mercados a mercancías que carecían de ellos. Pero también podría la desgravación

sostener la lucha de nuestros naranjeros en esta etapa sombría que deberán

afrontar fatalmente, permitiéndoles resistir mejor la competencia, que cumplen

en condiciones mucho más confortables los representantes del comercio estatal

israelí o marroquí. E» un caso—almendra, avellana, conservas vegetales—la

desgravación se ha considerado como un estímulo. En el otro—naranjas—, la

desgravación podría servir como refuerzo de nuestra situación comercial en un

mercado de porvenir difícil. Vender nuevos productos es nna fórmula excelente,

pero mejor todavía nos" parece no perder los «me ya tenemos.—Salvador LÓPEZ DE

LA TORRE.

 

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