Historia de un privilegio     
 
 ABC.    17/07/1976.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

HISTORIA DE UN PRIVILEGIO

Madrid, 16. (Cifra.) El llamado derecho ó privilegio de presentación de los

obispos, concedido a los Jefes de Estado a lo largo de la Historia, tiene un

origen muy remoto. Y así, este derecho de presentación se llegó a aplicar en

tiempos pretéritos a casi toda la América hispánica: Costa Rica, Brasil,

Argentina, Guatemala, Ecuador, Haití, El Salvador, Nicaragua, etcétera, y.- en

Europa, en Austria, Baviera,- Portugal y España, existiendo también en Francia

antes de que esta nación rompiese sus relaciones con la Santa Sede.

En España, el privilegio arranca de las pretensiones de los Monarcas españoles

que, en muchos casos, .se vieron atendidas por privilegios pontificios. Ya

Urbano V concedió a Pedro I de Castilla el privilegio de aue no pudieran ser

provistos los obispados sin el beneplácito reglo, pero fue Alejandro VI. el que

otorgó a los Reyes Católicos el patronato de todas las iglesias del Reino de

Granada y de las Indias. Isabel y, Fernando solicitaron este privilegio para las

tierras conquistadas o descubiertas («si los Reyes no hubieran hecho estas

conquistas, el Papa no tendría sedes donde nombrar obispos>, decían los Monarcas

católicos al Pontífice). Alejandro VI accedió a la petición de Sus Católicas

Majestades, correspondiéndolos, en su consecuencia, la presentación por todos

aquellos obispados. Posteriormente, este privilegio acabó por" extenderse a toda

España por bula concedida por Adriano VI a su discípulo Carlos V, en 1523, que

le confirió el derecho de presentación para todos los obispados vacantes en la

nación española.

El Concordato de 1753, concluido entre Benedicto XIV y Fernando VI, confirmó

totalmente este derecho de presentación, siendo totalmente beneficioso. para el

Estado, pues declara rotundamente aue las sedes se proveen a ^nominación y

presentadora de tos Reyes. En ejecución de este Concordato se dictó por Carlos

III la Instrucción del 24 de septiembre de 1784 (ley 12, título 18, libro I de

la novísima recopilación) ordenando a los prelados y rectores de las

Universidades que enviasen relación y noticia circunstanciada de las personas

dignas de ser propuestas para obispos, y marcando las condiciones qua éstas

debían ´reunir.

El privilegio pasó íntegro al Concordato de 1851 entré Pío IX e Isabel II y

después ha Ido figurando en cuantos Concordatos se han firmado entre la Santa

Sede y el Estado español. El actual derecho de presentación fue recogido en el

Concordato firmado entre el Estado español y la Santa Sede el 27 de agosto de

1953,-en el palacio Vaticano.

 

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