El cristianismo no puede estar ligado a ningún régimen político     
 
 Ya.    26/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL CRISTIANISMO NO PUEDE ESTAR

La Iglesia no debe dar la impresión de que se vincula a un determinado partido,

ni que ambiciona el poder O Carta cristiana del cardenal Jaranean sabré "Los

cristianos y la política"

MADRID.—Bajo el título "¿Partidos, políticos cristianos?", el cardenal Tarancón

publica hoy en Iglesia en Madrid" su habitual carta cristiana, que es la séptima

parte de la carta que con el título genérico de "Los cristianos y la política"

viene publicando semanalmente. El texto íntegro de esta séptima parte de la

carta general dice lo siguiente:

"Existen en Europa partidos políticos que se llaman cristianos. Incluso el

título de "democracia cristiana" es como una marca registrada que expresa una

ideología y una postura política reconocidas fácilmente por todos. En España

también hay varios grupos que asumen para el ese titulo y esa denominación.

Iniciación de apoyo

No tengo Inconveniente en admitir que en la iniciación de ese movimiento, y en

su consolidación, ha intervenido la Jerarquía eclesiástica, al menos con su

aprobación. Y que, quizá por ello, siguen pensando algunos cristianos que es

éste el camino que señala la Iglesia para la participación de los católicos en

la política.

Comprendo perfectamente las razones que movieron a los Católicos y aun a los

obispos, en aquellas circunstancias concretas, a promocionar partidos poéticos

confesionales. Como me explico—y Justifico plenamente—que- en siglos anteriores

se presentase como ideal el Estado confesional, como lo ha sido casi siempre el

nuestro, para mantener y defender la unidad católica de España.

Pero en cuestiones prudenciales, que no lleven consigo afirmaciones dogmáticas—

como son las actuaciones en el campo político—, no se puede presentar nunca como

principio inalterable cualquier realidad histórica, aunque haya sido promovida y

defendida por la jerarquía. Lo que puede ser lícito y hasta conveniente, quizá

necesario, en un momento histórico, teniendo en, cuenta la mentalidad y la

psicología de los hombres y el clima socio-religioso de una nación o de un

continente, puede no ser conveniente en otra época histórica, en otro clima

social o en una coyuntura especial de un pueblo determinado.

La Iglesia, independiente y autónoma

Y lo que yo me pregunto ahora es si en el año 1976, después del Concilio

Vaticano II y cuando "el género humano se halla hoy en un período nuevo de su

historia", y en la situación actual de España—en la que no olvidemos,. vivimos

una etapa de transición política desde un Estado confesional—, es conveniente

que exista un partido con el apellido de cristiano. Y se lo preguntan también

muchos creyentes, que agradecerían una palabra clarificadora de sus obispos.

El Concillo propone un principió claro y terminante: "La comunidad

política y la Iglesia son independientes y autónomas", lo cual significa

que la Iglesia como tal—el cristianismo—no puede estar ligada a ningún

régimen politico, y menos, evidentemente, a una tendencia política que,

íneludíblemente, ha de ser germen da división.

Los españoles, en su inmensa mayoría, son alérgicos actualmente a la

intervención de la Iglesia en . el campo político, porque creen que la Iglesia

se ha valido del poder para defender sus intereses específicos.

Los hombres, en general, y loa católicos seglares, en particular, son hoy muy

conscientes de que la iniciativa y la responsabilidad en los problemas

temporales lea pertenecen a ellos, y que pueden y deben actuar en ese campo con

absoluta libertad, siempre que permanezcan fieles a las exigencia» de su fe.

Evitar un peligro

Todo aquello, pues, que pueda dar la impresión de que el cristianismo—o la

Iglesia—pretende el poder político o de que. la Iglesia, aunque sea

oficiosamente, actúa en ese campo sería actualmente un peligro.

Los esfuerzos realizados por la jerarquía española para aclarar esos criterios

resultarían baldíos.

También dice el Concilio, hablando de las opciones temporalea de los cristianos,

que "a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva, a favor de su parecer,

la autoridad de la Iglesia", ya que dentro de la fidelidad al Evangelio caben

soluciones distintas—y hasta divergentes—para los problemas temporales.

Y un partido que se presenta como confesional—cristiano—, siempre ofrece .el

peligro de que sea considerado como portavoz de la jerarquía o como la expresión

genuina—la única—del Evangelio. Lo cual sería´ sencillamente funesto.

En España, además, aun los no practicantes se sienten impulsados por

sentimientos cristianos, casi sin darse cuenta, por fuerza, de una tradición

plurisecular, y los practicantes difícilmente se ponen de acuerdo en las

soluciones políticas. La Iglesia no debe dar la impresión de que se vincula a un

determinado partido ni que ambiciona el poder para imponer a todos sus

postulados evangélicos.

 

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