Autor: Aradillas, Antonio. 
 Monseñor Iniesta habla para pueblo semanal. 
 El obispo rojo se confiesa     
 
 Pueblo.    24/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 29. 

MONSEÑOR habla para pueblo semanal

El Obispo Rojo se confiensa

"Los mecanismos de la Iglesia deberían ser mucho más democráticos"

No me convence que haya obispos en las Cortes"

Monseñor infesta es un auténtico signo de contradicción en el Episcopado español

de estos últimos años.

Mientras que para unos es el «obispo rojo» por antonomasia de las pintadas y de

las pancartas, para otros es uno de los pocos testimonios episcopales de los que

evangélicamente hay que salvar del naufragio del nacional-catolicismo que ha

caracterizado la convivencia —o connivencia— existente en la relación Iglesia-

Estado. Y lo que no está tampoco claro es si monseñor iniesta, obispo auxiliar

de Madrid y con residencia en Vallecas, ha incomodado, e incomoda más al Estado

que al Vaticano... Hay quienes

aseguran que, con su testimonio evangélico de «obispo rojo», se ha molestado más

el Vaticano que el

mismo Estado...

A PECHO DESCUBIERTO

Me recibe con cordialidad, a pecho descubierto y con el característico signo del

Episcopado, que no debe ser, otro que el de la sencillez, la humanidad y el

compromiso, y allá va la siguiente pregunta:

—¿Qué política puede hacer la Iglesia?

—La única política que puede hacer la Iglesia es la que nazca simultáneamente de

una conciencia viva del Evangelio y, al mismo tiempo, de una conciencia real de

los hombres con los que vive. Nunca manipulará eclesiásticamente las opciones

civiles de la sociedad, ni sus mecanismos ni estrategias. Orientará a sus

creyentes en orden a su compromiso con el hombre, pero escuchando siempre, con

sagrada atención, al Evangelio y al hombre de hoy.

—¿De qué ha de arrepentirse la Iglesia en España en estos últimos años?

—Ciertamente, de no pocas connivencias, de silencios, de apoyos mutuos en los

cuales la Iglesia tuvo que ceder unas veces retales de su ´ pensamiento,

actitudes, convicciones y de su práctica inclusive, obligándole también a la

sociedad civil a ceder una serie de cosas que, al menos, no se las cedía a

otros. En la cuestión de compromisos civiles con !a fe, pienso que la factura

pasada ha sido demasiado importante en hechos en los que no hemos obrado según

el Evangelio, sino según las conveniencias de los apoyos mutuos entre la Iglesia

y el Estado, máxime teniendo en

cuenta .que se trataba de un Estado ciertamente dictatorial...

—¿Qué debería aportarle hoy la Iglesia a la comunidad nacional?

—Como Imagen colectiva, un gran respeto a la sociedad civil en todas las

opciones individuales dentro de un marco de justicia y de respuestas a los

problemas del hombre de hoy. Le hará también un gran servicio a la sociedad si,

desde dentro de ella, resitúa su pensamiento en función con el contexto

histórico en que .vive: la fe tiene que irse explicando y viviendo de manera

distinta en orden al dinamismo de la cultura y de la Historia. Los conceptos de

autoridad, propiedad privada, familia, fe como fermento crítico..., deben ser

repensados teológicamente por la Iglesia, y esto repercutirá positivamente en la

sociedad. Además del replanteamiento teológico deberá hacer un replanteamiento

catequético a todos los niveles.

—¿Resulta ser auténticamente cristiana la Iglesia?

—La Iglesia auténticamente cristiana sólo es la que ya llegó a la casa del

padre, mientras tanto ella se ensaya en cristiano. Constituimos ahora una

Iglesia de medianía o de pecadores. No es perfecta ni en cuanto a quienes la

vivimos ni en cuanto a su estructura misma: siempre está como a medio hacer...

CORRUPCIONES

—La Iglesia —o la jerarquía— denuncia no infrecuentemente corrupciones de tipo

político y económico...

¿A quién le corresponde denunciar las corrupciones de la misma Iglesia si

existieren?

—La corrección fraterna, que por cierto se practica tan poco, es derecho y deber

de todos y para todos. En lo mejor de ja teología católica se justifica la misma

corrección del superior por parte del inferior, de manera discreta y prudente,

pero, si no hay más remedio, también públicamente.

—¿Cuáles serían hoy los riesgos de la Iglesia en España?

—El de volver a un nuevo maridaje con cualquier otra opción política, incluyendo

el tener que bautizar a otro Sindicato como cristiano o a otro partido político

como cristiano... Todo esto seria francamente lamentable... Otro riesgo que

podría tener la Iglesia es éste: después de estos últimos años, en los que

gracias a Dios iba ya resultando un poco conflictiva —poco, no todo lo que podía

y debia haber sido— ahora que ya existen algunas libertades reconocidas, la

Iglesia pudiera pensar que

se mezcló con lo conflictos del hombre de manera pasajera, retazándose de aquí

en adelante otra vez a la sacristía... La sacristía es siempre una tentación de

la Iglesia y en la Iglesia.

—¿Se ve usted, como obispo, en las Cortes, aunque éstas cambien de signo?

—De ninguna manera. Eso a mí no me convence, ni creo que debería convencer a

ningún obispo. Si allí se está como eclesiástico, sería para representar a la

comunidad cristiana y, como ésta es pluralista, ninguno puede representarla de

modo monocolor.

—¿Se puede imponer la indisolubilidad del matrimonio a quienes no sean o no se

consideren verdaderamente cristianos?

—No lo creo asi. Sería conveniente que la sociedad les diese ya una solución

civil, honesta, a quienes no son creyentes. Soy partidario de que en España se

les conceda e¡ divorcio civil a quienes no son creyentes. No juzgo aquí y ahora

el valor del divorcio: eso es una cosa aparte.

—¿Un mensaje para la Navidad del año 1976?

—Que practiquemos lo que Cristo vino a hacer en el mundo: compartir que es

repartir. Es ésta una palabra clara del cristianismo. Cristo repartió con

nosotros su vida de Dios y reparte con Dios su vida de hombre. De este reparto

´surge la verdadera alegría que habrá de estar presente siempre y ser operante

en cualquier Navidad.

—La coincidencia de la inminente subida del sueldo de los curas está siendo

interpretada por algunos como parte del precio de la bendición de la Iglesia a

la nueva situación política...

—Sinceramente y a nivel de los eclesiásticos que han intervenido en estas

negociaciones, no lo. creo en absoluto de cara a la conciencia de ellos, ni que

lo hayan hecho ni que lo hayan pensado. Ciertamente el problema de la economía

del clero es muy complejo. Algunos sacerdotes en las zonas rurales lo pasan mal.

Pero estoy de acuerdo en que hay que buscar soluciones más de futuro y que quizá

no cabría de momento, una sola. En casos de sacerdotes mayores se podría pensar

en una nómina a extinguir. Las comunidades cristianas, que están vivas, deberían

comprometerse económicamente con sus sacerdotes. El trabajo no ministerial

retribuido también podría ser solución, aunque algunas tareas pastorales son

auténticamente exigentes y agobiantes, que no podrían simultanearse con un

trabajo civil fuerte y serio, sin posibilidad de fines de semanas y sin descanso

alguno. Yo seria partidario de que una parte del clero, durante algún tiempo de

su vida, trabajemos no ministerialmente.

—¿Llegó a temer alguna vez por su vida?

—Bueno, pues verás: cuando aquellas cosas del año pasado se habló de ciertos

atentados y amenazas contra mi vida y más recientemente también se ha vuelto a

hablar de algo similar; pero temer, temer, no he temido absolutamente nada.

—¿Le gustaría ser mártir hoy?

—Si hiciera falta, porque sirviera para algo o para alguien, no tendría ningún

inconveniente.

HOMBRE DEL DIALOGO

—¿Algún consejo a mí, como periodista?

—Veo al periodista con grandes derechos, sobre todos nosotros, los que

trabajamos, de alguna forma, en relación con el bien público, porque sois los

que representáis la opinión de la comunidad. Si la opinión pública - en la

Iglesia y en la sociedad es una espede de derecho de ciudadanía, vosotros sois

su canal y sus hilos telefónicos. Algo asi como la plataforma del indispensable

diálogo para poder entenderse el pueblo y quienes representamos el bien común.

El periodista es realmente el hombre del diálogo y ha de ejercer también una

especie de vigilancia sobre el bien común y su administración.

—¿Le falta en la actualidad democracia a la Iglesia?

—Respetando los datos dogmáticos y aun los canónicos, los´ mecanismos de la

Iglesia en la actualidad podrían y deberían ser mucho más democráticos y así

ofrecerle al mundo moderno un testimonio de verdadera democracia. Por ejemplo,

en cuanto al nombramiento de los obispos, el pueblo debería intervenir ya de

alguna manera, recuperándose asi una antigua y valiosa tradición en la Iglesia,

en la que San Cipriano, tal vez pasándose un poco, llegó a decir que tal

intervención era de «derecho divino», y en la que el Papa San León Magno aseguró

que «nadie debe regir al pueblo si no fue elegido por él...».

La conversación con monseñor Iniesta, «el obispo rojo» de Vallecas, resulta

entrañablemente cómoda y sugeridora de nuevas preguntas, a las que está

dispuesto a contestar a cuerpo limpio, sin «pectoralismos episcopales» y sin

misteriosas mitras distanciantes, que, hoy por hoy, apenas si sirven para algo

más que para espantar al rebaño, en el que, por. suerte para todos, apenas si

quedan ya restos de aquellas «fieles ovejas», a las que se les acostumbró sólo

al sí y al amén pastoral-litúrgicos, sin intervención y sin responsabilidad

personal alguna. Monseñor Infesta es uno de los pocos obispos del futuro

existente hoy en España, gracias al misterioso gol que el Espíritu Santo tuvo

que marcarle al Vaticano al permitir su nombramiento... Hay que reconocer que al

Estado español ni el mismo Espíritu Santo le pudo marcar... ese gol

Antonio ARADILLAS

 

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