¿Qué pasa en la bolsa?  :   
 No hay motivos de alarma. 
 ABC.    22/04/1970.  Página: 69. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 22-04-1970

ABC. MIÉRCOLES 22 DE ABRIL DE 1970.

¿QUE PASA EN LA BOLSA?

No hay motivos de alarma

Madrid.

(De nuestra Redacción.)

El curso de las semanas últimas ha puesto A los españoles ante la realidad de

una Bolsa cuyos descensos ininterrumpidos, estridentes, ha producido cierta

Inquietud y desasosiego entre la masa de inversores que tiene empleado su,

dinero en títulos-valores y, sobre todo, entre tantos modestísimos ahorradores

como han confiado a la Bolsa, a través de loa diversos cauces de Inversión

existentes, el fruto de anos de trabajo y de sobriedad. Nuestras crónicas

bursátiles han ido ofreciendo, día tras día, las incidencias de lea mercados

españoles de valares en esta etapa última. Y nos ha causado tanta preocupación

el acentuado declive bursátil de las semanas que hemos vivido como nos

inquietaba la exagerada carrera alcista que, con rarísimas soluciones de

continuidad, siguieron las cotizaciones en lea felices meses de recuperación de

los años 1968 y 1969.

Nos parece oportuno puntualizar ahora, desde las perspectivas que nos ofrecen

esos dos períodos atravesados por la Bolsa con tanta prisa como también, a

veces, con tan poca moderación y prudencia, lo que en la bolsa ha ocurrido. No

vamos a hacer, naturalmente ningun descubrimiento sorprendente. Pero creemos que

vale la pena examinar la serie de factores que coinciden en la peripecia de las

Bolsas si con nuestro proposito puede desbrozarse alguna conclusión útil. Y

mucho más importante nos parece llevar la serenidad a los ahorradores del país.

No por el mero hecho de caldear los ánimos, sino porque, en la realidad, las

sociedades españolas —que son el soporte, con sus títulos valores, de los

mercados—no se encuentran, afortunadamente, en situación diferente a la que

ocupaban el año 1969, el año de la más amplia y mas vigorosa expansión que las

bolsas españolas han conocido.

La etapa de recesión, de reajustes, de tajas, tenía inexorablemente que llegar

después de un dilatado período de endurecimiento en los precios bursátiles. Y

ello por el siempre juego de la oferta y la demanda que en todo mercado se

enfrentan: por el lógico desgaste de los caudales de inversión—remansados

durante varios años—y que se precipitaron sobre las bolsas españolas desde el

primer trimestre de 1968; y por la propia naturaleza de los mercados de valores,

que atraen la cierta de realizacíones de beneficios cuando se alcanzan cotas que

estimulan la materialización de las plusvalías. Efectos todos ellos cuyo

impacto—tanto cuando de comprar se trata comó en los momentos de ventas

extendidas—es mucho más fuerte sobré unos mercados que, como son los mercados

españoles, adolecen de una, estrechez evidente, endémica.

Ahí debía, haber quedado todo: en una senrie de retrocesos, alternando con

cortos períodos de revalorización, que hubieran constituido esa "Bolsa en

dientes de sierra" que todos—expertos e inversores—habían previsto para el año

1970. Pero el "bache" ha sido mas profundo, prolongado. Y aquí entra un primer

factor, de enorme influencia; una especie de "psicosis", ni más ni menos, que ha

provocado mía desbandada, que, en muchos casos, resulta injustificada a todas

luces. Se trata, en la mayor parte ae estos casos, de partícipes de los fondos

de inversión, ese poderoso instrumento para la captación y la canalización del

ahorro hacía las Bolsas que si no se maneja con una gran experiencia y destreza

puede conducir a resultados enteramente opuestos a los proyectados, la masa de

oferta que a los fondos de inversión han venido lanzando sobre las Bolsas

durante las últimas semanas ha contribuido, en una gran medida, al frenazo y el

deslizamiento consiguiente. (Como fueron también los fondos los que vinieron a

convertirse en espuela y acicate fundamentales de toda aquella demanda que sacó

a nuestras Bolsas de su letargo y atonía.) Digamos, de paso, que ios Inversores

advertidos habían empezado a realizar beneficios desde principios de año v a

tomar posiciones, en una jugada a la baja enteramente ortodoxa, para el

"reembarque" una vez que la recesión “tocara fondo”.

De esas causas de origen intrabursátil pasamos a otros hechos de la política

financiera que han contribuido también a deteriorar las cotizaciones bursátiles,

a acentuar la presión vendedora. Nadie discate la oportunidad y la necesidad de

proceder a la modificación de los tipos de Interés bancario en España. Pero es

indudable que el encarecimiento del dinero, unido a los mayores dificultades que

han surgido en los mercados del crédito, han tenido una influencia decisiva

sobre las Bolsas, las elevaciones de loa tipos de interés han puesto a muchos

empresarios en la necesidad de buscarse una liquidez inmediata a costa de

menguar sus propias carteras de valores. Y, pese a la simultaneidad en e1

establecimiento de las elevaciones—cuentas del activo y cuentas del pasivo de

los Bancos—, es indudable aue los efectos han tenido que ser soportados

inmediatamente Por esas entidades, desde el mismo día de la entrada en vigencia

de los nuevos tipos, Por lo que a las cuentas acreedoras se refiere.

Pero no en lo que afecta a los créditos ya concedidos. No es extraño que sean

los valores bancarios los que sufran actualmente el más fortísimo drenaje de la

oferta en los mercados de valores. Recordemos que, ya antes de la modificación

de los tipos, el presidente de uno de los primeros Bancos comerciales del país

había aludido a la dificultad que el año 1970 presentaba para la expansión del

negocio bancario: dinero más caro, gustos generales mas elevados, una erizada

competencia en la captación de nuevos clientes... Lo que termina de explicar ese

proceso de realizaciones que gravita con singular peso sobre los valores del

grupo.

Parece ser que se ha buscado estos días remedio práctico a la caida de las

cotizaciones en el mercado de los valores de dividendo. SI, como se afirma en

esferas responsables, los fondos de inversión han encontrado el respaldo eficaz

Que garantice los reembolsos a que se vea a obligados a hacer frente, la Bolsa

quedará sensiblemente aliviada. Pero esto, contó es natural, a cambio de un

compromiso formal por parte de los propios fondos de no vender en Bolsa mientras

se prolongue la actual situación. Nos parece oportuna toda medida que, en las

presentes circunstancias, tienda a vencer esa psicosis de recelos que se había

apoderado de tantos modestos ahorradores españoles. Pero, una vez que las aguas

vuelvan a sus cauces, habrá que pensar en la conveniencia de remodelar los

patrones a los que hasta a aqui se ha ceñido la, actuación de las fondos de

inversión. Entre otros aspectos de esa reestructuración que nos parece

inaplazable pensamos ahora en la necesidad de establecer unos límites para la

Inversión de los fondos en determinados valores, favoreciéndola precisamente en

aquellos que disponen de una verdadera liquidez en Bolsa y reduciendo a cupos

mínimos la actuación en aquellos otros que carecen da esa liquidez. Otras

restricciones aconsejables se refieren, a nuestro inicio, a la cuantía del

capital máximo permitido a cada partícipe, de manera que los fondos vengan a ser

todo lo que se quiera menos gestores de osas carteros particulares que por su

enorme volamen encuentran otros cauces más apropiados para su colocación en los

mercados. Si a esto añadimos la propia limitación, hasta un nivel razonable, de

los activos totales de los fondos, nos encontraremos con unas instituciones

eficaces, renovadas, aue no podrán, en adelante, ejercer ana presión desmedida

sobre las Bolsas. NI para saltar tas barreras de las subidas razonables ni para

engordar, tampoco, la bola de nieve de esas ventas masivas que ponen en peligro

la, estabilidad de los mercados, que confunden y ahuyentan al ahorrador de toda

talla.

 

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