Autor: P. M.. 
 Monseñor Elias Yanes, secretario de la Conferencia Episcopal Española:. 
 La Iglesia en España tendrá que navegar entre el oleaje de un pluralismo contradictorio     
 
 Informaciones.    09/10/1976.  Página: 13-14. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

MONSEÑOR ELIAS YANES, SECRETARIO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA:

"La Iglesia en España tendrá que navegar entre el oleaje de un pluralismo

contradictorio"

Monseñor Elias Yanes Alvarez, obispo secretario 4e la Conferencia Episcopal

Española, nació en Villa Mazo, isla de La Palma, hace cuarenta y ocho años. Fue

elevado al cargo episcopal en 1970, designándosele entonces auxiliar del

arzobispo de Oviedo.

«LOS OBISPOS HABLAMOS NO COMO POLÍTICOS, SINO COMO PASTORES DEL PUEBLO DE DIOS»

«SE NECESITAN DECISIONES POLÍTICAS ACERTADAS, REALISTAS, EFICACES»

« «ILUMINAR LA CONCIENCIA MORAL DE LOS HOMBRES ES UNA DE LAS TAREAS DE NUESTRO

MINISTERIO PASTORAL»

«LA ACTUAL SITUACIÓN DE LA IGLESIA, COMPARADA CON ÉPOCAS PASADAS, ES FRANCAMENTE

POSITIVA»

Desde su cargo en el Secretariado de la Conferencia Episcopal, monseñor Yanes ha

defendido en numerosas ocasiones la separación de poderes Iglesia-Estado. «En el

momento actual —decía en 1973— lo que Interesa es una manera de relación que

cuente con tres características: claridad, independencia y cooperación.» Cuando,

en 1974, se produjeron los casos Añoveros, obispo de Bilbao, y del cura de

Pabara —supuesta desobediencia a su obispo—, monseñor Yanes comentó al´

respecto: "Estos casos son signos de una Iglesia en la que hay vida, hay

libertad, hay problemas, hay diversidad de tendencias, hay inquietudes, hay

esperanzas y en la que el compromiso y la inestabilidad se mezclan.» Con

respecto a la postura política de la Iglesia, monseñor Elias Yanes es tajante:

«Algunos piensan que la Iglesia tiene que ser algo asi como un partido político

o una especie de plataforma para resolver los problemas políticos del país. No

es esa nuestra misión. Al ocuparnos de los problemas concretos, hemos de hacerlo

desde la perspectiva de los valores evangélicos.» Por último, monseñor- Yanes

salió repetidas veces al paso de determinadas adscripciones políticas en las que

se le encuadraba: «Me duele el daño espiritual que esto causa a personas de

buena fe, a las que se hace creer que sostengo Ideas o tengo intenciones que

jamás han pasado por mi mente.»

Así es, en ligero esbozo, el perfil del obispo que desde 1972 ocupa el cargo de

secretario de la Conferencia Episcopal Española. Un hombre diplomático,

sensible, correcto y disciplinado a juicio de cuantas personas lo conocen. Y un

hombre que, por el puesto que ocupa, es crucial en el nuevo clima de concordia

que reina, desde hace tres meses, entre la Santa Sede; y «1, Estado español.

INFORMACIONES POLÍTICAS ha preguntado a monseñor Yanes a través de un

cuestionario elaborado por nuestro colaborador don José Jiménez Lozano.—P. M.

—Algunas medios de comunicación han destacado que esta es la primera reunión de

la Comisión Permanente del Episcopado Español de la que no se ha esperado una

palabra política, que no se ha seguido con interés político, porque la política

está va donde debe- estar. Pero la Asamblea si se ha referido a la política, a

la vida ciudadana, invitando a la responsabilidad y a la moderación. ¿Cree

vuestra excelencia que es un deber del Episcopado hacer esa referencia?

—i^ua obispos nacíamos nú como´ políticos, sino como pastores del pueblo de

Dios. Los problemas político-sociales tienen con frecuencia un trasfondo de

deberes morales relacionados con derechos fundamentales del hombre. Este es

precisamente el aspecto que tratamos los obispos. Sabemos muy bien que. para la

solución de los problemas concretos no basta con elevar el nivel moral de los

ciudadanos en su conducta social y cívica. Se necesitan decisiones políticas

acertadas, realistas, eficaces. Pero creemos que es obligación nuestra recordar

que tales soluciones deben ajustarse a los valores morales que derivan del

reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Cuando se habla de justicia,

de solidaridad, de responsabilidad, de diálogo, se está usando un lenguaje

moral. En la situación presente de España es oportuno recordar a los ciudadanos,

a los grupos sociales y políticos, a los gobernantes, a los legisladores y, en

fin, a cuantos hombres de buena voluntad quieran oírnos, las exigencias morales

de su conducta cívica en relación-con los deberes y derechos de los hombres en

materia económica, social, educativa, política, etc. Iluminar la conciencia

moral de los hombres es una de las tareas de nuestro ministerio pastoral.

REFLEXIÓN RENOVADA

—En cualquier caso la opinión, española o parte de ella podría, recordar

tiempos, no muy lejanos, en que el Episcopado Español hablaba otro lenguaje y

quizá no es suficiente con decir que son otros tiempos, porque los principios

cristianos hay que suponer que no varían con los tiempos, que la ética cristiana

no es en sus principios una ética histórica. ¿Cómo se explica este cambio?

—Las exigencias morales que derivan de un concepto cristiano del hombre admiten

un desarrollo histórico, una explicitación progresivas a lo largo del tiempo. La

enseñanza del Concilio Vaticano II es coherente con los principios teológico-

morales de los Padres de la Iglesia del siglo IV, de Santo Tomás de Aquino en él

siglo XIII, o de- los teólogos españoles de los siglos XVI y XVII. Pero la

problemática actual ha exigido de la Iglesia una reflexión renovada sobre

aquellos principios recibidos de la tradición, para descubrir aplicaciones

concretas de los mismos a situaciones de nuestro tiempo.

—De todas formas, la Iglesia española parece más inclinada a pronunciar juicios

sobre cuestiones no específicamente religiosas que sobre estas últimas. ¿Acaso

tiene miedo a la irrelevancia o a cualquier otra cosa si publicada documentos

sobre problemas espirituales;

—Para nosotros el tratar de cuestiones morales relativas al orden social,

político y económico pertenece al ámbito religioso. Naturalmente, un hombre que

no sea creyente también puede y debe tener estas actitudes morales. Pero con

mayor razón debe tenerlas un creyente. Un discípulo de Jesucristo no puede ser

fiel al Evangelio hoy si descuida sus deberes morales en su conducta social1 y

política. Pero

no es cierto que el Episcopado español actual sea.menos sensible a otras

cuestiones morales y pastorales. En estos últimos siete años ha publicado

documentos o ha tomado decisiones o ha reflexionado en sus reuniones sobre la

vida espiritual de los sacerdotes, formación de los candidatos al sacerdocio,

promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas; educación del pueblo

cristiano en la fe. por medio de la formación religiosa en los centros de

enseñanza y en la catcquesis; cuestiones morales especiales como el aborto, la

pornografía, la moral sexual, la moral pública, la moral de los espectáculos;

promoción del apostolado seglar, formación de educadores cristianos: orientación

de los centros de estudios superiores eclesiásticos.

—Por ejemplo, sobre el gran giro que ha supuesto el Vaticano II. Esta es la hora

en que el católico español no está ni informado, ni muy informada, acerca de los

cambios operados por el Concilio ni de sus razones. Y es obvio que de esta

ausencia d& hipótesis se vale un cierto oponente político-religioso como el caso

de monseñor Lefebvre, por ejemplo, y da lugar a, un cierto confusionismo.

—Ciertamente todavía no ha llegado al católico medio español Información

suficiente sobre el contenido y la orientación del Concilio Vaticano II. Será

una obra de varias generaciones. El esfuerzo realizado estos últimos años ha

sido notable, sobre todo en el campo de la renovación litúrgica. Pero es mucho

todavía lo que queda por hacer. Espero que el nuevo catecismo para

preadolescentes sea un medio de hacer llegar a la gran masa de los creyentes una

formación religiosa que recoja las orientaciones del Concilio Vaticano II.

—La Comisión Permanente del Episcopado Español invoca la confesionalidad

católica de la inmensa mayoría de los españoles para invocar luego su derecho a

estar presente en las escuelas. Pero quizás no es oro todo lo que reluce y acaso

esa inmensa mayoría católica no sea tal mayoría...

—No estamos hoy tan a ciegas sobre el nivel de religiosidad del pueblo español.

Los últimos quince años de- estudios sociológicos sobre el catolicismo español

realizados en las diversas diócesis españolas nos ofrecen datos suficientes para

• no ser ni triunfalistas ni pesimistas. En cuanto a las rezones que la Iglesia

tiene para estar presente en el mundo escolar, dentro del respeto a la

conciencia de los padres que no quieran educación religiosa para sus hijos, la

Comisión Permanente, en su documento del 24 de septiembre de 1976, no se apoya

en la confesionalidad en el sentido insinuado por la pregunta. Se habla más bien

del derecho de todo bautizado a una educación cristiana que al mismo tiempo que

consiga la madurez de la persona humana desarrolle una conciencia cada vez mayor

del don recibido de la fe; se subraya que el sentido cristiano de la existencia

que todo bautizado tiene derecho a recibir en las etapas de su formación

integral, exige la presencia de la Iglesia en el medio cultural que es la

escuela, en tanto sea ésta el cauce normal básico para la transmisión de la

cultura

FALLOS EN LA EDUCACIÓN RELIGIOSA

—Está también el problema de los colegios católicos. ¿Realmente se da en ellos

una formación de la personalidad desde el punto de vista cristiano? Durante

cuarenta años, aguí no ha habido más que colegios católicos, ¿y cuál es el

resultado? Quizá no se pueda negar que la perseverancia religiosa o incluso el

agnosticismo o ateísmo de esos antiguos colegíales católicos ha dado un gran

paso.

—Sin duda que hay fallos en la formación religiosa que se da en los colegios de

los religiosos, como los hay en el trabajo pastoral que realizan las parroquias,

en la actividad apostólica de las asociaciones católicas, en las Universidades

eclesiásticas, en las obras asístenciales y caritativas de la Iglesia. La

comprobación de esas deficiencias impone una actitud permanente de revisión, de

autocrítica y de renovación, contra todo" conformismo. Pero al mismo tiempo, y

como fruto de una valoración crítica de los datos, es necesario reconocer todo

lo que ya se viene haciendo de positivo, que es mucho, sobre todo después del

Concilio Vaticano II, y desarrollarlo a la medida de las necesidades y

posibilidades de hoy.

—Los colegios de religiosos siguen siendo caros: el lujo de una minoría,

hablando en general, y con las excepciones a que haya lugar ¿no PK alan

escandaloso?

—Los centros educativos que imparten los bienes básicos de la cultura deben

recibir del Estado y de la sociedad un estatuto legal y un tratamiento que los

diferencie claramente de las empresas lucrativas. Aquellos centros docentes en

los que se imparten Tas enseñanzas que. según la conciencia actual de nuestra

sociedad deben ser accesibles a todos, es Justo que reciban de la Administración

pública positivo apoyo económico, exención de cargas fiscales, etc., que les

permitan evitar toda discriminación entre quienes: a ellos^ acuden. Debe el

Estado programar la ubicación de los centros según exigencias del bien común,

pero no monopolizar la creación de centros ni la gestión de los mismos. Los

medios económicos que el Estado dedica a la educación deben ser distribuidos con

justicia entre todos los centros de enseñanza, sean éstos creados por la

iniciativa del Estado o por las iniciativas no estatales, con tal que estén al

servicio de la sociedad en igualdad de condiciones académicas y sin

discriminación alguna para los alumnos, cosa que el Estado debe comprobar y

exigir. Mientras estos criterios no se apliquen en España con realismo y sin

cómodas demagogias, el escándalo por el coste de la enseñanza de centros

dependientes de entidades de la Iglesia no -es atribuible a quienes dirigen

tales centros, sino a quienes se oponen a la justa distribución de los recursos.

—¿Cómo piensa la Iglesia hacer su presencia en la Universidad? Y ¿dónde está su

presencia en el mundo cultural?

—Hace ya más de quince años pasé por la experiencia de ser profesor de formación

religiosa en la Universidad. Ya en aquellas fechas la obligatoriedad no se

exigía en la práctica. Iba a clase quien quería y se aprobaba a todo el mundo.

Hablo de mi experiencia, que pienso que era bastante general. También ya

entonces era bastante general el tener que buscar con muchas dificultades la

hora oportuna para la clase, que algunas veces sólo podía darse a las ocho de la

mañana o a las dos de la tarde. Las cosas han cambiado mucho en estos últimos

años, y no precisamente para mejorar. No sé cuál será en lo futuro la posición

de los nuevos «reaccionarios» (es decir, de los que reaccionan contra todo lo

anterior). Entiendo que supuesta la total libertad por parte del alumno, no debe

faltar en la Universidad la enseñanza de la teología no debe faltar la formación

moral, sobre todo para determinadas carreras, no deben faltar a los alumnos que

lo deseen los medios adecuados para una formación o información en materia

religiosa adecuada al nivel propio de los estudios universitarios.

IGLESIA SOCIAL

—Oirá cuestión: Rumores hay por ahí de que la Iglesia española empezaría a

estimar su todavía muy considerable peso sociopolítico en la balanza de un

partido demócrata cristiano. Es decir, que inauguraría aquí en España una

experiencia a la italiana. Pero quizá no sea suficiente un mentís de palabra.

¿Qué hará la Iglesia vara alejar de sí esta sospecha?

—Los católicos actúan en política en todos los países democráticos de Europa

occidental. ¿Por qué vamos a tomar como modelo para España precisamente.lo que

es hace en Italia? Los obispos de nuestro país—si interpreto bien la actitud

actual de la mayoría— continuaremos • proclamando las enseñanzas de la Iglesia

en materia social y política e iluminando con ellas los problemas concretos de

la comunidad política. Pero por exigencias internas de esta misma doctrina, es

preciso llevar a todos al convencimiento de que las enseñanzas sociales de la

Iglesia pueden ser realizadas por católicos que militen en partidos políticos.

Como indica el Concilio, a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a

favor de su parecer la autoridad de la Iglesia; Conviene, además, señalar que

con la doctrina social de la Iglesia en la mano se pueden defender posiciones

sociales muy avanzadas, realizables a su vez por vías políticas diversas. Lo que

nadie puede pretender es que seamos indiferentes o neutrales ante ios derechos

humanos. Si un partido propone objetivos contrarios a la dignidad humana o que

ofendan a la conciencia cristiana, que no espere las bendiciones de la jerarquía

eclesiástica. La labor de la Iglesia será respetuosa con la conciencia y la

conveniencia pacífica dentro de la pluralidad de opciones político-sociales de

los ciudadanos. Queremos ofrecer a todos, sin distinción, el mensaje evangéílco,

y por ello mismo no podemos identificarnos con ningún grupo político. Sólo nos

oponemos a lo que se opone al Evangelio.

—¿Cuál es la actitud dé la Iglesia ante los cristianos por el socialismo? De

momento son una minoría, pero entre las generaciones jóvenes sobre todo no se.

ve ninguna radical oposición entre marxismo y cristianismo, y últimamente a

veces se´ha visto; incluso a cierto nivel, algo asi como sí muchos cristianos

quisieran asumir el. marxismo, exactamente como Tomás de Aquino asumió el

aristotelismo en su siglo.

—Depende de lo que se quiera decir con la palabra marxismo y con la palabra

cristianismo. El pensamiento de Marx y de sus intérpretes más autorizados nos

ofrece una concepción global del hombre y de la religión, incompatible con la fe

cristiana. Afirmado esto, debo añadir que, a mi juicio, hay elementos del

pensamiento marxista que son aceptables desde el punto de vista cristiano. Con

esto no juzgo qué es lo que hay en la conciencia de un cristiano concreto que me

dice que él es marxista y creyente. Tampoco enjuicio ahora la conducta del

cristiano que me dice que él colabora con marxistas en su acción política

concreta. Santo Tomás transformó bastante a Aristóteles y subordinó plenamente

su aristotelismo a la fe cristiana. Lo que un cristiano no.puede hacer, si

quiere ser coherente con su fe, es alterar el sentido de las enseñanzas de la

Iglesia en materia de fe, subordinándolas a la dogmática marxista. Para evitar

malentendidos debo subrayar, además, que también la teoría y la praxis del

sistema económico capitalista, así como la filosofía subyacente al mismo, es, en

muchos aspectos, inaceptable desde el punto de vista de una concepción cristiana

del hombre. Los cristianos son poco sensibles, por desgracia, a lo que el

capitalismo tiene de materialismo, de explotación de los débiles, de

subordinación del hombre a la eficacia económica, etc. Me temo que el

antimarxismo de muchos sea una simple defensa de particulares intereses

económicos y de situaciones de verdadera Injusticia. Espero que las generaciones

jóvenes sabrán imaginar nuevos caminos para conseguir que la sociedad avance

hacia la igualdad social respetando al mismo tiempo* la libre participación de

los ciudadanos en la vida político-social y las convicciones religiosas y

morales que éstos profesen.

LUCHAR POR LA JUSTICIA

—En otras generaciones, sin embargo, se sigue teniendo del catolicismo un

sentido puramente sociológico de mantenedor del orden, de cuestión social o

incluso de unidad nacional. Pero es puro «maurasismo que ni siquiera supone la

fe cristiana. La Iglesia debería aclarar estos extremos.

—A medida que las orientaciones del Concilio Vaticano II se vayan abriendo paso

en la conciencia de los católicos, éstos se sentirán cada día más inclinados a

luchar en vafor de la justicia, de la Igualdad social, de la participación

responsable y libre de los ciudadanos en las decisiones políticas.

—¿Siente la iglesia española alguna nostalgia del catolicismo «restaurado» de

los pasados cuarenta años? ¿Teme que su postura actual en una sociedad

pluralista se vea reducida a una cierta irrelevancia social y vea incluso

levantar la voz de sus críticos y hasta de sus enemigos o de irresponsables

anticlericales? No parece que esté habituada a una cosa así la Iglesia española.

¿No volverá a echar de menos el «espíritu de cruzada»?

—Es claro que la Iglesia en España tendrá que navegar entre el oleaje de un

pluralismo contradictorio. Jesucristo, en el Evangelio, no prometió para la

Iglesia la tranquilidad.

—A pesar de esta etapa difícil —secularización, cambios sociales, reacción

materialista de la sociedad tecnológica y de consumo. Indiferencia, abandono,

hemorragia de clérigos, etc.—, ¿no ve vuestra excelencia un panorama más

positivo para el catolicismo español de los años ochenta? Y ¿no habría que hacer

una especie de monumento al sencillo pueblo español, un poco, o un mucho,

olvidado en este como en otros aspectos y sacudido ahora desde todas partes?

—La Humanidad actual atraviesa una profunda crisis de valores, una crisis

cultural, de proporciones mundiales. En España, además, esta crisis ha adquirido

una especial aceleración y va unida .a importantes cambios políticos,

económicos, sociales. Los miembros de la Iglesia han de vivir como discípulos de

Cristo en estas circunstancias. Para hacer frente a esta nueva etapa histórica,

la misma Iglesia ha renovado en el Concillo su pensamiento teológico y ha

replanteado- su relación pastoral con el mundo de hoy en términos de servicio

evangelizador y de defensa de los derechos de todos. Todo esto plantea a la

Iglesia nuevos y complicados problemas. Pero a pesar de las crecientes

dificultades, mi visión de conjunto sobre el presente y el futuro de la Iglesia

es optimista. La actual situación de la Iglesia, comparada con la de épocas

pasadas, es francamente positiva. En este aspecto, la capacidad de adaptación y

de buen sentido demostrada por fel sencillo pueblo español es admirable. Por

ello la responsabilidad de quienes estamos obligados a servirle es mayor.

14 INFORMACIONES POLÍTICAS

9 de octubre de 1976

 

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