Análisis. La Renuncia al nombramiento de obispos. 
 El gesto del Rey, un hito en las relaciones entre la Iglesia y el Estado Español     
 
 ABC.    16/07/1976.  Página: 80. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC. VIERNES 16 DE JULIO DE 1976. PAG. 80.

El GESTO DEL REY, UN HITO EN IAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO ESPAÑOL

Analisis

LA RENUNCIA AL NOMBRAMIENTO DE OBISPOS

La fecha de ayer quedará, sin duda, como la de un día histórico en las

relaciones entre la Iglesia y -el Estado español; una fecha en la que el Rey

Juan Carlos, con un gesto de excepcional Inteligencia y generosidad, supo cortar

un problema que. desde hacia varios años, venía enturbiando esas relaciones, sin

ofrecer, en cambio, ningún tipo de utilidad para el país, creando un grave

problema pastoral Dará la vida de la Iglesia.

El privilegio de presentación de obispos —a cuyo uso acaba de renunciar el Rey—

tiene una larga historia, cuyos orígenes hay que buscar en la concesión hecha a

los Reyes Católicos tras la conquista de América. Los Papas, para premiar los

servicios hechos por España a la fe. otorgaban a Fernando e Isabel y a sus

sucesores el privilegio de intervenir decisivamente en el nombramiento de los

obispos, tanto en España como en las naciones ultramarinas

Confirmado este privilegio en el Concordato de 1851. fue retirado por la Santa

Sede al romperse este Concordato durante los años de la II República.

Tras la guerra civil v restablecidas las relaciones entre el Gobierno español y

el Vaticano fue´ éste uno de los primeros temas de diálogo, hasta llegar en 1941

al Acuerdo que hasta ayer ha estado en uso.

EL ACUERDO DE 1941

•En este Acuerdo, firmado por el nuncio de ¡Su Santidad en España, monseñor

Caetano Cicognani, y el ministro de Asuntos Exteriores, don Ramón Serrano Suñer,

se acordaba un complicado sistema, en el que Santa Sede v Gobierno español

Intervenían en el nombramiento de los obispos residenciales de todas las

diócesis españolas, de tal manera Que sólo de un mutuo acuerdo podían surgir los

nombramientos episcopales. Según este sistema, en resumen, de una lista de seis

nombres, elaborada de acuerdo entre la Nunciatura Apostólica y el Ministerio de

Asuntos Exteriores, la Santa Sede elegía tres, entre los cuales el Jefe del

Estado presentaba uno al Papa para su nornbramlento.

Como contrapartida de esta concesión, hecha por la Santa Sede al Gobierno

español, éste se comprometía a observar los cuatro primeros´ artículos del

Concordato de 1851 —que garantizaban aue la religión católica sería la única de

la nación española; que se impartiría educación religiosa en colegios y

Universidades; que se garantizaría la libertad de los obispos en su ministerio—

y a llegar nuanto antes a un nuevo Concordato

EL CONCORDATO DE 1953

Las esperanzas de esbe próximo Concordato tardaron, sin embargo, done años en

realizarse. Según parece, era precisamente el tema del nombramiento de los

obispos lo que lo retrasaba, pues ya entonces el Papa Pío XII veía dificultades

en elevar a concordataria esta concesión.

Quedó, sin embargo, literalmente Incorporada al artículo VII del nuevo

Concordato, firmado en agosto de 1953. Y el sistema de nombramientos .pactados

siguió ejerciéndose, sin verdaderas dificultades, hasta los tiempos del Concillo

Vaticano II

EL DEBATE Y LA DECISIÓN CONCILIAR

El Concillo Vaticano II iba a suponer un importante progreso en la mentalidad de

la Iglesia que experimentaba la necesidad de una plena libertad en los problemas

pastorales y espirituales. Así en septiembre de 1964 en el proyecto de documento

sobre los obispos aparece ya por primera vez el deseo de la Iglesia de que se

suprima toda forma de Intervención dé los Gobiernos en los nombramientos

episcopales. Puesta esta cláusula a votación alcanza una de las más intensas

unanimidades de los padres conciliares: 2.055 votos contra ocho piden la plena

libertad de la Iglesia en estos nombramientos. SI se piensa que entre los

votantes había entonces 70 obispos españoles se percibe que también entre ellos

existía una neta unanimidad de pensamiento en este punto.

El párrafo en cuestión quedó redactado así en el artículo 20 del decreto

«Christus Dominus»:

«El Concilio declara que el derecho de nombrar e instituir a los obispos es

propio, peculiar y de suyo exclusivo de la competente autoridad eclesiástica.

Por lo tanto, con el fin de defender debidamente la libertad de la Iglesia y de

promover más apta y expeditamente el bien de los fieles, es deseo del Sacrosanto

Concilio que las autoridades civiles quieran renunciar espontáneamente, después

de consultada la Sede Apostólica, a los derechos o privilegios susodichos de

que, por pacto o costumbre, gozan hasta el presente.»

EL DEBATE EN ESPAÑA

Este deseo vaticano encontró pronta respuesta en alguna nación, como Argentina,

que renunció espontáneamente al privilegio,´y alcanzó regulación en los textos

concordatarios firmados por Venezuela.

Pero pronto surgió en España la polémica entre quienes pedían una renuncia

espontánea por parte del Jefe del Estado y quienes aspiraban o a un

mantenimiento del privilegio o a una renuncia en el marco de una negociación

concordataria.

LA CARTA DE PABLO VI

Un nuevo dato Importante se produce cuando el 29 de abril de 1968 Pablo VI envía

una carta personal al Generalísimo Franco pidiéndole la renuncia a este

privilegio. En esta carta el Papa, tras recordar que estos privilegios «no

corresponden ya al espíritu ni a las exigencias de los tiempos» y afirmar que

«de un rasgo tan noble derivaría ciertamente un nuevo y gran mérito para Vuestra

Excelencia y su Gobierno, y asimismo un prestigio ulterior para el catolicismo

de la nación española en el mundo», añadía:

«Vuestra Excelencia puede estar bien cierto de que la Santa Sede, por su parte,

al hacer nombramientos episcopales, no tendrá otras miras que las de la

prosperidad religiosa y espiritual cada vez mayor de esa nación que es por Nos

tan querida; y en todo caso la Santa Sede se encuentra dispuesta a comprometerse

a notificar previamente y reservadamente al Jefe del Estado o Gobierno el nombre

del designado para el careo de obispo residencial a fin de saber si no tiene que

oponer objeciones precisas de carácter político general.»

A esta carta respondería el 12 de junio de 1968 el Generalísimo Franco con una

cortés negativa.

Recordaba que este privilegio era parte de un Concordato - y ""que sólo en el

marco de la renovación de ese acuerdo jurídico podía renunciar a tal privilegio.

OCHO AÑOS DE TENSIÓN

A esto sucedieron ocho años de dificultades y de diversas búsquedas. Por un

lado, los nombramientos de obispos se retrasaban hasta permanecer vacantes

muchas diócesis durante varios años. Por otro, no era sencillo llegar a una

renovación concordataria por una discrepancia de puntos de vista entre el

Gobierno, la Santa Sede y el Episcopado español, consultado siempre por ésta.

- En varias ocasiones pareció estarse a punto de resolverse el problema, con

diversos anteproyectos. Y últimamente parecía Inmediato un acuerdo con la mutua

renuncia de los privilegios de presentación de obispos por parte del Gobierno

español, y del privilegio del fuero de los clérigos por parte de la Santa Sede.

Mientras tanto se agravaba el problema de las diócesis vacantes: eran éstas

nueve en la actualidad; algunas —como Avila y Zamora— permanecían sin obispo

hace y.a cerca de tres años; otras eran administradas por los obispos de las

diócesis vecinas, con todos los agravantes que este «plurlempleo» episcopal

implica.

 

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