Entrevista. Opinión. 
 El padre Gamo dice: No al sueldo estatal de los curas     
 
 Pueblo.    08/10/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

entrevista el PADRE

OPINION GANO DICE:

NO AL SUELDO ESTATAL DE LOS CURAS

EL tema del llamada sueldo de lo» curas está en el candelero otra vez estos

días y bien parece que, por el momento, alcanzará la metamás o menos anhelada

durante estos últimos años viendo presumiblemente elevado de las 5.00O pesetas

(Mensuales actuales, a unas 15.OOO. El tema, alcance o no astas metas, resulta

ser, pon demás, altamente polémico e interesan las aportaciones que se ofrezcan

en uno o en otro sentido.

El padre Mariano Gamo, conocido párroco madrileño, nos expresa s« pensamiento a

este respecto, de la siguiente manen»

—¿Cómo justifica el sueldo estatal de los curas?

—Tiene su explicación histórica, en cuanto a su origen, y en cuanto a su

reinstauración por el estado triunfante de la guerra civil En este sentido, M

decir, como estipendio o pensión de guerra para el clero, que en su mayor parte

había estado al lado d« «los nacionales», me parece tacaño y recortado, ua

menguado plato de lentejas para pagar un servicio tan importante como el que han

prestado los eclesiásticos españoles —la Iglesia, en general— al estado

franquista, a lo largo de tantos años. Lo extraño es que no haya habido un

movimiento reívindicativo desde las filas del clero bajo, particularmente desde

la primera estabilización. La explicación de esta actitud sufrida del clero

serla muy compleja, ya que entrarían en juego las múltiples contradicciones

internas que se dan en este sector eclesial. Pero no es aventurado afirmar que,

entre las causas que han motivado esta actitud callada de los curas españoles,

figuran, en primer término, el complejo de escalafón o aspiración al ascenso, y

en sentido contrario, los movimientos de renovación sacerdotal, particularmente

florecientes en el clero joven, que eliminaron de raíz toda preocupación

económica en aquellos • en los que repercutía más crudamente la menguada paga

estatal.

—¿Identificación del cura con un funcionario del Estado o pérdida de su libertad

para su actividad pastoral?

—No creo que la paga del Estado haya, creado conciencia de funcionario público

al cura. El hecho de recibirla a través del Obispado y la justificación

histórica de ser una mera compensación por los bienes desamortizados de la

Iglesia han impedido que el eclesiástico se sintiese «estatalizado» eco

nómicamente.

Tampoco creo que la paga haya sido la causa fundamental para explicar la

incondicional adhesión al sistema político, de que han dado pruebas permanentes

los curas españoles de la posguerra. La paga estatal era, o sigue siendo, ua

elemento más, ni siquiera de los más importantes, del «statu quo» ideal entre la

Iglesia y el Estado y, más en concreto, entre la Iglesia y este Estado. Aunque

el Estado intentase asegurarse, en un último esfuerzo, la fidelidad o, al menos,

la no beligerancia del clero, mediante una equiparación económica con los

funcionarios homologables, no creo que el cura español medio llegará a sentirse

funcionario del Estado. El individualismo, el personalismo y el mismo

clericalismo, que tan. espontáneamente se dan en los curas españoles,

bloquearían cualquier intento de excesiva asimilación estatal.

Por supuesto, en cuanto fórmula económica, estoy en desacuerdo con ella. Sólo en

el caso de que un referéndum nacional autorizas* la subvención a todas las

confesiones del país, podría ser reconsiderada esta solución. Lo que no creo

posible en España, donde más fácilmente ganaría cualquiera de los reyes godos

unas elecciones libres, que el clero el derecho a ser alimentado por el erario

público.

—¿Subvencionado por Ja comunidad eclesial?

—Plantear la subvención de la comunidad eclesial al cura es perpetuar el

clericalismo entro loa cristianos. El cura, como «liberado a priori», me parece

una figura a extinguir. Por «so creo que el planteamiento económico´ del cura

sólo puede hacerse evangélicamente después d« tener resuelto el problema de la

comunidad crisatiana. Lo cual nos lleva a una auténtica alternativa eclesial o

pastoral, de la que la Iglesia en su conjunto actual está a años-luz. Pero, si

se trata de que «los parroquianos», o los usuarios del coito, se hagan cargo del

sostenimiento económico de sus curas, estamos ante una simple variante de la

paga estatal. Bien es verdad que este nuevo censo de contribuyentes de la

Iglesia puede poner de manifiesto una automática reducción del censo de los

supuestos creyentes, lo que tendría un valor no despreciable al ofrecer una

imagen más realista y menos inflacionaria de la cantidad y calidad de los

católicos. Pero, en el fondo, no tendría otra novedad que el cambio de

ventanilla, a la hora de cobrar.

—¿Trabajo extrasacerdotal?

—Un trabajo civil, dentro de la gama más amplia de las posibilidades personales,

debe ser el medio de vida para quien quiera desarrollar un ministerio o servicio

evangélico en el seno de la comunidad cristiana, de acuerdo con la palabra do

Jesús: «Gratis lo habéis recibido, gratis dadlo.» Pero, si el trabajo, ademas de

ser una fuente d« ingresos, debe constituir una forma de inserción en la

sociedad actual., la elección de uno u otro trabajo no podrá ser indiferente.

Habrá una solución óptima: el tipo de trabajo que más le identifique al cura con

la problemática del sector social en el que desarrolle su función pastoral. Y,

en todo caso, habrá una barrera, marcada por cualquier forma de trabajo, que

integre al cura en intereses económicos, clases sociales o estructuras,

políticas enfrentadas con el conjunto de las clases populares. Sólo un pequeño

número de cristianos —no exclusivamente curas— deberá estar liberado

económicamente por la comunidad diocesana, al revés de lo que ahora ocurre: que

la inmensa mayoría «viven del altar».

—¿Trabajo extrasacerdotal y actividad pastora], como ejercicio inherente de]

ministerio sacerdotal?

—Creo que es inadecuada la división entre lo extrasacerdotal y lo pastoral. El

cura no deja de ser pastor cuando trabaja. Es una condición inherente a su

persona las veinticuatro horas del día. De la misma manera que el militante de

cualquier organización lo es ininterrumpidamente, la mi litan tía no es un

trabajo por horas; es una actitud, una permanente disponibilidad, un compromiso

constante. Otra cosa es que el cura no sea militante de nada. Entonces, como

dirían los escolásticos, «negó suppositum», es decir, no hay caso.

—¿Cree que Ja entrega a la actividad pastoral de la mayoría de los sacerdotes

hoy justificaría las ocho o

las diez horas que exigiría ia subida del Pueüdo?

—Estoy convencido de que hay eclesiásticos alérgicos a todo tipo de trabajo,

pero ésta es una patología que invade otras muchas esferas sociales. Por otra

parte, no estoy, como he dicho, por el sueldo de los curas a cargo del Estado ni

por cualquier tipo de profesionalización clerical, aunque aparezca con visos

pastorales. La «jornada laboral» sólo es aceptable en los trabajos «contables»,

pero nunca en el terreno de la creencia-militancia, fuera de la cual no veo a

ningún cura con futuro cristiano. El cora, en cuanto profesional del culto, me

parece, con los debidos respetos, una especie en trance de extinción,

—¿Cuál piensa que es la solución óptima en´ este problema?

—Que partiendo de «la iglesia real», sin sociologismos inflacionarios —todos son

católicos, mientras no se demuestre lo contrario— y supuesta la renuncia a todo

presupuesto estatal para la Iglesia, salvo referéndum a favor, los cristianos

resultantes se planteen el mantenimiento de aquellos curas cuya incapacidad para

un trabajo civil sea manifiesta, por diversas razones (ancianidad, derechos

adquiridos, etcétera) y en segundo lugar, que las nuevas promociones

sacerdotales salgan con este problema resuelto. Servir al pueblo cristiano no

puede ser ni una carrera, ni una profesión, sino Un mero ejercicio militante

dentro de la comunidad cristiana.

 

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