Carta cristiana del Cardenal Tarancón. 
 El pueblo es el que debe contralar el poder     
 
 Ya.    27/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

RELIGIOSA

CARTA CRISTIANA DEL CARDENAL TARANCON

27-XI-76

"EL PUEBLO ES EL QUE DEBE CONTROLAR EL PODER"

«Son los ciudadanos los que deben determinar el régimen político más conforme

con la naturaleza de un pueblo» • «Es necesario que se promueva esa formación

cívica y política que inculque a cada ciudadano su responsabilidad en la gestión

pública»

MADRID.—"Es Ja comunidad la.que debe elegir a sus dirigentes políticos. Es el

pueblo el qne debe transmitir y controlar el poder de los que llevan la gestión

de los intereses públicos que atañen a todos y cada uno de los miembros de la

sociedad." Estas afirmaciones son de la carta pastoral del cardonal Tarancóri,

prevista para mañana domingo, 28 de noviembre, y que forma parte de la serie

pastoral "Los cristianos y la política", que viene publicándose, como en semanas

anteriores, en "Iglesia en Madrid".

Entre otros párrafos destacamos ]os siguientes:

"Son los ciudadanos los que deben determinar el régimen político más conforme

con la naturalesa de un pueblo y con las circunstancias de una época histórica y

los que deben designar librements a los gobernantes. Y esto exige también una

preparación y una muy intensa formación politica..

Por eso dirá también «1 Concilio "que hay que prestar gran atención a la

educación cívica y política, que hoy. día es particularmente necesaria para el

pueblo y, sobre todo, para la juventud, a

fin de que todos loa ciudadanos puedan cumplir íu misión en´la vida de la

comunidad política".

Y cuando esa educación -política, por razones, que no son del caso, ha estado

francamente descuidada, ese deber se impone con una especial gravedad a cuantos,

de alguna manera, sean educadores del pueblo.

Es necesario, pues, que eln dilación alguna se promueva por todos los medios esa

formación cívica y política que inculque a cada uno su responsabilidad en la

gestión pública y les enseñe la manera de participar activa y racionalmente en

ella. Y ésta es una obligación tanto de los que detestan el poder como de todos

aquellos que se crean capaces y tengan voluntad de representar al pueblo en la

actividad política.

También los cristianos necesitan esa formación, y aún más esmerada, porque deben

dar testimonio d* que su fe no sólo no les Inhabilita, sino que los potencia

para que asuman responsabilidades públicas. Todo lo que exige la recta razón y

prescribe la ley natural en orden al ejercicio "de la autoridad política lo

corrobora y confirma la fe: los cristianos están constreñidos por sus propias

creencias a un más perfecto cumplimiento de los deberes éticos y jurídicos.

Es necesario que los cristianos den ejemplo de sentido de responsabilidad y de

servicio al bien común; demuestren con los hechos cómo pueden armonizarse la

autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la solidaridad del cuerpo

social, las ventajas de la unidad combinada con la conveniente diversidad;

reconozcan la legítima pluralidad de opiniones temporalea discrepantes y

respeten a los ciudadanos que, aun agrupados, las defienden lealmente, y estén

plenamente convencidos, demostrándolo con las obras,,que los grupos políticos de

ios que «líos forman parte deben promover todo lo que, a su juicio, exija el

bien de la comunidad, sin >jue antepongan nunca intereses personales o de grupo

al interés general. :

La Iglesia tiene el deber de recordar a todos los hombres estas normas básicas,

pero debe exigir su cumplimiento a todos los que quieran llamarse cristianos.

También !a Iglesia, por lo tanto, lia de formar a sus fieles en eso campo. Sin

descender a cuestiones específicamente políticas y sin proponer soluciones

concretas para los problemas que se plantean. Pero inculcando firmemente a sus

hijos el sagrado deber que les incumbe de ejercer la caridad cristiana en .ese

terreno en el que, realmente, pueden prestar un servicio eficaz á sus hermanos,

quizá el

más urgente en Jas circunstancia» actuales.

La solidez del orden político dependerá, en gran parte, dé la recta formación

cívica de los españoles.

Todos estamos obligados a procurarla por un deber de patriotismo y de religión."

 

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