Autor: Marlasca, Manuel E.. 
   Corrupción     
 
 Pueblo.    19/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CORRUPCIÓN

EN poco menos de una semana, justamente el tiempo que media entre el lunes, 12, y ayer, 18, dos

trabajos periodísticos han comenzado a poner los puntos sobre las íes en algo que a, todos los periodistas

nos pilla tan de cerca como es la misma información. El lunes, en «Hoja del Lunes», fue César de

Navascués, con su artículo «Examen de conciencia»; ayer fue el diario «A B C», con su editorial

«Denuncia de la corrupción; corrupción de la denuncia».

La tesis de ambos, si no igual, es bien parecida. Se hacían eco los dos trabajos periodísticos de algo ya

descubierto por Luis María Ansón y traducido por él mismo en la expresiva figura de «la gran ceremonia

de la confusión en las redacciones de los periódicos», y que no es otra cosa que ese informar a medias,

cuando no manipular, que se traduce en datos falseados, títulos que no obedecen al contenido,

difamaciones y, sobre todo, informaciones a medias.

Escribía César de Navascués en su artículo, y pienso que escribía atinadamente, que en un plazo no de-

masiado largo podríamos asistir a lo que él llamaba una «generación perdida» de quienes ahora son

jóvenes periodistas o, por el contrario, al reconocimiento de que nos hemos equivocado de profesión por

parte de quienes creemos que una información no es publicable si no está suficientemente constatada u

ofrece la versión de las dos partes.

Woodward y Bernstein, los tíos periodistas norteamericanos que descubrieron el «Watergate», son pues-

tos de ejemplo por César de Navascués. «Todos los datos que condujeron a la dimisión de Nixon —

escribe, más o menos, el colega— fueron constatados, por lo menos, en dos fuentes.» Y yo digo aquí, y

ahora, que gran parte de las informaciones municipales no son constatadas en fuente alguna, sino que son

publicadas sin otro requisito que el de recibirlas hasta anónimamente.

Ayer, "ABC", en su editorial, tiene párrafos bien reveladores. Como el que dice que «seria curioso y triste

que, después de años de quejarnos de un silencio impuesto que nos obligaba a caminar entre rumores, en-

trásemos ahora, con la libertad, en el reino del "se dice", del "según parece", tristes tópicos en los que se

escuda el que utiliza datos que sabe que nunca podrá demostrar». Y el que esté libre de pecado —suscribo

yo— que tire la primera piedra.

En la informacion municipal, que es la que mejor conozco, se buscan corruptelas o corrupciones con lupa,

y me parece bien. Pero se manipulan con frecuencia —con demasiada frecuencia— verdades o mentiras a

medias en detrimento de personas o de entidades. Vale más un titular que la verdad que el mismo

encierra, y eso yo siempre creí que en esta profesión era muy peligroso. No quisiera pasar a pensar que lo

peligroso es justamente lo contrario.

No hace mucho escribí un artículo bajo el título «Difamar» que era bien expresivo al respecto. «Difama,

que algo queda» parece ser el santo y seña de personas o entidades, en busca, quizá, de encontrar

acomodo donde con medios lícitos no lo tendrían. La difamación se encubre ahora, por decirlo en

palabras del colega «A B C», en el término «denuncia de la corrupción», y resulta que a lo que estamos

asistiendo en realidad con la denuncia es precisamente a una corrupción de la misma denuncia.

 

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