Autor: Aradillas, Antonio. 
   El dinero de los curas     
 
 Pueblo.    17/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL DINERO DE LOS CURAS

• "La solución en España no estará ni en esperar todo del Estado, ni en

prescindir totalmente de él"

• En casi todos los países, incluso en los que está establecida la separación

entre la Iglesia y el Estado, se les subvenciona de algún modo

Conversación con don Antonio Mostaza, decano de la facultad de Derecho de la

Universidad de Valencia

El tema del dinero de los curas - y, en general, de la subvención por parte del

Estado a las personas y obras eclesiásticas, es noticia de actualidad, y lo será

aún más, al presentirse ya que no tardará mucho tiempo en que las 5.000 pesetas

que aquéllos perciben pasen a ser 15.400, según serios indicios. Llevados de

esta preocupación y noticia periodística, hemos abordado a don Antonio Mostaza,

catedrático de Derecho Canónico y decano de la Facultad de la Universidad de

Valencia, quien, recientemente pronunció una conferencia en la Universidad

Pontificia de Comillas, en Madrid, precisamente con el título "Sistemas

estatales vigentes de dotación a la Iglesia-´. El tema merece ser contemplado a

la luz de las legislaciones de otros países por lo que a continuación hago un

estracto de las mismas, con el decidido" empeño de que acertemos en nuestro país

con la fórmula exacta y proporcionada.

DE ALGÚN MODO

En la inmensa mayoría de los países, incluso en aquellos en los que está

establecida constitucionalmente la. separación entre la Iglesia y el Estado, se

subvenciona de algún modo a las Iglesias. A título de ejemplo,, se ofrece la

siguiente relacion, haciendo constar que en los países nórdicos de Europa y en

Inglaterra, confesionales protestantes y anglicano, la Iglesia está

subvencionada totalmente por el Estado.

En Francia, sólo en Alsacia y Lorena se subvenciona a la Iglesia católica, y no

en el resto del país, laico por la ley de 1905. aunque de hecho el Estado

sufraga los gastos de ciertas instituciones eclesiásticas.

El Estado se comprometió a subvencionar 1os cultos principales reconocidos

(católico, protestante y judío!; en Bélgica, por la Constitución de 1831 (a.

117), con cargo a sus .presupuestos generales. La subvención es auténticamente

generosa, y, a pesar de ello, la libertad de las religiones es plena, no

interviniendo la autoridad civil para nada en el nombramiento de los cargos

ecleslásticos. La Constitución de Luxemburgo del año 1848 calca la belga para

estos-efectos. Exactamente lo mismo ocurre en la Constitución de 1848 de

Holanda, sustituyendo a los protestantes por los calvinistas y subvencionando

largamente la enseñanza privada: por tanto, la de la Iglesia católica.

En la Constitución de Weimar (1919), en su artículo 137, de Alemania Federal, y

en la de 1949. se obliga el Estado a subvencionar los cultos, y se les reconoce

a las Iglesias soberanía fiscal, pudiendo éstas decretar impuestos, que suelen

ser del 8 por 100 de los Impuestos estatales de los ciudadanos, encargándole el

.Estado de percibirlos y pasarlos después a las iglesias. Como en determinados

Estados (Baja Sajonia, Badén, Renania Palatinado, Baviera...) están establecidos

Concordatos con la Santa Sede, y en ellos se establecen además determinadas

ayudas a la Iglesia, se puede asegurar que la cuestión económica está más que

resuelta en Alemania Federal, con lo que su Iglesia hasta puede atender otras

del Tercer Mundo, por ejemplo resolviendo el problema de la Seguridad Social a

todo el clero del Ecuador.

La soberanía fiscal le es reconocida asimismo a la Iglesia católica en Austria,

por el Concordato de 1933 y por el artículo octavo del convenio de 1960,

constituyendo el Estado un «fondo de religión», que, suprimido en 1962, da paso

a un sistema original, por el que el Estado le pasa a la Iglesia 67 millones de

schillings al año y «1.250 plazas de funcionarios del Estado de cuarta

categoría, con sus correspondientes pagas extraordinarias y pluses de carestía».

Le cede también a la Iglesia 5.600 hectáreas de monte en productividad media.

Con todo esto obtiene la Iglesia un interesante patrimonio equilibrado, sin

perder un ápice de su independencia, por lo que, desde el punto de vista

eclesiástico, Austria se constituye en auténtico modelo. El Estado le pasa a la

Iglesia, del presupuesto nacional, en Italia, una cuota económica de ayuda por

personas o cargos eclesiásticos, que. con las sucesivas devaluaciones casi que

resulta ser ya hoy puramente simbólica, pasándolo auténticamente mal los curas

rurales de las islas y del sur de Italia. En Portugal no se retribuye a la

Iglesia, aunque el Estado le concede alguna subvención a determinadas obras.

VIGILA Y CONTROLA

Mientras, que Brasil, Chile y Méjico no subvencionan a la Iglesia, todos los

demás países hispanoamericanos lo hacen. Con generosidad lo hace Argentina, a

cargo del presupuesto nacional.

En Rusia, parece ser que el Estado le paga algo a la Iglesia ortodoxa mientras

que existe libertad para organizar campañas antirreligiosas y no para hacer

campañas a favor de ninguna religión. En los países comunistas, en general, los

bienes eclesiásticos fueron confiscados, con excepción de la República

Democrática Alemana. En Yugoslavia se le concede a la Iglesia el derecho de

propiedad dé bienes inmuebles; pero el Estado vigila y controla el patrimonio.

El. 20 de marzo de 1950 se nacionalizaron en Polonia todos los bienes raíces

eclesiásticos, menos los lugares destinados al culto y los bienes de las

parroquias de menos de 50 hectáreas. En Rumania, Hungría... se les otorgan

salarios a los ministros de culto, «siempre que éstos desempeñen oficios

reconocidos, por el Estado, con su aprobación y previo juramento». En Rumania se

prevé el caso de la suspensión del salario para el eclesiástico «que haya

demostrado actitudes antidemocráticas». En Bulgaria, Polonia, Yugoslavia... se

conceden subvenciones a las personas eclesiásticas con determinados requisitos.

En la República Alemana subsiste el impuesto eclesiástico del 1 por 100 del

sueldo mensual del ciudadano, aunque éste, desde 1968, no es cobrado ya por el

Estado directamente.

En España, a raíz de las grandes desamortizaciones del siglo XIX, el

Estado se comprometió a subvencionar a la Iglesia, incluso en la Constitución

«La Gloriosa» (1869) en cuyo artículo 21 se admite la libertad religiosa para

los extranjeros. La Constitución de 1876 respetaría también tal subvención. La

República lo suprimió en base a que impone la separación entre la Iglesia y el

Estado, y éste no tiene religión. El ´fundamento de estas subvenciones no se

puede sostener en el título esgrimido por muchos de la compensación a las

desamortizaciones. Se trataría de un título que ha prescrito ya y, por lo demás

aquellos bienes estarían más que compensados, reconociendo además que no fue el

Estado el que se benefició, sino los burgueses liberales de entonces. Es

importante y justo reconocer, de todas formas, que en el siglo XVIII la Iglesia

contribuía al Estado casi con un 30 por 100 de sus rentas, además de sostener

parte de la educación y de la beneficencia. El fundamento o título reconocido en

todas las naciones, válido también para España, es la contribución de la.

Iglesia al bien de la colectividad con sus obras de promoción integral,

convivencía, cultura, culto...

El sistema ideal sería el de Austria, aunque se reconoce que difícilmente podría

copiarse en España, dado que ni el patrimonio agrícola ni el de valores

resultaría; hoy por hoy, factibles. Lo correcto sería, asimismo, que los

católicos se hicieran responsables de la Iglesia y de su sostenimiento,

aportándole los medios necesarios. Esto tampoco resulta, hoy por hoy, factible

en España. Hay que recordar que desde 1905 se intenta responsabilizar en esa

dirección a los católicos franceses y su clero rural lo pasa allí auténticamente

mal... La Iglesia belga a pesar de la dotación estatal, no ha perdido ni

hipotecado su independencia, lo que quiere decir que el riesgo de funcionariado

estatal de los sacerdotes no sería obstáculo para el servicio ministerial de su

función, acentuándose tal vez la limitación de su libertad al ser subvencionados

por el .pueblo, cuyos- caciques o pudientes escatimarían su aportación

económica, si el clero no les canonizaba sus propios intereses... «La solución

en España, asegura el catedrático don Antonio Mostaza, no estará ni en esperar

todo del Estado hoy ni en prescindir ´totalmente de él...»

El problema es importante y ahí queda esta exacta referencia de lo que ocurre en

otros países. A pesar de ello, personalmente yo me reafirmo en la idea de que,

atendiendo a la realidad española en la dinámica del cambio al que está

sometida, creo que el clero debería irse preparando ya convenientemente para

otros, trábalos extra o para sacerdotales, con los que se autofinanciara y

además pudiera establecer contactos salvadores ´ con aquellas personas y grupos

que difícilmente tienen acceso hoy a la Iglesia..,

Antonio ARADILLAS

PUEBLO 17 de diciembre de 1976

 

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