Cuarenta aniversario de la liberación del Alcázar. 
 Ese dolor vuestro fue también dolor de España (de la Homilía del Cardenal Primado)     
 
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CUARENTA ANIVERSARIO DE LA LIBERACIÓN DEL ALCÁZAR

ESE DOLOR VUESTRO FUE TAMBIÉN DOLOR DE ESPAÑA

(de la Homilía del Cardenal Primado)

* Quiera el Señor ayudarnos a construir en paz el camino hacia el futuro.

Homilia pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de

España, Doctor D. Marcelo GONZÁLEZ MARTIN, con motivo de la fiesta que celebra

la Hermandad de Santa María del Alcázar en el 40 aniversario de su liberación.

Catedral de Toledo, 27 de septiembre de 1.976.

La significación religiosa dé este acto es evidente. Tratáis de renovar una

actitud espiritual en que la súplica confiada a la Virgen María, en busca de

amparo y protección para vuestras vidas y para los ideales que os animaban a los

defensores del Alcázar, alcanzó ardiente y conmovedora expresión. Qué extraño es

que después de -aquel acontecimiento, de extraordinaria magnitud en todos los

órdenes, quisierais ¡os supervivientes perpetuar los lazos espirituales que os

unieron y os dieron fuerza para no sucumbir a los sufrimientos indecibles que

surgieron en medio del fragor del combate. Cada esfuerzo, repetidamente heroico,

por superar las fases al asedio, iba acompañado del recurso implorante a una

asistencia de Dios que buscabais con esperanza y con fe. Erais a la vez

defensores y víctimas. Y lógicamente aparecían entremezclados el coraje para

luchar y el sentimiento humilde de impotencia, reflejado sobre todo en las

mujeres y niños, que os hacía recurrir a Dios pidiendo su axulio.

Al veros libres, juzgasteis oportuno constituir esta Hermandad de Nuestra Señora

la Virgen del Alcázar, porque su imagen os acompañó durante aquellos dos largos

meses y ante ella pudisteis postraros infinidad de veces tratando de encontrar

el consuelo que necesitabais. Mis predecesores en este Arzobispado la aprobaron

complacidos, y yo me uno a ellos en la misma actitud de aprobación y de

estímulo, porque creo qué es bueno que se mantenga En primer lugar porque la

Hermandad os ayuda hoy a dar culto a la Virgen María y a agradecer a Dios, por

medio de Ella, el beneficio recibido entonces, todo lo ´, cual es profundamente

cristiano. ´El pasó del tiempo ha hecho que ya no vivan muchos de los

´defensores del Alcázar. Pero otros vivis,-y viven las familias de todos en cuyo

seno se prolonga de manera natural lo que hubo de sufrimiento y de esperanza •

PASADO Y PRESENTE

El pasado sigue así siendo presente y actúa hoy como un estímulo para desear,

que no se repitan jamás las circunstancias que obligaron a que el Alcázar fuera

lo que fue.

Si entonces tuvisteis fe para invocar a María y encontrar en ella protección y

consuelo, es porque en esa fe habíais sido educados. Mantenedla hoy, con más

fuerza aun que ayer, no sólo por vosotros, sino también por vuestros hijos. Es

la Madre de Dios, que intercede por nosotros, y nos ilumina con su ejemplo de

fidelidad y obediencia a Dios Padre, sobre las vicisitudes del destino humano,

solamente comprensible cuando se las contempla en la perspectiva global de la

existencia .conducida por Dios hacia su fin último entre dolores y esperanzas.

La fidelidad de la Virgen Santísima a la voluntad de Dios, es un ejemplo

sublime* para los que profesamos la fe de Jesucristo, de grandeza religiosa y

moral, y de perseverancia invencible en el camino de la virtud, no obstante las

tribulaciones que puedan acompañaros en la vida y en la muerte.

Ese recurso a la Virgen María en momentos de tan dolorosa tribulación, no era

únicamente oración por vuestras personas y vidas. Era también plegaria por

España, por la patria amada, a la que queráis ver libre del desorden que estaba

destruyéndola. Los años que habían • precedido inmediatamente a aquél terrible

drama produjeron un encadenamiento fatal de conflictos cada vez más graves que

hicieron imposible la convivencia pacífica en nuestra patria. No podemos menos

de* recordarlo .con honda aflicción de cristianos y de españoles porque, al

margen de los comportamientos y las actitudes que puedan merecer admiración,

respeto o repulsa, dentro ya del desarrollo de la tragedia, no hay nada tan

funestas consecuencias como ver a un pueblo con sus hijos enfrentados entre sí

luchando hasta la muerte en medio de tanto sufrimiento como cubrió el suelo de

España en aquellos años.

Por eso hoy, al rendir culto a la Virgen del Alcázar y al reflexionar en

meditación fundamentalmente religiosa sobre la que el asedio y defensa del mismo

significó para vosotros y para toda España, nuestro lenguaje no puede ser otro

que el de la paz siempre- anhelada, continuamente reconstruida, pacientemente

buscada entre todos, siempre siempre, siempre.

La gesta del Alcázar conmovió también al mundo entero y son innumerables los

artículos y libros que se han escrito sobre ella. Pero esas páginas, nacidas de

la pluma de ¡os tratadistas de cuestiones militares o de los narradores de

tragedias, no atraen hoy mi atención en las consideraciones que estoy haciendo.

Ni siquiera las que, teniendo en cuenta todos ¡os antecedentes que precedieron

al drama, puedan estar justificadas en su intento de referirse a la grandeza de

los ideales que se defendían y ai heroísmo sublime de los que se entregaron a su

defensa. No menosprecio esos valores. Pero tampoco quiero dejarme arrastrar por

un recuerdo que me lleve a situarme junto al resplandor bélico de las batallas,

como si esto tuviera que ser .inevitable cuando se trata de la grandeza del

sacrificio por la patria o por la fe, si bien es cierto que la historia nos da

muy tristes lecciones sobre la capacidad de los hombres y los pueblos para huir

de los recursos extremos o para impedir a tiempo lo que. a. ellos conduce. -.

Aún cuándo asi sea, mi pensamiento hoy y aquí, junto a una . imagen de la Virgen

María que quedó incólume entre los escombros de ´la fortaleza como queriendo

preservar ante todo lo que Ella significa, va directamente hacia lo que allí

hubo, ,no de combate? por glorioso que fuera, sino de sufrimiento y de dolor,

ese dolor que no se puede trasladar a los libros, y que incluso aumenta la

aflicción de quien le padeció cuando se ve que es objeto de tratamiento

puramente exterior por parte de quienes no lo •sintieron en su porpia carne y en

su propio espíritu.

RECONCILIACIÓN Y CONCORDIA

Ese dolor vúesto y cuantos en el Alcázar se encontraron fue también dolor de

España, y es así como lo contemplo hoy, desde aquí, seguro de que no lo

utilizáis para arrojarlo al rostro de los demás pero consciente también de que

os asisten todos los derechos para que no sea olvidado.

El recuerdo de hechos de esta naturaleza, no tiene porqué servir para perpetuar

divisiones ni mucho menos odios y rencores, y yo no he visto nunca en vosotros,

los miembros de esta Hermandad Religiosa ninguna actitud que no sea la de la

reconciliación y la concordia. Os reunís para rezar, para dar gracias a Dios,

para manifestar vuestra fe cristiana, para reafirmar vuestro amor a la patria

española y para procurar que no mueran ideales excelsos por los que dieron su

vida tantos y tan heroicamente.

¿Sábies cuál es mi súplica hoy o ´ la Virgen del Alcázar? Que nos cambie el

corazón un poco a todos para respetarnos y amarnos siempre en medio de nuestras

discrepancias, y que éstas no sean nunca tan desmedidas en su exigencia o en su

forma de manifestarse que provoquen obligadaas reacciones capaces de generar

odio fraticida. En este momento histórico del que depende el futuro de nuestra

convivencia como hijos de la misma nación, española. No entiendo de programas

políticos y me limito a pedir a Dios que ilumine la ~mente de los hombres que

los proponen para que les acompañe el acierto, la moderación y el realismo en

sus pretensiones.

VACIO ESPIRITUAL DE LAS GENTES

Pero hay algo que me produce creciente desazón como español y como obispo de la

Iglesia, y es el espantoso vacio espiritual en que se asfixian nuestras gentes,

como consecuencias de la confusión, de las maniobras ocultas, de la frivolidad

con que se juzga todo, de la falta de responsabilidad con que se mira al futuro,

como si éste no exigiera que ya ahora en el presente nos respetáramos en la

verdad para

poder seguir respetándonos en la libertad.

Llamo vacío espiritual no sólo a la pérdida de sentido moral y religioso, bien

evidente para el que no esté ciego, sino también a la falta de sobriedad en

nuestros modos de vivir, de honradez en el cumplimiento de nuestras

obligaciones, de examen de conciencia ante Dios para ser un poco mejores cada

día. Los pueblos necesitan de una mística religiosa, social, y humana para

sobrevivir. La religiosa está en el Evangelio de Jesús; la socia^ en el progreso

para una mayor justicia en todos sus niveles; la humana en el amor a la patria

común.- concretado -en nuestras relaciones personales, familiares,

institucionales, políticas, históricas. ´

Si otros na lo entiende así, que no se opongan a que así lo digamos los que asi

lo entendemos. Cuando damos culto a la Virgen del Alcázar y recordamos los

motivos por los que ese culto nació, no estamos queriendo -defender la

existencia de. dos Españas enfrentadas entre sí. Todo es más sencillo y

coherente.

Queremos recordar motivos que estimamos válidos, dentro de un legítimo

pluralismo, para que sigan influyendo en la configuración de nuestro destino

nacional, sin que ello suponga qué, para defenderlos,, tenga que haber

sitiadores y sitiados?

Toda persona y toda familia recuerdan su propia historia, porqué en ella van sus

errores y sus aciertos, sus virtudes y sus. debilidades. Y se recuerdan, a

medida que pasa el tiempo, con mayor comprensión y con más serena actitud del

alma, lo cual no significa escepticismo ni indiferencia, sino sencillamente

obsequio respetuoso al magisterio de la experiencia.

Dispongámonos a seguir adelante, y que la Virgen del Alcázar nos alcance

sentimientos de paz, de fortaleza y de esperanza.

Por lo demás, eso de las dos Españas va resultando un tópico demasiado gastado.

No hay país de la tierra en que no existan a la vez dos o más concepciones de la

vida, y en muchos de ellos, por desgracia, se han dirimido las diferencias en

contiendas bélicas que han dejado también un retraso de dolor. Lo digo no para

que nadie se sienta movido a desear que se produzcan, sino para que tan poco,

por miedo a un complejo provocado, vayan extendiéndose inhibiciones que nos

hagan valorar lo mismo la fe que el ateísmo, el ansia de justicia y la ideología

marxista, la dignidad moral y la degradación de las costumbres.

La cobardía y el miedo en la proclamación de lo que estimando válido y necesario

tampoco solucionarán nuestros problemas.

Y no lo olvidemos. Ni la religión ni la moral se defienden eficazmente sólo con

.decretos del Boletín, Oficial del Estado, el cual cada vez se sentirá más

limitado para ello, aún en aquellos aspectos más elementales y exigidos por el

simple derecho natural. Han de ser las conciencias de las familias, de los

hombres y mujeres de España, de una juventud mejor educada los que impidan que

nos ahoguemos en las aguas podridas de, ansia de dinero, de los negocios sucios,

de ¡as infidelidades en el matrimonio, de la pornografía, del amor animalizado,

de la subcultura presentada, como modernidad y progreso. El Estado tiene sus

obligaciones y debe cumplirlas, pero los ciudadanos libres tenemos las nuestras,

insoslayables. No existirían tantos espectáculos degradantes y tantas revistas

pornográficas, si no hubiera tantos espectadores que acuden a verlos o lectores

que las compran. No existiría tanta corrupción en los negocios, si no hubiera

tantos que se dejan corromper.

Quiera el Señor ayudamos a todos a construir en paz el camino hacia el futuro, y

que ¡a Virgen del Alcázar, merecedora de nuestro culto agradecido siga

dispensando su maternal protección.-

 

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