Autor: RUANGO. 
   Despolitizar el deporte     
 
 Pueblo.    16/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Contra Punto

DESPOLITIZAR EL DEPORTE

MIENTRAS el deporte se debate por sus propias esencias y problemáticas, que son casi expresar su

plena vivencia, existe el principal ínconveniente de que la Asamblea llegue a buen puerto. Uno se refiere

a lo que parece será el caballo de batalla del fin mediato de los debates. O se va a un deporte

auténticamente democrático, que pretenden los más, despolitizando cualquier otra opción posible,

dotándole de una autonomía propia y desgajándole, por decirlo así, de cualquier otro matiz, o todo se irá

al traste.

Si, como en una de sus ponencias, se proclama que el deporte es una parte de un concepto que incluye el

recreo, el esparcimiento, la cultura y la educación física, entre otras acepciones, resulta fundamental que

carezca de la desestatalización y descentralización oportunas, para evitar que la práctica deportiva sea

motivo de ciertos privilegios elitistas que apagan cualquier iniciativa. El deporte, sin demagogia, es de

todos y para todos, y debe fluir con la mayor naturalidad, sin más control que sus puntos límite en el

aspecto técnico o de directriz universal. Su desvinculación ministerial, sin supervisión por parte del

Estado, le darían unas alas a las que hasta hoy ha estado pesadamente lastrado, sin posibilidad alguna de

remontar el vuelo de su proliferación.

Pero este comentario no pretende ser una subponencia periodística o un alegato sobre unos criterios

generales ya, afortunadamente, compartidos. Lo importante, conviene recalcarlo, es que también el

deporte adquiera pronto su tono democrático imprescindible y que sus debates sean oídos a fondo, con

respeto y profundidad. Cualquier punto de vista puede ser válido si lleva en su contenido ese trasfondo

fundamental de quitarle los matices políticos que no vayan enfocados a construir una política deportiva y

no a la inversa. Si en estos días que restan no se comprende este vital tono de acceso popular y masivo, si

el deporte no se introduce a nivel de la calle sin dramatizarlo burocráticamente ni revestirlo de falsos

oficialismos, nada en concreto se podrá conseguir. Y si las voces se alzan, si el diálogo se convierte en

reyerta, algarada o trifulca, la gran oportunidad de esta magna convocatoria no habrá servido de nada. Y,

francamente, oportunidades como ésta no abundarán fácilmente, ahora que parecen haberse concienciado

todas las fuerzas vivas del país, entre ellas las representaciones deportivas, sociales, las de los partidos

políticos, con sana intención mediadora y futurista, y los practicantes activos. Todos con las únicas miras

de solución definitiva, o, al menos, con el objetivo claro, certero y definido de asentar el precedente

necesario para la puesta en marcha más inmediata.

RUANGO

 

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