Eficacia pública     
 
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PUEBLO

CASI la tercera parte del presupuesto hecho público por el señor Monreal

Luque, ministro de Hacienda, en una rueda de Prensa celebrada el lunes, se

destinará a Inversiones por parte del Estado en 1972; es decir, 135.741

millones de pesetas, sobre un total de 419.330 millones -cifra del presupuesto—,

se destinará a inversiones reales, que, junto con !as compras de

bienes y servicios, es lo que ocasiona un mayor efecto multiplicador sobre

el nivel de la actividad económica. Pero no es a este efecto expansivo al que

quiero referirme, sino a una cuestión, quizá, menos centelleante, pero

no por ello menos trascendente: la economicidad del gasto público. El tema

es sugestivo, aunque no se me oculta que espinoso o, por lo menos, difícil.

PERO el hecho de que dediquemos el 32 por 100 del total del presupuesto a

financiar inversiones reales; el hecho de que doblemos el porcentaje que

cualquier otro país —cercano al nuestro en el área geográfica y en

circunstancias económicas— dedica a los mismos menesteres, creo que

ofrece sobrados motivos para plantearse una Reflexión seria. Punto de

arranque de la meditación: ¿Se invierte bien este dinero?

E.TOS de mi ánimo prejuzgar ío que haya de ocurrir en el i marco económico, se

entiende, el próximo año. Pero cuando 1 se trata de un gasto tan fabuloso en

beneficio de la comunidad, y ya que ella aporta los medios necesarios,

butano será eme se extreme la administración recta y prudente de los recursos.

No se trata de gastar mucho, sino de invertir hien; no se trata de pretender

dar satisfacción, imposible por otra parte a todas las necesidades, sino de

atenderlas con criterios de prioridad. Pero prioridad, ¿en función de qué? En

función de la auténtica rentabilidad económica y social de los proyectos. Esto

es lo deseable y lo difícil, porque ello exige que muchas veces los

Departamentos ministeriales tengan que sacrificar efectismos políticos para

acudir allí donde la lógica económica -imbuida de consideraciones y

planteamientos sociales— reclame las aleaciones crediticias.

HACE pocos años, un estudio sociológico de una provincia castellana venta a

poner de manifiesto, y lo dijimos desde esta misma -página, que había muchos

niños sin escuela, pero que también se habían construido escuelas donde va no

había niños. Escuelas que eran utilizadas como graneros. ¿Se puede permitir este

país ese despilfarro de recursos?

NO basta, por tanto, conque Hacienda confecciono un pre supuesto con

todos los requisitos que exige la moderna ciencia financiera; no

basta con alcanzar la máxima economicidad para los gastos de funcionamiento de

la Administración, sino que, en aras de la eficacia y del principio de

legalidad léase control del presupuesto-, es necesario que los

distintos Departamentos se esmeren en la buena administración de sus

créditos. Y ésta es la única manera de hacer al país más.próspero-.y-más justo,

sin aumentar de forma excesiva su contribución a la tarea pública.

 

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