Autor: Alonso, Pilar. 
   La Iglesia política     
 
 Arriba.    21/11/1976.  Páginas: 5. Párrafos: 25. 

LA IGLESIA POLITICA

- Las relaciones Iglesia-Estado español podrían resumirse en una frase de

Martín Descalzo:

"La Iglesia le ha dado al Gobierno nada más y nada menos que él prestigio

moral, el apoyo político y el control de su jerarquía´

Para José María Diez-Alegría, tan malo es un socialismo cristiano como una

democracia cristiana

La Iglesia está ahora más politizada que nunca. Por lo menos, eso dicen. Y citan

casos de sacerdotes

militantes en partidos de izquierdas y de ex abades que se pronuncian a favor

del divorcio y del

comunismo. La historia nos muestra, en cambio, que a partir de Constantino,

aquel emperador que tuvo una fantástica revelación, en el cielo, con la cruz y

la espada, la Iglesia se colgó del brazo de los que ostentaban el poder y

comenzó a su lado un largo caminar paralelo que todavía hoy no termina. Un buen

ejemplo puede ser el maridaje, en algunas Repúblicas sudamericanas, del poder

edesial con las dictaduras que reprimen en estos momentos la marcha de dichos

países. En nuestro país, las relaciones han sido también bastante amistosas.

Martín Descalzo, periodista y admirador de monseñor Jaraneen se lo explicaba muy

bien a Rafael Plaza en una entrevista publicada en la revista «Yelda» en el mes

de octubre pasado: «La Iglesia le ha dado ai Gobierno nada más y nada menos que

el prestigio moral, el apoyo político y el control de su jerarquía». Y esto es

precisamente lo que muchos cristianos critican

a la Iglesia institución, el que tome partido por uno u otro poderes, el que

ella misma se convierta en un sistema de poder. José María Díez-Alegría, ex

jesuíta, en otras declaraciones a «Yelda» es todavía más concreto: «Lo de

socialismo cristiano me parece tan mal como lo de democracia cristiana. Yo,

desde luego, creo que puede haber cristianos socialistas, porque si los hombres

se ponen de veras bajo el Influjo liberador del Evangelio, liberador y al mismo

tiempo comprometedor del Evangelio, acabarán por descubrir las razones del

socialismo. Quiza todos los cristianos, en el plano en c¡ue se comprometen en

política, deberían ser socialistas o estar muy abiertos a| socialismo, pero no a

un socialismo-cristiano, sino a que en la Historia es el Socialismo, con sus

avalares». La acusación más grave que los cristianos hacen ahora a sus

jerarquías es que siempre, salvo casos excepcionales, hayan tomado partido por

uno u otro frentes políticos, unas veces, de forma descarada, y otras,

indirectamente. Para estos cristianos la Iglesia no debe hacer política en el

sentido de ponerse al lado de uno u otro grupos con una determinada ideología,

sino que, fiel al Evangelio, debe denunciar cualquier proceso injusto,

cualquiera que sea el país donde se produzca y cualquiera que sea la Ideología o

el partido político que ostente el Poder. Esto es precisamente lo que no ha

hecho la Iglesia. Pío XII, que firmó con la Alemania de Hitler un concordato en

1933, prohibió en 1949 a los católicos, bajo pena de excomunión, apoyar

políticamente a los comunistas. Pío XII era un gran anticomunista y un gran

germanófilo. Pablo VI, de momento, no ha excomulgado a nadie por motivos

políticos, pero ya puso de manifiesto en las últimas elecciones italianas que

los católicos debían decir no al PCI. Esto le costó a Don Franzoni la reducción

al estado laical. Pero no impidió a un sacerdote salir diputado por el MSI,

partido neofascista. En la jerarquía eclesiástica española, a pesar de no

existir uniformidad, se ha dado un gran paso para desprenderse de ese nacional-

catolicismo que han mantenido durante muchos años. Ahora, la Iglesia española

busca una postura de centro y no se arriesga a una defensa de Iglesia Popular

(la Iglesia no ha movido un dedo ante el secuestro de «Por una Iglesia del

pueblo», de Jesús Rey y Juan José Tamayo, de la editorial Mañana), pero en

algunas ocasiones, como fue el caso del obispo de Bilbao, monseñor Añoveros, sí

se mantuvo firme y unida frente al Poder estatal.

PLURALIDAD

Que hay pluralidad en la jerarquía eclesiástica española no es ningún secreto.

Las declaraciones de los propios obispos hablan por sí solas. Así se expresaba

el obispo de Canarias, Infantes Florido, en 1974: «Los sistemas socio-

económicas, cuando justifican sus éxitos, no piensan que los obtienen a menudo a

costa de la pobreza, la Incultura, la marginaclón y tantos otros tipos de

Injusticia en que suelen asentarse...» De la misma fecha son las declaraciones

de monseñor Buxarrais, obispo de Málaga: «Me preocupa la inmovilidad en algunos

sectores de la Iglesia malagueña... Yo no debía callar, como pastor. Me parece

que Andalucía, en general, debe ser tenida más en cuenta en la programación

nacional...*, y del obispo de Jaén, Miguel Peinado: «Existen en esta provincia

dos obstáculos para el amor: el absentismo y la inercia... Son bastantes los

olivares cuyos dueños están totalmente ausentes. Con una excepción, ¡perdón!, a

la hora de percibir los frutos, la de Ingresar en la caja de ahorros o en los

bancos el dinero que les manda el encargado... Y esto es una gran plaga social

de nuestra tierra...» Junto a estas posturas encontrarmos, en este mismo año,

las def obispo de Soria-Osma. Teodoro Cardenal: «Hemos de estar alerta tanto

respecto al peligro de una posible liberación, marxista, como a la ola de un

desgarrado humanismo ateo, o una liberación con ribetes de cristiana...»

Pero estas posturas no son exclusivas de nuestro país, puesto que en el Vaticano

las cosas tampoco parecen tan claras. Mientras que el Papa critica la labor de

movimientos progresistas como la de «Cristianos por el Socialismo», y se

pronuncia apasionadamente contra los partidos marxistes, monseñor Casaroli es un

maestro de la «ostpolitik». Al parecer, el Vaticano quiere estrechar lazos con

los marxistas del Este mientras increpa a los de casa.

La politización de la Iglesia no es nada nuevo. En el caso de España tenemos

representantes del clero en las Cortes, en el Consejo del Reino, y una

participación activa en la política del país, no sólo a través de dichas

instituciones políticas, sino también a través de los medios de comunicación y

los centros de enseñanza que son de su propiedad. Esto es precisamente lo que

hiere a algunos cristianos, sacerdotes y seglares, que la Iglesia no se limite a

defender los procesos que le parecen justos, de acuerdo con el Evangelio, y a

atacar aquellas injusticias que se opongan a su auténtica doctrina. Porque dejar

de hacer política no significa dedicarse sólo a rezar.

En este informe hay una ausencia grave; la opinión de la jerarquia eclesiástica

española, pero los obispos españoles más significativos habían viajado a Roma a

una beatificación, y monseñor Martín Patino no quiso opinar sobre el tema.

Enrique Miret Magdalena que, en muchas ocasiones, ha tocado fondo en todo lo que

se refiere a temas religiosos, opina sobre el papel que debe Jugar la Iglesia en

la vida política de un país:

NO A LA TEOCRACIA

La Iglesia no debía Intervenir en cuestiones de este mundo que siempre

son propias del seglar. Todo lo que se refiere a las cosas de la sociedad civil

debe decidirlas el ciudadano —sea o no creyente— usando de su razón y con

plena responsabilidad en sus decisiones, sin esperar el refrendo de la Iglesia.

Hacer otra cosa serta caer en la teocracia que fomentaron en algunas épocas

remotas las religiones, y que en la Edad Media se manifestó en dos vertientes:

e| cesaro-papismo y el clericalismo. Aquel consistía en la intervención de los

reyes en las cosas de la Iglesia, teniéndola en muchas ocasiones dominada y

sometida a sus caprichos. Los obispos y abades de monasterios eran nombrados —

por poner un ejemplo— muchas veces por el Rey, y la Iglesia se hizo demasiado a

ceder al aire de (os gobernantes de aquel tiempo. Hubo, sin embargo, algunos

Papas valientes —como Gregorio Vil— que se opusieron a ello, y pudieron

conseguir así una mayor independencia del poder eclesiástico. El

clericalismo se desarrolló, sobre todo, más tarde, entrada ya la Edad

Moderna. Incluso es el signo con el que comienza esta Edad en España, siendo el

Estado el brazo secular de la Iglesia, y llega a su culmen después del Concilio

de Trento, y muy en particular, en el siglo XIX y parte del XX en nuestro país,

donde la influencia eclesiástica se deja sentir en nuestras intolerantes

constituciones decimonónicas. Los clérigos —sobre todo el alto clero— se

vuelve reaccionario, y propugna la más estrecha unión de Iglesia y Estado,

echándose del lado de la aristocracia, la alta burguesía y el poder absoluto y

proclamando el antiliberalismo más cerrado. En nuestro período del

franquismo el clero tuvo una situación privilegiada y una influencia decisiva

en los medios de comunicación social, en la enseñanza y en muchas cosas

políticas que no son de su incumbencia. Se olvidó en el gobierno civil de| país

y en materia de Prensa, de libros y costumbres, aquella regla clásica —de

nuestros grandes pensadores del Siglo de Croque la estructura del Estado no debe

inspirarse en la ley canónica o en los preceptos de la ley de Dios, sino en

normas de convivencia social y humana. Ni siquiera la que va contra la ley

natural debe ser prohibida siempre por la ley civil, según dijo hace cuatro

siglos el famoso teólogo Luis de Molina, S. J.: «El Estado debe Impedir sólo lo

que trastorna la convivencia de ios españoles y no puede Imponer nada

específicamente católico, ni siquiera toda la ley moral natural De haber

adoptado estas amplias y tole-

rantes normas, clasica de nuestro catolicismo teológico del siglo XVI, hubiera

habido en España libertad religiosa para tes de otras religiones, matrimonio

civil para quienes lo hubiesen querido y libertad de reunión, expresión y

asociación. Pero nuestros catecismos de hace treinta años propugnaron el

reacclonarismo de inspiración política absolutista, como hizo, por ejemplo.

Donoso Cortés en el XIX, adoptando el legitinismo absolutista francés y

trasplantándolo a la estructura de la religión, olvidando a nuestros verdaderos

pensadores católicos del XVI, Soto, Medina, Vitoria y Suárez. Así surgió e|

engendro que se llama nacional-catolicismo y que fue lo menos cristiano y

evangélico que se puede pensar.

La Iglesia sólo debe serla voz crítica que desvele las injusticias del mundo,

pero no debe propugnar ni criticar ningún sistema técnico político. Debe

criticar las Injusticias en todos los regímenes y situaciones, sin partidismo

alguno ni oposición absoulta a ninguno si hay en él algo de justicia, y esta

injusticia concreta es la que debe criticar y nada más. Incluso con el marxismo

debía actuar en Occidente, como ya lo está haciendo en el Este. La decisión

sobre cualquier régimen político, incluido el marxismo, es de incumbencia

personal del hombre ejercitando su razón, y no siguiendo las exigencias de la

Iglesia. Si convence su sistema político o social debe ser por motivos humanos

raciones, y no por otra cosa, y a

esa independencia deben acostumbrarse los cristianos. Sin embargo, es cierto que

el Evangelio —que no se mete en política de partidos— fomenta siempre una

tendencia abierta hacia los demás. Por eso, se encontrará el cristiano en

contradicción con todo sistema que fomente el egoísmo, la avaricia y la

agresividad, como ocurre con el capitalismo en general. Además, cada vez deben

ser más bien los cristianos quienes hablen y no los obispos. Los obispos deben

defender la libertad de actuación para los cristianos, como para cualquier otro

-ciudadano, y denunciar aquellas actuaciones concretas que no salvaguardan

suficientemente la libertad, la igualdad y la fraternidad, que son temas, según

Pablo VI, del cristianismo .y no sólo de la Revolución francesa.

CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO

En España, el movimiento de tCristianos por el Socialismo» se da a conocer en

1973, a través del Documento de Avila. Es una manera nueva do interpretar la fe,

de vivir la fe, un cristianismo distinto, en el que participan, según las

estadísticas, una mayoría de seglares. No se pueden dar números, porque la

organización es mínima y no se reparten carnés. «Cristianos por el Socialismo»

está abierto a aquellos cristianos que se sienten socialistas y su milítancia

abarca a todos los grupos socialistas del Estado español. AI ser una al.

ternativa de Iglesia, donde el aspecto de elaboración teológica es muy

importante, existe el peligro de que se convierta en un movimiento elitista,

pero ellos piensan que en una situación auténticamente democrática, «Cristianos

por el Socialismo* tendrá que cambiar bastante, porque una gran mayo, ría de

cristianos se sentirán reflejados en el.

Recientemente, el Partido del Trabajo ha hecho unas declaraciones sobre la

incompatibilidad entre cristianismo y socialismo, negando que los cristianos

puedan militar en frentes marxistas. Los sacerdotes José María Diez Alegría,

Carlos Jiménez de Porga. Julio Lois Fernández y el teólogo laico Reyes Mate, han

elaborado un documento. tFe cristiana y materialismo marxiste», en el que

desentrañan las diferentes clases de materialismo y en el que denuncian la

supuesta incompatibilidad con el cristianismo. Un buen ejemplo puede ser el de

la ORT y USO, cuyas filas, por lo menos en los primeros tiempos, se engrosaron a

base de militantes de VOC y JOC, respectivamente.

Reyes Mate nos presenta los planteamientos políticos y religiosos de «Cristianos

por el Socialls. mo». Ellos piensan así:

«Cristianos por el Socialismo» es un grupo fundamentalmente cristiano, que no

entra en competencia con ningún grupo politico. Lo forman personas que militan

en diferentes frentes políticos de iz-

quierdas y quieren, a la vez. reinterpretar la fe a través de su experiencia

marxista y romper la imagen de que los cristianos ´deben ser de derechas. Es

cierto que el grupo crea un problema serio al resto de la Iglesia, pero hay que

acabar con el mito de la unidad en la Iglesia, porque esa unidad no existe. La

unidad es una tarea que tiene que partir del reconocimiento de las diferentes

corrientes existentes dentro de la Iglesia. Por otra parte, a nosotros lo que

mas nos preocupa es que la jerarquía insista en la Incompatibilidad entre

cristianismo y marxismo. Pero «Cristianos por el Socialismo» no quiere marcharse

de la Iglesia y las autoridades eclesiásticas españolas tampoco se han

pronunciado en nuestra contra, ya que el asunto no debe estar muy claro para

ellos.

- En España tenemos representantes del clero en las Cortes/ en el Consejo del

Reino y una presencia activa en los medios de comunicación y centros de

enseñanza

De cara a las elecciones que se celebren en España ya está marcada una línea que

Pablo VI dejó bien dora en las últimas elecciones Italianas: no al marxismo. Y

cuando Tarancón niega la misa que debía celebrarse ayer en la plaza de Oriente

en memoria da Franco, también se está oponiendo a la extrema derecha. De cara a

esas próximas elecciones, nosotros, «Cristianos por el Socialismo», estamos

dispuestos a, primero, denunciar esa supuesta incompatibilidad entre

cristianismo y marxismo; segundo, en caso de que, como en Italia, la Iglesia

opte por un partido político determina, do, también denunciaremos la situación,

y tercero, muchos de los cristianos que hayan optado claramente por el

socialismo participarán activamente en las elecciones como militantes de sus

correspondientes partidos. Por su parte, la

Iglesia española debería abstener, se politicamente, porque tiene ya una

hipoteca política, una falta de credibilidad democrática. Lo que debería hacer

es una autocrítica de su funcionalidad política durante estos últimos cuarenta

años y, al mismo tiempo, no boicotear los procesos de democratización de los

cristianos.

Este pluralismo de interpretaciones, de opciones, de formas de vivir la fe,

afecta, lógicamente, a los cristianos, que siempre han visto en la Iglesia algo

monolítico y coherente. Esta es la crisis lógica del crecimiento y, como

consecuencia, la parte del pueblo más consciente, los que forman parte de las

corrientes más críticas, se integran en movimientos de Iglesia popular y en

comunidades de base. El pueblo más sencillo, sobre el que más ha recaído el

dogmatismo anterior, es el que más sufre, pero esto puede ser redentor. El

culpable, por supuesto, quien lo ha anestesiado. «Cristianos por el Socialismo»

siempre ha estado abierto al díagodo con las jerarquías eclesiásticas. Logramos

reunimos con un grupo de obispos para explicarles quiénes éramos, un grupo de

cristianos que se toman su fe en se. río y que militan en organizaciones

marxistes. Después de cuatro horas de diálogo llegaron a la idea de que detrás

de esto había.un país con abombas de hidrógeno».

Ahora acaba de celebrarse un Congreso en Europa de «Cristianos por el

Socialismo», con un solo tema: la Democracia Cristiana; una alternativa política

de centro que recaba apoyo popular mediante el cordón umbilical de la religión.

De lo que se trata es de quitar la legitimación religiosa a un partido

Interclasista, como la DC. Por supuesto que respetamos, desde un punto de vista

político, los plan, teamientos de la DC, pero no su capitalización de la fe al

servicio de sus Intereses políticos. La doctrina del Evangelio encaja más con

los intereses de clase de las organizaciones de izquierda. La liberación

evangélica de los oprimidos pasa por la defensa de los intereses de la clase

trabajadora.

MIRET MAGDALENA:

i«!La Iglesia no debía intervenir en cuestione? de este mundo, que ¡siempre son

propias del seglar»

REYES MATE (Critianos para el Socialismo):

«¡La Iglesia española debería abstenerse, porque tiene ya una hipoteca política,

una falta de credibilidad democrática»

JOSÉ MIGUEL PERO SANZ {director de la revista «Palabra», del Opina IDei)

E1 uso del nombre de la iglesia por parte de un individuo o grupo en apoyo de

sus preferencias políticas sería un atentado contra la legítima libertad de los

fieles»

OPUS DEI

La «Obra de Dios» es una asociación de fieles católicos integra, da por laicos y

sacerdotes sécula, res. Monseñor José María Escriva de Balaguer fundó el Opus

Dei, un producto «made in Spain», según Luis Carandell. el 2 de octubre de 1928.

En 1973 el número de socios del Opus Dei superaba los 56.000. pertenecientes a

80 nacionalidades. Según las normas, todos los socios de la Obra son

personalmente libres en las cuestiones temporales, y en las teológicas,

opinables. Cada uno piensa en estos asuntos profesionales, sociales, etcétera,

en conciencia y de acuerdo con sus preferencias personales, y obra ert

consecuencia. Por todo esto, es imposible que´ un miembro del Opus nos hable,

como representante de la asociación, sobre el tema de la participación de la

Iglesia en la vida política de un país. Según nuestras fuentes, los miembros de

la Obra, como católicos que son, se ajustan por completo a los dictados del

Papa; por lo tanto, si el Papa ha dicho no al marxismo, ellos, como católicos,

no como miembros del Opus Dei, también se ponen en contra del marxismo. Pero eso

no quiere decir que tengan ideas comunes en política. También existe un gran

pluralismo, y asi nos encontramos con los señores López Rodó y Calvo Serer.

Existen miembros del Opus Dei en Alianza Popular y en Izquierda Democrática o en

el Par. tido Socilista Popular. Monseñor Escrivá de Balaguer, el padre, con.

testaba así a las preguntas de Cortés Cavanillas en una entrevista publicada en

«A B C» el 24 de marzo de 1971: tHe escrito hace tiempo que. si alguna vez el

Opus Del hubiera hecho política, aunque fuera durante un segundo, yo —en ese

instante equivocado— me hubiera marchado de la Obra. Por tanto, no debe ser

creída ninguna noticia en la que puedan mezclar la Obra con cuestiones

políticas, económicas ni temporales de ningún género. De una parte, nuestros

medios son siempre limpios, y nuestros fines son siempre y exclusivamente

sobrenaturales.» Don José Miguel Pero-Sanz, periodista, doctor en Filosofía y

director de la revista «Palabra», nos da su opinión personal sobre dos hechos.

Primero, si puede decirse que la Iglesia se inmiscuye en política, cuando

publica documentos que hacen referencia a lo político, lo social y lo económico,

y segundo, cuál es la postura que debe tomar la jerarquía eclesiástica española

de cara a las próximas elecciones:

1. No me parece que pueda llamarse «de tipo político» a ninguna declaración de

la sagrada jerarquía (es decir, del Papo en toda la Iglesia, o de los obispos,

en comunion con el Papa, para sus territorios). Sus intervenciones magisteriales

o de gobierno, aunque versen sobre actuaciones o posturas relevantes a nivel

social, nunca se pronuncian desde unas coordenadas políticas. Si fuera éste su

punto de mira, no serían declaraciones «de la sagrada jerarquía», y, por

consiguiente, carecerían de cualquier valor vinculante para los fieles.

Cuando la jerarquía católica (coherentemente con la doctrina recibida, y en

concordancia con posibles actos magisteriales o jurisdiccionales de rango

superior) emite clgún juicio sobre asuntos de ese estilo, lo hace porque lo

considera necesario desde una perspectiva doctrinal o moral, y entonces se trata

de algo que pertenece a su competencia. Recordar, por ejemplo, que la profesión

de determinados principios constituye un pecado no es un acto político (ni,

desde luego, corresponde a las atribuciones de un Parlamentó). Como es lógico,

el grado de adhesión que de los católicos reclaman esas Intervenciones es muy

variado: no es lo mismo un mandato, por ejemplo, sancionado con una excomunión,

que una simple reflexión pastoral. La gama es muy amplia, y hay que atender al

rango formal del documento que sea, a su conexión con otras enseñanzas

católicas,, a la intención vinculante manifestada por los pastores, etcétera.

Otra cosa muy distinta sería el uso —mejor dicho, el abuso— del nombre de la

Iglesia por parte de un individuo o grupo, en apoyo de sus preferencias

políticas. Esto sería un atentado contra la legítima libertad de los fieles. Eso

sí sería tratar de inmiscuir en pollííca a la Iglesia, cuya finalidad «es de

orden

religioso», como recuerda el Concillo Vaticano II. Y aquel señor o grupo se

.estarían atribuyendo una representatividad católica que no les corresponde. Lo

mismo q~ue si yo ahora pretendiese que estas declaraciones mías comprometieran a

alguien más que a José Miguel Pero.Sanz; yo sólo hablo en mi nombre: ni en el de

los sacerdotes naturales de Bilbao, ni en el de los españoles que estamos

inscritos en el registro de periodistas, ni siquiera en el de la revista que

dirijo.

2. No soy quién para señalar a la jerarquía eclesiástica lo que deba hacer o

dejar de hacer. Por otra parte, en el momento de responder a esta pregunta, ni

siquiera están aprobados los términos del referéndum previo a esos elecciones.

Con esas dos salvedades —y son bien de fondo— lo más que puedo hacer es expresar

mis suposiciones personales. Imagino que, en su momento, los obispos españoles

exhortarán a los fieles de sus diócesis para que ejerciten sus deberes y

derechos ciudadanos (en unas elecciones, el modo de hacerlo oscila desde

presentarse candidato, según las propias preferencias, o participar en una

campaña, hasta votar nulo). El

ejercicio de esos deberes y derechos constituye un imperativo también moral.

Igualmente calculo que si, por ejemplo, los fieles se vieran solicitodos por

alguna Instancia incompatible —por razones doctrinales o morales— con su

condición de católicos, la sagrada jerarquía les facilitaría las oportunas

orientaciones que tienen derecho a recibir de sus pastores.

Y esa orientación sería, por tanto, de naturaleza religiosa: encaminada

exclusivamente a la salvación de las almas o a la salvaguarda de la ley natural

o de los derechos de Dios y de la Iglesia.

En estos momentos no pienso que, al menos de inmediato, se ha. ya de presentar

otro tipo de situación, excepcional, que —siempre, claro está, con aquella

exclusiva orientación señalada— exigiera intervenciones jerárquicas de corte

distinto.

De lo que estoy seguro es de que la jerarquía española respetará siempre el

amplísimo margen de opciones discutibles que la fe y la moral católica dejan a

la libre responsabilidad de cada fiel. Y no permitirá abusivas manipulaciones

que, invocando falazmente la doctrina católica, tratasen de disminuir esa

libertad.

Pilar ALONSO

 

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