El otro divorcio de Tarancón     
 
 Diario 16.    28/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

El otro divorcio de Tarancón

La Iglesia española, que no pierde oportunidad de recordar su oposición al

divorcio matrimonial, está empeñada en dar por terminado a toda costa su largo

maridaje con el franquismo. "Si te he visto no me acuerdo", parece ser ahora la

postura de la Iglesia respecto de un Régimen con el que ha intercambiado

complacida y sin rechistar los más encendidos elogios y los más excelsos

arrullos teológicos. Desde los piropos de Bossuet a Luis XIV probablemente no se

ha incensado tanto a un gobernante como a Franco.

Cuesta trabajo imaginar estos cuarenta años de dictadura sin el apoyo

eclesiástico, pues, lo dice algún sociólogo, la Iglesia ha sido la gran

instancia legitimadora del sistema, que oficialmente la consideraba una de sus

"columnas vertebrales".

El cardenal Tarancón está ahora decidido a cortar por lo sano y defiende

animosamente el divorcio Iglesia-Estado. Insistiendo en que "la Iglesia como tal

—el cristianismo— no puede estar ligada a ningún régimen político". Sabias y

rectas palabras. Pero, ¡cuánto más se habria agradecido una orientación similar

en plena dictadura! Recordar entonces que la condición de cristiano no exige

ninguna etiqueta política determinada, hubiera clarificado mucho la situación e

iluminado muchas confusas conciencias. Se habrían evitado, seguramente, muchos

males.

Más vale tarde que nunca. Que la Iglesia española haya aceptado, aunque sea a

la hora de nona, los valores de la libertad y haya dejado de oponerse a la

democracia es un hecho positivo que debe reconocerse. Más vale olvidar el pasado

y mirar hacia el futuro. Ahí, y muy pronto, va a tener que mostrar la clerecía

española la sinceridad y solidez de sus nuevas opciones y su disposición a estar

tanto a las duras como a las maduras. Los españoles estamos deseando ver, por

primera vez en nuestra historia, una Iglesia políticamente neutral. Que eso de

dar al César lo que es del César .no puede ser un hábil artificio para

reservarse la última palabra en casi todas, las cuestiones por aquello de la

misión sobrenatural. Además, el silencio respecto de las cosas políticas, ¿no

sería acaso una prueba convincente de esa proclamada neutralidad?

 

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